Los voluntarios que cuidan Las Varillas: 70 años de guardias, sirenas y vocación
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Los Bomberos Voluntarios de Las Varillas cumplió 70 años el pasado miércoles 28 y lo festejará el próximo sábado. Nació después del incendio de una fábrica de golosinas, armó su primera autobomba en un taller de cocinas y hoy reúne a unas 120 personas, con un gasto mensual de entre 10 y 12 millones de pesos.
El Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Las Varillas cumplió 70 años el miércoles 28, fecha de la asamblea de 1956 que le dio forma a la institución, y la celebración central será el sábado 7 de noviembre. Es el séptimo cuartel que se fundó en la provincia de Córdoba, con San Francisco como primero y Villa María como segundo, y hoy integra los 164 que funcionan en el territorio. "Nosotros somos el séptimo cuartel que se fundó en la provincia de Córdoba. Hoy hay actualmente 164 cuarteles", dice Omar Piana, jefe del cuerpo desde hace dos años.
El origen está en un incendio. El domingo 13 de enero de 1952, hacia las 13, se prendió fuego la fábrica de golosinas de Octavio Sebaste, en un siniestro que empezó en la sección de armado de cajas, avanzó sobre los depósitos de aceites y esencias y se prolongó hasta el atardecer; la causa fue un cortocircuito. Como en Las Varillas no había bomberos, debieron llamar a los de San Francisco y Villa María. "Era una cuestión que tenías que acudir a otros cuarteles", recuerda Piana, que atribuye la dificultad a la distancia y a los vehículos de entonces.
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Con un pueblo que crecía y tenía mucho movimiento, el Centro Comercial, Industrial y de la Propiedad tomó la idea y formó una comisión provisoria que presidió Enrique Vidal, con José Nieto como secretario. La asamblea general se hizo el 28 de octubre de 1956, con la presencia de Luis J. Carra, presidente de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de San Francisco, que ofreció la colaboración de su institución, y de ella salió la primera comisión directiva, presidida por el doctor Nelo L. Sartori. La personería jurídica llegó en 1957, por decreto 6642 A de la Intervención Federal, y al cerrar ese primer año ya había 90 socios; en 1976 pasaban de 1.500.
El primer cuartel fue un garaje que la comisaría local prestó frente a la Plaza Independencia, sobre la ruta 158. En 1964 Antonio Palmero e Hijos donó una porción de terreno que la asociación completó con lotes contiguos hasta reunir unos 2.000 metros cuadrados, y en 1969 la sede propia estaba terminada en el lugar donde funciona hoy.
Incendios y rescates que dejaron marca
Piana cuenta que la jurisdicción del cuerpo llegó a ir desde Fortín hasta Calchín, hasta Playosa y pasando Laspiur, antes de que se formaran los cuarteles de Villa del Rosario y Luque. El primer incendio que recuerda la institución fue de pastizales. Entre los trabajos más difíciles menciona el incendio del colegio secundario de Sacanta, el de un camión con bidones de ácido que "habíamos dado por solucionado, hizo alrededor de 30 kilómetros el camión, se volvió a prender fuego" y el de un galpón lleno de megafardos, que demandó cuatro días de trabajo con refuerzos de la región.
También hay hechos dolorosos, como un accidente ocurrido un 24 de diciembre con una familia de Las Varillas ("esas cosas quedan marcadas en uno", dice) y la muerte del segundo jefe Santino Luis Cuggino, el 9 de enero de 1970, al salir hacia un llamado. El perro de búsqueda del cuartel, que ellos llaman K9, trabajó en el caso Loan y en otros de repercusión nacional, y encontró a una víctima en el dique Los Molinos.
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Un cuerpo de 120 personas que no deja de capacitarse
Hoy la institución reúne a alrededor de 120 personas: 63 bomberos, 25 aspirantes, 20 integrantes de la comisión directiva y 12 bomberos retirados. No hay guardias permanentes en el cuartel sino guardias pasivas, de 12 personas por semana repartidas en cuatro grupos, y una familia cuartelera vive en el edificio y recibe las llamadas. "Es la que nos está esperando con la planilla para darnos y decirnos dónde es el siniestro", señala el jefe. El cuerpo tiene 12 unidades, entre ellas un hidroelevador de 27 metros que compró hace dos años después de consultar a San Francisco, su padrino, con el jefe Ariel Ronconi.
