Lucía y Leandro, un matrimonio que eligió servir en la visita del Papa: “En todo, amar y servir”
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Lucía Pereyra Aponte y Leandro Giailevra, trabajadores de la educación y acompañantes de la Pastoral Juvenil de San Francisco, serán voluntarios en Córdoba durante la visita de León XIV. Quieren poner sus dones al servicio de los peregrinos y que el encuentro sea una experiencia de esperanza, unidad y cercanía con Cristo.
Lucía Pereyra Aponte es trabajadora social y Leandro Giailevra, su esposo, profesor de Educación Física. Ambos se desempeñan en ámbitos educativos católicos en San Francisco y como parte de su misión diocesana, asesores de la Pastoral Juvenil. Ahora serán voluntarios durante la visita del papa León XIV a Córdoba.
“Creo que es una cuestión de fe, estar al servicio”, expresaron. Los guía una frase de San Ignacio de Loyola: “En todo, amar y servir”.
La posibilidad comenzó a tomar forma a mediados de año. Por su participación en la Pastoral Juvenil Diocesana, asistieron a una reunión de la Pastoral Regional. Allí, el obispo auxiliar de Córdoba, monseñor Alejandro Mussolino, les comunicó la posibilidad de que el Santo Padre visitara la Argentina y la necesidad de voluntarios en los tres lugares por los que pasaría.
“Desde ese momento, en una mirada, sentimos el deseo de anotarnos como voluntarios en la sede Córdoba”, recordaron. Cuando se abrió la convocatoria, Leandro envió primero su solicitud y quedó en el puesto 13. “Al ratito completamos la mía con el número 37”, contaron durante una charla con LA VOZ DE SAN JUSTO.
“La espera fue larga, muchas ansias, mucha incertidumbre, pero también confiados en que el Señor nos iba a regalar esta gracia”, relataron. Finalmente recibieron el correo que confirmaba su participación. La dimensión del acontecimiento se hizo real el 10 de octubre, durante la formación para voluntarios en Córdoba.
“Cuando realmente nos cae la ficha y tomamos dimensión de lo que estábamos haciendo, fue cuando participamos del encuentro para voluntarios. A partir de ahí, la emoción fue desbordante”, relataron.
En Córdoba serán 8.000 los voluntarios que colaborarán con la organización; en todo el país, la cifra supera los 25.000. Lucía y Leandro quieren aportar desde un lugar que no se mide por la cercanía física con León XIV, sino por la posibilidad de acompañar a cada peregrino.
Todavía no tienen asignadas las tareas ni los turnos específicos. Saben que serán jornadas de seis horas y aguardan las indicaciones. “Como no tenemos designada tarea, por ahora la preparación y capacitaciones responden a cuestiones espirituales, de preparación del corazón”, explicaron. Y adelantaron qué esperan aportar: “Esperamos servir, ser útiles, poner nuestros dones al servicio y que el Señor pueda valerse de nosotros para lo que sea necesario”.
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Para el matrimonio, compartir esta experiencia es profundizar el camino que construyen juntos. “Tenernos, sostenernos, compartir la fe, es más de lo que podemos haber pedido al Señor, es una gracia enorme, que nos fortalece”, afirmaron.
“Queremos que sea el primer lugar, algunas veces nos sale más que otras, porque las rutinas y el mundo nos llevan puestos, pero siempre tratamos que el Señor nos una en la oración y comunión”, expresaron.
Su experiencia previa está vinculada con el trabajo pastoral y, especialmente, con los jóvenes. Desde la Pastoral Juvenil de San Francisco organizan la peregrinación desde El Tío hasta la Villa Concepción. Esa convocatoria los llena de alegría y reúne cada vez a más jóvenes, aunque reconocen que la escala de la visita papal será muy distinta. “Aunque para nosotros con inmensa alegría reunimos cada vez más jóvenes, ni arranca al lado de la cantidad de peregrinos que el Papa convoca”, señalaron.
