Maia no desapareció, desaparecimos nosotros
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"Habrá que transformar esta realidad, para no seguir siendo esta mierda de sociedad que las excluye y nos incluye, por más que nos pongamos a vociferar de manera vehemente, cuando sólo nos queda despertar, colectivamente", editor de la revista La Garganta Poderosa
Por Ignacio Nacho Levy (*)
Ahí nos esperaba ella.
Y su mamá.
Malamalamala y todas las barbaridades que publicaron con esa impunidad que nos envenena: tampoco la buscaron, cuando tenía la edad de su nena. ¿Y el Estado? No ha llegado, pasó primero "un cartonero", que no halló dificultad para llevársela con absoluta libertad: "llegó lo peor", "un secuestrador", "a lo mejor un violador o un asesino", ¡qué crueldad, el destino! Circuló la foto de un primo inocente porque sí, descubrió un indigente sin DNI, se negó a tomar la denuncia de su tía y nos dejó una niña sin casco ni ciclovía, burlando todos los controles de la Policía... Total normalidad. Y una indiferencia siniestra.
La crueldad es nuestra.
Nos salva la dignidad y la solidaridad que mostró la comunidad, esa fuerza vecinal que logró meter a Maia en la agenda nacional. Y sí, ahora somos miles gritando en los atriles, que salgamos a su encuentro, que la patria justiciera, ¡que se pudran adentro, como se pudrían afuera! Tarde, para valientes. Si el tipo tenía antecedentes y en especial si no tenía casa, ni corporación, los medios tendrán su sarasa y el "chakal" tendrá su prisión. Hasta sonarán serios, sus improperios, la morbovisión de los diarios y la sobreactuación de los funcionarios, porque al menos pagará uno esta vez. Ahora, después habrá que transformar esta realidad, para no seguir siendo esta mierda de sociedad que las excluye y nos incluye, por más que nos pongamos a vociferar de manera vehemente, cuando sólo nos queda despertar, colectivamente. Maia nos estará mirando.
Y debajo del puente,
otra niña nos estará esperando.