Lo que más cambió, para Piana, es la formación. "Antes el bombero iba a apagar fuego nada más, que era lo que todos le decían. Hoy el bombero se tiene que preparar para todo", sostiene, y enumera incendios, accidentes, materiales peligrosos y primeros auxilios. El primer nivel dura dos años y se rinde: "Antes te inscribías y eras bombero". La escuela de cadetes local, una de las primeras de la provincia, la fundó Arnolfo Buffa, que la tuvo a cargo más de 30 años.
A la formación técnica se sumó el cuidado de quienes intervienen. El cuartel cuenta con una psicóloga, Virginia Dalmasso, hija de un ex jefe, y después de los hechos de alto impacto se hacen charlas de descarga. "Antes llevábamos todo a la casa o al trabajo, hoy lo tratamos de dejar después de las charlas en el cuartel, que es lo ideal", explica Piana. Hace dos años fue el primero de la provincia en organizar un congreso de suicidología y tiene tres integrantes que capacitan a nivel nacional.
Cómo se sostiene el cuartel
Mantener las puertas abiertas cuesta entre 10 y 12 millones de pesos por mes, entre seguros, algunos sueldos y combustible, sin contar compras de herramientas o ropa. "Somos 120 personas y todo eso tiene un seguro, todo eso tiene un gasto", resume Piana. Los ingresos vienen de la cuota societaria, que se cobra en la factura de la Cooperativa de Energía Eléctrica y que "equivale a un litro de combustible", de los eventos propios, como el Festival Provincial del Bombero Voluntario que se hace el primer fin de semana de marzo, y de los subsidios.
Por ley, el subsidio nacional sale de un 0,5por mil de los seguros que se contratan, y Piana sostiene que "ese dinero se recaudó y no se envió" a las alrededor de 1.100 instituciones del país. Según el jefe, falta una parte de la cuota 2025 y toda la de 2026, unos 96 millones por institución, y también esperan un subsidio provincial de alrededor de 30 millones por cuartel, aunque este todavía está dentro de los plazos normales.
Voluntarios por convicción
Piana tiene 53 años y 47 en la institución. Vivía frente al cuartel, entró cuanto tenía poco más de 5 años y recuerda a Oscar Palacio, bombero ya fallecido y amigo de la familia, que le decía que iba a crecer y lo iban a poder llevar; el hijo de Palacio hoy es uno de los oficiales de mayor rango. Hay un lema que Piana repite desde hace tiempo: "Nosotros siempre tratamos de formar buenas personas, si son bomberos, mejor".
Una autobomba armada a mano en un taller de cocinas
La primera autobomba de Las Varillas no se compró, se construyó. Es un Ford modelo 1937, que en el cuartel llaman "el 37", y tenía una capacidad de 3.500 litros de agua. El diseño lo hizo el profesor José Nieto, secretario de la primera comisión directiva y presidente de la asociación entre 1959 y 1963 y entre 1977 y 1979, y el carro lo armaron los propios bomberos en un taller de las cocinas Romero, cuyo dueño estaba vinculado a la comisión.
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"Cuentan que dinero no había, o sea, era todo lo que se podía juntar, lo que se podía hacer", cuenta Omar Piana, para quien el origen del 37 tiene que ver con lo voluntario: se hizo con tiempo libre, con un taller prestado y con lo que se podía juntar. Salía a los incendios con botas de goma y ropa de trabajo, sin cabina y sin dirección hidráulica, y eso explica la anécdota que el cuartel recuerda como el accidente del 37: en un camino de campo se tumbó con siete bomberos arriba, y la cosa no pasó a mayores.
El 37 sigue en marcha y hoy está en el taller, donde le hacen un reacondicionamiento para que llegue a la celebración del próximo sábado. "Es la reliquia más grande que tenemos", resume el jefe.