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La llegada de León XIV representa una oportunidad extraordinaria para vivir la fe como Iglesia. Cuando san Juan Pablo II visitó la Argentina, ellos todavía no habían nacido y tampoco saben si habrá otra ocasión semejante. “Es un acontecimiento de mucha gracia”, resumieron. “Si hacemos memoria, en la venida de San Juan Pablo II nosotros no habíamos nacido, y tampoco sabremos si habrá una próxima oportunidad, por lo que es sumamente importante lo que vamos a vivir como Iglesia”.
En la formación para voluntarios, una idea los ayudó a comprender el alcance de la tarea: el servicio no se limita a la experiencia personal ni a la posibilidad de estar cerca del Papa. Lo importante es que quienes peregrinen encuentren una bienvenida, una ayuda o una palabra que los acompañe.
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“Hay una frase muy linda que resonó en el encuentro de formación y es entender que nuestro servicio va mucho más allá de lo que pueda significar para nosotros”, compartieron. El objetivo es que “el peregrino que llegue viva una verdadera experiencia de cercanía a Cristo”. Y agregaron: “Se nos aclaró siempre que quizás nuestra labor esté muy lejos del Papa, pero lo que importa es qué signifique este encuentro para ese peregrino que llega a agradecer, pedir, sentirse amado”.
Por su trabajo educativo y pastoral, también los moviliza el modo en que el Pontífice habla a los jóvenes. “Nos moviliza y marca la cercanía y sencillez con la que el Santo Padre habla a los jóvenes”, expresaron. También resuena la invitación de Francisco a “ser protagonistas del cambio, abrazando la fe, teniendo a Cristo siempre como horizonte”.
Para Lucía y Leandro, el mensaje principal que puede dejar la visita es la unidad: reconocer las diferencias y convivir con ellas, sin perder de vista la dignidad de cada persona ni la responsabilidad de cuidar a quienes más lo necesitan.
“El mensaje más grande es el de unidad. Reconocer nuestras diferencias y saber convivir con ellas por el bien social”, sostuvieron. También destacaron la importancia de “reconocer nuestra dignidad, defender nuestro valor, ayudar a quien más lo necesita y saber que en ellos se refleja el rostro de Cristo, que nos pide ayuda”. Esperan que la llegada del Papa sea una bendición para todos, más allá de las creencias o la historia personal de cada peregrino.
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La participación tendrá además un gesto que representa a la comunidad local. Desde la Pastoral Juvenil de San Francisco hicieron confeccionar una remera con el nombre del Papa, similar a las que utilizan en sus actividades diocesanas. La prenda será entregada por el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, durante el encuentro de los obispos con el Santo Padre.
Cuando se les pide resumir por qué aceptaron ser voluntarios, vuelven a las palabras que los acompañan desde el comienzo: “Creo que como dijimos antes, en todo amar y servir”. Y suman otra expresión que resuena en sus vidas: “Vale quien sirve, servir es un honor”.
También tienen un mensaje para quienes quieren involucrarse más en la Iglesia, pero todavía no se animan. “Que hay lugar para todos, que todo don es bienvenido, el Señor quiere que pongamos nuestros talentos al servicio, al que más da, más recibirá”, expresaron. No hace falta ocupar un lugar visible para contribuir.
A quienes sienten que su ayuda es demasiado pequeña para cambiar algo, les responden: “Que nada sería lo mismo sin ese aporte, que la alegría de creer en Jesucristo se contagia”. Una palabra o una mano tendida pueden acompañar a quien llega con expectativas, agradecimientos o pedidos.
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Lucía y Leandro no saben qué tarea les tocará durante sus turnos de seis horas. Tampoco creen que el valor de su participación dependa de estar cerca del Papa. Su deseo es estar disponibles, acompañar y servir para que cada peregrino se sienta recibido.
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“En todo, amar y servir” no es solamente una frase para explicar por qué se anotaron. Es la manera en que esperan atravesar esta experiencia: juntos, con la fe como horizonte y ayudar a otros. Porque, como ellos mismos recuerdan, servir es un honor y ningún aporte es menor.
