María Belén Pistone, la hospedera de un teatro que renació para volver a encontrarnos
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Desde 2025, la dramaturga sanfrancisqueña María Belén Pistone es la primera mujer en dirigir el Teatro Comedia en sus 113 años de historia en Córdoba. Resume su misión en una sala que sea mucho más que un escenario: una casa de encuentro, oportunidades y pensamiento compartido.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
Las luces, los colores, los sonidos retumban en las paredes. Es viernes por la noche y, sobre el escenario, “Ascochinga. La vida todavía” despliega una historia que conmueve. La obra aborda la vejez, la memoria y las transformaciones del cuerpo. Desde la butaca, una observa, se emociona y comprende que el teatro tiene esa capacidad singular de poner palabras, gestos y movimientos allí donde la vida, a veces, deja preguntas sin responder.
Pero mientras transcurre la función, algo de lo conversado horas antes vuelve a cobrar sentido. Porque detrás de esa escena viva hay otra historia, la de un edificio que conoció el fuego, el abandono y una espera demasiado larga antes de recuperar su lugar en el corazón de Córdoba. Y también la de quienes creen que mantener encendidas sus luces es mucho más que abrir una sala: es sostener un espacio de encuentro para una comunidad.
El Teatro Municipal Comedia, ubicado en Rivadavia 254, volvió a funcionar en 2023, después de que un incendio lo dejara cerrado y de que las obras de recuperación permanecieran prácticamente paralizadas durante 16 años. En 2025, María Belén Pistone asumió su dirección y se convirtió en la primera mujer en ocupar ese lugar en los 113 años de historia de la institución.
Dramaturga, directora teatral, docente y licenciada en Teatro, la sanfrancisqueña llegó a la gestión con un conocimiento profundo de la escena local y de sus necesidades. Desde allí, propone pensar el Comedia no solamente como un escenario donde presentar espectáculos, sino como una infraestructura capaz de producir oportunidades laborales, acompañar a los artistas y acercar nuevas experiencias a los espectadores.
En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, Pistone habla de la reconstrucción del teatro, de las decisiones que orientan su programación, de los desafíos económicos del sector y de la responsabilidad de una institución pública. Pero, sobre todo, vuelve una y otra vez a una palabra que resume su manera de entender el oficio: “hospedera”. Hacer que quienes cruzan las puertas sientan que también están en su casa.
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—¿Cómo definirías hoy el momento que atraviesa el Teatro Comedia desde su reapertura?
En 2023 se hace la reconstrucción y su reapertura. Martín Llaryora, como entonces intendente de Córdoba, logra hacerlo. Varias gestiones habían tenido la intención, pero nadie lo había logrado. Ese año vuelve a funcionar y, en 2025, me nombran directora. Tengo el orgullo de ser la primera mujer en ese rol. Al municipalizarse, el Comedia empieza a brindar servicios, colaborar con el sector local y traer escena nacional. Reabre con el objetivo de dar espacio a los artistas cordobeses y ampliar la mirada de los espectadores. Queremos alojar escena local, provincial, nacional e internacional.
—¿Cómo se decide qué espectáculos llegan a la programación?
La programación se arma un año antes y tiene líneas curatoriales. No programamos por género, sino desde poblaciones de artistas diversas y públicos a los que debemos brindar servicio. Buscamos artistas de vanguardia, formación y expresiones barriales, desde la murga hasta las orquestas. Incluimos artistas destacados nacional y localmente para atraer más público y jóvenes.
—¿Qué cambió en el vínculo con el público desde que el teatro volvió a funcionar? ¿Qué tipo de espectador están encontrando?
El público es diverso. Tenemos propuestas para familias y públicos de nicho. Si traigo la Camerata Rosario, vienen familias y músicos de Córdoba. También trabajamos con escuelas mediante espectáculos didácticos. Buscamos atender expectativas, sorprender y conquistar nuevos espectadores.
- En un contexto económico complejo, en el que los artistas locales enfrentan dificultades para producir y sostener sus proyectos, ¿cómo puede un teatro público acompañarlos y generar oportunidades? ¿Cuál es el mayor desafío de llevar adelante esa tarea desde la gestión cultural?
