Entrevista
Malena Santillán: “Saco energía de donde no tengo y nado con el corazón”
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La nadadora sanfrancisqueña cerró los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá con cuatro medallas de oro y dos de plata, subiendo al podio en cada una de las seis pruebas que disputó. En diálogo con LA VOZ DEPORTIVA, habló sobre su mentalidad competitiva, el trabajo fuera del agua y lo que se viene en un año cargado de desafíos.
El teléfono suena apenas horas después de que Malena Santillán salió por última vez de la pileta en Panamá. Todavía no procesó del todo lo que pasó, lo admite ella misma con una frescura que desconcierta. Acaba de protagonizar uno de los mejores arranques de año que se recuerde para una nadadora argentina de su generación: cuatro medallas de oro y dos de plata en seis pruebas disputadas en los Juegos Suramericanos de la Juventud. Y sin embargo, lo primero que hace es buscar el margen de mejora.
Así es Malena. Así fue siempre.
Un comienzo de año que vale oro
El balance de Panamá habla por sí solo. Malena compitió en seis pruebas y subió al podio en las seis: tres individuales y tres postas. Sus oros llegaron en los 200 metros espalda (su prueba reina, donde ganó con 2:11.31, a menos de un segundo de su propio récord nacional y sudamericano), en el relevo 4×100 libre mixto, en el relevo 4×100 libre femenino y en el relevo 4×100 combinado femenino. Las platas, en los 800 metros libres (con 8:48.16, mejorando su marca personal) y en los 400 metros libres. Cuatro oros y dos platas. Podio en todo lo que nadó.
“Creo que fue un balance muy bueno para ser el primer torneo del año. Me fue bastante bien”, arranca, con esa calma que la caracteriza. Pero casi de inmediato aparece la otra cara: “Me quedé con un poco de ganas de que haya sido mejor mis 200 de espalda, pero bueno, me lo tomo tranquila. Fue una buena marca y me deja posicionada primera en Argentina, así que fue un buen comienzo de año”.
En esa frase conviven dos Malenas: la deportista que sabe valorar lo logrado y la competidora que siempre ve el paso siguiente. “Soy bastante autoexigente conmigo misma”, reconoce sin vueltas. “Pero yo creo que eso de cierta forma es bueno, porque siempre estoy buscando mejorar y querer más”.
El peso de representar a Argentina
Uno de los aspectos que más llama la atención de su actuación en Panamá es la capacidad de competir en múltiples pruebas en una misma jornada. Para cualquier deportista, eso implica un desgaste físico y mental enorme. Para Malena, parece ser casi natural.
“Por el simple hecho de representar nuestra bandera, sinceramente no me molesta nadar muchas pruebas en un mismo día”, explica. “Lo hago ya hace un par de años, porque obviamente cada uno quiere ganar más medallas para su país. Creo que saco energía de donde no tengo y nado con el corazón para que nuestro país esté bien siempre”.
Esa entrega no es retórica. Es visible en el agua, en cada vuelta de pileta, en cada llegada. Y es coherente con lo que Malena proyecta fuera de ella también.
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Una generación que llegó para quedarse
Argentina cerró los Juegos Suramericanos de la Juventud con 35 medallas en el medallero general, una cosecha muy superior a ediciones anteriores. El contraste con los últimos Juegos , celebrados en Rosario, es elocuente.
“En los anteriores Juegos el nivel había sido muchísimo más bajo. Creo que se habían logrado una o dos medallas de oro y acá tuvimos como 15 medallas de oro o más”, analiza Malena. “Demostramos que la generación que se está viniendo ahora viene muy fuerte”.
Y ella es parte central de esa generación. Una de sus caras más visibles.
Dentro del grupo, hay una figura con la que comparte historia desde hace años: Agostina Hein, referente juvenil del país y compañera de selección desde que ambas tenían 13 años.
“Soy amiga de Agos desde que somos muy chiquitas, desde que tenemos 13 que compartimos nuestro primer torneo de selección”, cuenta Malena. “Es una nadadora maravillosa. Siempre le digo a ella que cuando me toca nadar relevo con ella yo confío a ciegas en lo que va a hacer, porque realmente es muy buena deportista y buena persona”.
