Luciano Theiler: donde el fútbol reza
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Dieciocho años después de su experiencia como jugador, el entrenador radicado en San Francisco regresó a Maldivas para dirigir al Odi Sports Club. Los desafíos de trabajar en otra cultura, la distancia de su familia y el sueño pendiente de dirigir a Sportivo Belgrano.
Hay lugares a los que el fútbol lleva una sola vez. Otros, en cambio, vuelven a aparecer en el camino. Luciano Theiler regresó a las Islas Maldivas 18 años después de haber jugado allí, pero esta vez para asumir como entrenador del Odi Sports Club, equipo de la máxima categoría de aquel país.
En 2008 había vestido la camiseta del Victory Sports Club. Desde entonces, su carrera lo llevó por distintos países de Asia y Sudamérica, primero como futbolista y después como entrenador. Ahora, el regreso representa una oportunidad de crecimiento profesional.
“Lo que más me motivó fue el desafío deportivo. Tener que conducir un club en inglés era ponerme en situaciones incómodas que me iban a exigir y seguramente hacerme crecer”, contó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
El reencuentro también le permitió recuperar recuerdos de aquella primera experiencia. “Encontré muchas cosas que me hicieron recordar aquella época, especialmente la calidez de la gente, mis compañeros y entrenadores de mi equipo. Son cosas que, a pesar del paso del tiempo, siguen estando presentes”.
Aunque Maldivas suele asociarse con playas paradisíacas y vacaciones, la realidad cotidiana es diferente. Theiler reside en Malé, la capital, donde su rutina está marcada por los entrenamientos y las exigencias de la profesión.
“Cuando uno piensa en Maldivas, lo primero que se imagina son las playas paradisíacas y las vacaciones. Pero vivir y trabajar acá es una realidad bastante diferente a la que ve un turista”, explicó.
El fútbol local también tiene sus particularidades. Los partidos son televisados, el ingreso a los estadios es gratuito y las tribunas cuentan con techos para proteger a los espectadores de las lluvias y ventiladores para soportar el calor.
“Hay mucho por hacer y mejorar. Con el cargo que ocupo como entrenador también es una responsabilidad, porque sabemos que detrás de cada equipo hay mucha gente que tiene ilusiones y espera buenos resultados”, sostuvo.
En el Odi Sports Club se encontró con un plantel que cuenta con cinco futbolistas de la selección de Maldivas y cuatro extranjeros. Sin embargo, su tarea va más allá de la conducción del primer equipo.
“No me contrataron solamente para dirigir al primer equipo, sino para hacer crecer al club, mejorar la dinámica entre las diferentes estructuras que hay en la institución y transmitir profesionalismo a los jugadores”, explicó.
El proyecto contempla objetivos deportivos inmediatos y una transformación en la metodología de trabajo. “El club tiene el sueño de jugar un torneo internacional dentro de los próximos dos años”, reveló.
Para avanzar en esa dirección, incorporó trabajos de gimnasio, análisis de videos y una mayor exigencia en las prácticas.
“Lo primero que busqué fue cambiar la mentalidad y algunos hábitos de trabajo. Para mí es fundamental que el equipo tenga disciplina y compromiso. Buscamos mejorar la intensidad y densidad de los entrenamientos, el orden táctico y la concentración”, detalló.
La comunicación también representa un desafío. Las charlas técnicas y las indicaciones se desarrollan en inglés, por lo que utiliza herramientas audiovisuales para transmitir sus conceptos.
“Si bien en el fútbol hay un lenguaje universal, me apoyo mucho en las animaciones y los videos para hacerme entender”, contó.
Después de trabajar en diferentes países, Theiler mantiene una valoración especial por el fútbol argentino. “Sigo valorando muchísimo la pasión, la competitividad y esa mentalidad de querer ganar siempre. En Argentina el fútbol se vive de una manera muy especial, desde chicos aprendemos a competir, a superar dificultades y a no bajar los brazos”.
Sin embargo, reconoce que también existen aspectos para aprender de otras culturas, especialmente relacionados con la planificación, la organización y el respeto por los proyectos a largo plazo.
La experiencia internacional tiene, además, un costo personal. La distancia de su esposa, sus hijos y sus afectos es uno de los aspectos más difíciles de su profesión. “Lo que más cuesta, sin dudas, es la distancia. Estar lejos de la familia, de mi señora, de mis hijos, amigos… Uno elige esta profesión porque la ama, pero sabe que detrás de cada desafío hay esfuerzos que no son solamente personales, sino también familiares”, expresó.
A pesar de los kilómetros, mantiene un vínculo permanente con San Francisco y especialmente con Sportivo Belgrano, institución en la que trabajó durante cinco períodos diferentes entre 2013 y 2026. “A Sportivo lo sigo siempre, a pesar de la distancia y de la diferencia horaria. Trato de estar al tanto de todo lo que pasa en el club”, aseguró.
“Sportivo es un club al que le tengo un cariño y agradecimiento muy especial. El club siempre me abre las puertas cuando estoy en la ciudad. Eso me fue generando un sentido de pertenencia que uno va adquiriendo en el día a día, estando dentro del predio”, agregó.
Y aunque hoy su presente está a miles de kilómetros, hay una ilusión que comparte con su familia: convertirse algún día en entrenador principal de la institución de barrio Alberione.
“Volver algún día como entrenador principal sería algo muy lindo y un desafío muy importante, tanto en lo profesional como en lo emocional. Toda mi familia tiene la ilusión de que algún día se concrete”, confesó.
“Si se da ese momento, ojalá me encuentre con mucha experiencia, preparado para la responsabilidad que demanda el cargo. Dirigir en la ciudad donde uno vive es especial, es el lugar donde uno más anhela que le vaya bien”, afirmó.
Mientras tanto, su presente continúa en Maldivas, donde incluso las costumbres religiosas forman parte de la experiencia deportiva. En uno de sus últimos partidos, cuando transcurría el tiempo adicional y el marcador estaba igualado, el encuentro debió interrumpirse por el llamado a la oración.
“De repente empezaron a sonar los rezos por las mezquitas y se paró el partido durante tres minutos. Cuando terminaron los rezos, se reanudó”, recordó.
Una escena que refleja las particularidades de un fútbol diferente, al que regresó casi dos décadas después. Hoy, con otras responsabilidades y nuevos objetivos, Theiler continúa sumando experiencia internacional sin perder de vista aquel sueño que todavía espera cumplir en San Francisco.