Nuestro proyecto, respaldado por el secretario de Cultura y Deporte de la Municipalidad de Córdoba, Héctor “Pichi” Campana, entiende al teatro como herramienta económica. Conocemos la situación del sector artístico y lo que podemos aportar en un marco de recorte y de crisis. Tratamos de que el teatro actúe como una infraestructura que pueda generar economías en los sectores artísticos. Trabajamos con compañías teatrales y musicales, con porcentajes de borderó competitivos frente a las salas comerciales. Apostamos nuestra infraestructura, subsidiamos producciones y articulamos lo público y lo privado para aminorar riesgos. Las acompañamos en comunicación, prensa y puesta en escena, buscando abaratar costos. Con programación de miércoles a domingo durante muchas semanas y una capacidad para 500 espectadores, somos una vidriera importante para el sector local.
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—¿Qué significa para vos dirigir el Teatro Comedia? ¿Qué aprendiste desde que asumiste este rol?
Canalizo mi creatividad artística cuando me aboco a la gestión. Conozco la escena local y la gestión siempre me llamó: exige ver problemas y potencias y encontrar cómo salir adelante. Es una gran responsabilidad. No concibo que un artista desconozca la gestión. Conozco sus problemas y potencias; cuando alguien del sector trabaja en espacios públicos, las necesidades se interpretan mejor. ¿Es un sacrificio? Sí, pero es un servicio. Si el sector no crece, ninguna de mis individualidades crece. Conocer las necesidades y resolverlas desde lo público es un honor. Me gusta estar en cada proceso, desde el camarín hasta la comunicación que ayude a una compañía a insertarse en la escena y vender entradas.
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—¿Qué te gustaría que alguien que nunca entró al Comedia sienta cuando finalmente cruce sus puertas?
Me identifico mucho con la palabra hospedera. Soy hospedera de públicos y artistas y, por ende, de sus necesidades. Para mí las palabras son casa, reunión, calidez y oportunidad. Esas son las sensaciones con las que quiero que un espectador se vaya. Los teatros combatimos la soledad no deseada. Desde los griegos somos el lugar donde la polis se reúne a pensar: hay artistas poniendo una palabra y espectadores completándola o discutiéndola. Todo pasa en una casa, en tiempos de hiper digitalización. Valoro los avances tecnológicos y la inteligencia artificial, pero me preocupa que los encuentros se encarezcan y la cultura quede para una élite. Para eso está el teatro público. La gestión cultural debe curar las distorsiones del mercado y compensar sus desequilibrios. Si el mercado deja afuera a trabajadores del arte, el Estado debe intervenir. Detrás hay familias: las compañías producen, cobran sus entradas y reciben mejores condiciones con un Estado presente.
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—¿Hay alguna función o espectáculo de esta etapa que recuerdes de manera especial?
Atesoro tres espectáculos: “Brochero”, sobre el Cura Gaucho, por el Ballet Municipal de Córdoba; “Ascochinga. La vida todavía”, del elenco municipal de Danza Teatro, en coproducción con el Instituto Italiano de Cultura; y “Fantasmáticas”, coproducción del Teatro Nacional Cervantes, la municipalidad y el Comedia. Me llenaron el alma porque vi inversión pública, economías andando y un servicio para los espectadores. Resumen lo que hacemos: llevar servicios y dar oportunidades a artistas y públicos.
Afuera, Córdoba sigue su ritmo. Adentro, una obra termina y las emociones buscan su lugar. El Comedia recupera algo que las llamas no pudieron llevarse: la posibilidad de reunir a una comunidad alrededor de una historia.
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La reconstrucción devolvió paredes, escenario y butacas; la tarea cotidiana es darles sentido. Para Pistone, un teatro público se vuelve casa cuando ofrece trabajo a los artistas y razones para regresar a los espectadores. Una casa donde la cultura no sea un privilegio, con una hospedera dispuesta a recibir a todos.