Esa confianza mutua tiene un valor que va más allá del plano técnico. En Panamá, el equipo funcionó como un bloque. “Se hizo un grupo muy lindo. Nos acompañamos mucho entre todos y eso hizo que la experiencia sea re linda”, dice.
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La cabeza como herramienta
Hay algo que Malena tiene muy claro y que en su caso no es solo teoría: el trabajo mental forma parte central de su preparación. “Cuando me tiro al agua, a pesar de competir con otras nadadoras, estoy compitiendo conmigo misma tratando de bajar mi marca”, explica. “Trato de que mi enfoque vaya hacia eso, sobre lo que yo tengo que hacer y no sobre lo que hacen los demás”.
Ese foco no apareció solo. “Es algo que vengo trabajando hace tiempo con mi psicóloga, básicamente concentrarme en qué es lo que yo tengo que hacer y no distraerme de eso para que las cosas salgan bien”.
La pregunta sobre porcentajes la toma con naturalidad. ¿Cuánto pesa la preparación fuera del agua? “Capaz un 50 o un 60%”, responde. “No sirve de nada que yo entrene bien en la pileta pero que afuera no me cuide en las comidas, no trabaje con psicóloga, no vaya al gimnasio. Creo que son todas cosas que se complementan entre sí. El entrenamiento en el agua y el de afuera tienen la misma importancia”.
Santa Fe, el cambio que transformó todo
Hace un año, Malena tomó una decisión que implicó dejar San Francisco y mudarse a Santa Fe para continuar su carrera. Un salto que, dice, le cambió la cabeza de maneras que no esperaba.
“Estoy muy contenta. Es un club muy hermoso y siento mucho la diferencia del hecho de tener un equipo y no tener que nadar sola”, cuenta. “Eso creo que fue lo que más me cambió la cabeza. Se siente muy distinto nadar en equipo y te motiva mucho. Pienso quedarme acá por un rato largo”.
El cambio no fue solo logístico. Fue profundo. Nadar rodeada de competidores de nivel, en un entorno que exige y estimula, la potenció de una manera que hoy se refleja en sus resultados.
Y lo que vino después del traslado habla por sí solo: en 2025 llegaron el oro en los 200 metros espalda en los Juegos Panamericanos Juveniles de Asunción —con récord nacional y sudamericano absoluto—, múltiples podios en el Sudamericano Juvenil, la experiencia del Mundial en Rumania y actuaciones destacadas en Estados Unidos y Brasil. Un año bisagra que desembocó en este arranque de 2026 que la tiene en la cima.
San Francisco siempre presente
A pesar de todo el camino recorrido —los viajes, los torneos internacionales, la mudanza a Santa Fe—, Malena no pierde de vista de dónde viene. Y no lo dice de manera protocolar. Lo siente.
“Quería también darle el espacio a San Francisco. Básicamente soy de ahí, nací ahí y sé que todo el mundo me sigue bancando. Me pareció que era lo más correcto y lo más justo también darle su espacio”, dice, con la misma simpleza con la que habla de todo lo demás.
Es ese vínculo el que la mantiene conectada a sus raíces incluso desde la distancia. Y es también el que la hace hablar con este medio apenas horas después de competir, con los gritos de fondo de sus compañeros todavía audibles en la llamada.
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Lo que viene
El calendario ya está cargado y Malena lo tiene claro. “En dos semanas voy a estar compitiendo en el Argentino de Mayores”, adelanta. “Y a fines de mayo voy a estar participando en el Maria Lenk, que es el nacional de Brasil absoluto, porque me contrató Pinheiros, el mismo club que me contrató el año pasado. Y después obviamente tratar de entrar a los Suramericanos de Mayores y al Pan Pacific Junior o el de Mayores al que me toque ir”.
La agenda es exigente. Pero Malena no la ve como una carga. La ve como lo que es: la continuidad natural de un proceso que empezó hace años y que hoy muestra sus frutos.
“Creo que todavía no llegué a procesar todo lo que pasó”, reconoce con honestidad. Y tiene sentido: fueron apenas horas desde el último podio cuando se sentó a hablar.
Pero si algo queda claro después de esta charla, es que Malena Santillán no necesita procesar demasiado para volver a concentrarse en lo siguiente. Porque en ella, la autoexigencia y la serenidad conviven sin tensión. Gana, celebra, encuentra el margen de mejora y sigue.
