Luego de varios años, el Obispado ordena a un joven sacerdote
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José María Linares, de 33 años, se ordenará como sacerdote el próximo domingo. Su ordenación es la primera desde 2014 en el ámbito de la Diócesis de San Francisco. Mientras desde la Iglesia católica reconocen "una crisis en las vocaciones", rescatamos la historia de vocación de este joven de Porteña.
El joven porteñense José María Linares, de 33 años se ordenará como sacerdote de la Diócesis de San Francisco el próximo domingo 17 de septiembre. El acto tendrá lugar en la Iglesia Catedral aunque el futuro sacerdote desarrollará su función pastoral en la parroquia de la localidad de La Para.
José, más conocido como "Pepe", es nativo de Bell Ville pero vivió gran parte de su infancia y adolescencia en Porteña, hasta que sus 22 años decidió ingresar al seminario para ser cura, capacitación que realizó en Río Cuarto.
"De chico no quería saber nada con la cosas de Dios, de hecho, cuando mis amigos empezaron la catequesis de Confirmación yo no fui porque no me interesaba, hasta que un día, a mis 19 años, fui a la iglesia del pueblo a confesarme y conocí a un cura que me confrontó diciendo que Dios había hecho mucho por mí y me invitó a reflexionar qué iba a hacer yo por Él", expresó el futuro sacerdote, en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.

El joven de Porteña será el primer cura en ordenarse en los últimos tres años en el ámbito de la Diócesis de San Francisco
El origen de una vocación
Su historia familiar tuvo mucho que ver en su decisión. "Soy el menor de cinco hermanos, me tocó vivir la separación de mis padres por lo que desde chico nos fuimos a vivir a la zona rural de Porteña donde junto a mi mamá y dos de mis hermanos hacíamos el tambo", relató el joven seminarista.
"Después, por problemas de salud nos mudamos al pueblo y allí empecé la secundaria pero abandoné porque necesitaba trabajar para poder subsistir. Así pasé por diferentes lugares como fábrica de zapatos, cadete, cobrador, en una panificadora, hasta que a mis 16 años decidí irme a vivir solo, ya que no toleraba ciertas discusiones familiares", continuó.
"Por todas las situaciones que me estaban pasando decidí un día ir a la iglesia del pueblo donde me confesé con el cura y él me pidió que hiciera una lista de la cosas buenas y malas que me habían pasado y que volviera con ese papel. Y así fue, volví y le conté todo, a lo que él me respondió: `Dios hizo mucho por vos, qué vas a hacer vos por Él?. Creo que ese fue el puntapié inicial de replantearme qué quería Dios para mi vida", sostuvo.
"A partir de allí, me tomé un tiempo para terminar la escuela secundaria y hacer la catequesis de la Confirmación, siendo que a los 22 años decido entrar al seminario, salí a misionar y empecé el proceso paso a paso", manifestó Linares.
El joven seminarista reconoció que "no fue fácil el proceso, de hecho muchas veces me replanteé la situación, hasta pensé en abandonar. El primer año me quise volver pero las palabras de un sacerdote del seminario fueron clave: `Dios no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige`".
"En 2010 comencé a atravesar muchos problemas de salud y tuve que retirarme. Al año siguiente, reingresé al seminario pero agarré un estrés post operatorio que me dejó con una depresión aguda, lo que demandó de un tratamiento con un psiquiatra. El camino del seminario no fue fácil, con muchas pruebas, sufrimiento, pero siempre muy bien acompañado tanto de la Diócesis como del seminario", indicó José.
Consultado sobre los desafíos de la elección sacerdotal en los tiempos modernos, dijo que "caminar al lado de ellos, escucharlos y acompañarlos como un amigo es la forma de acercarse. Lo que uno pudo vivir como negativo en su vida, puede servir para ayudar a comprender la historia de estos jóvenes y a la hora de dar un consejo, tener mayor misericordia y entenderlos mejor porque uno lo pasó".
Finalmente, reflexionó: "Lo más importante es detenerse, buscar períodos de silencio donde uno se pueda encontrarse con uno mismo, vivir el hoy y escuchar a Dios a través de los hermanos, de su Palabra y no tener miedo".
"Poder estar cerca de Dios y compartir ese gozo con los demás es impagable", concluyó.
En la última década se ordenaron
10 sacerdotes, 3 abandonaron
En 2016, el alejamiento de dos sacerdotes que dejaron el ministerio en la iglesia católica por distintas causas en San Francisco y la diócesis, reavivó un viejo debate.
En la diócesis San Francisco, entre 2006 y 2016, se ordenaron diez jóvenes sacerdotes, de los cuales en los últimos años, tres decidieron dejar el ministerio.

El futuro sacerdote de la Diócesis, José
Linares, junto al obispo Buenanueva
Buenanueva: "Hay una crisis profunda
en las decisiones para toda la vida"
El obispo de la diócesis de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, expresó que "es una alegría muy grande siempre para una diócesis la ordenación de un sacerdote. Toda la iglesia se siente impulsada a seguir adelante con la misión del Evangelio". Y confirmó que desde hace tres años no se ordenaba un sacerdote.
"El último sacerdote que ordené fue en septiembre de 2014 y va a pasar mucho tiempo más para volver a hacerlo, ya que tenemos sólo dos seminaristas", precisó.
Buenanueva reconoció que "hay una crisis en las vocaciones, de hecho en la Argentina ha habido una disminución importante del número de candidatos, por ejemplo hoy no llegan a 900 los seminaristas en el país".
Atribuyó esta situación a "una crisis general de la cultura, de la juventud, que obliga a la iglesia a un discernimiento más serio y cuidado a la hora de darle el visto bueno a un joven para que ingrese a un seminario y se ordene sacerdote ya que es un compromiso para toda la vida".
En tanto, "creo quehay una crisis muy profunda de las decisiones para toda la vida", manifestó el obispo.
"No se trata sólo de aquellos que no deciden hacerse curas si no de crisis en decisiones en todo ámbito de la vida. En una cultura del bienestar, donde la libertad se entiende como desinhibición, los jóvenes van posponiendo los compromisos", reflexionó Buenanueva.
"En esto tiene que ver la crisis de los vínculos, los nuevos códigos que manejan los jóvenes (las redes sociales), lo que nos obliga a aprender un nuevo idioma a personas de otras generaciones", agregó.
"A los jóvenes de nuestra diócesisni se les pasa por la cabeza querer ser curas, y no es por malos, sino que están envueltos en una cultura que vocacionalmente va en otra dirección".
