Los perros que no tienen un solo dueño, tienen muchos
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Matute, La Negra, La Colo y Chocolino son perros callejeros, famosos, queridos y cuidados por todos.
En cada cuadra de la ciudad, un perro callejero descansa. Otros son nuevos, recién llegados y poco a poco se van "ganando" a los vecinos. Van de aquí para allá y aunque no gozan de todas las comodidades de una mascota dentro de una casa, están en muy buenas condiciones, pues son muchos los que los cuidan.
Aquí, algunos de los perros de la calle que se ganaron el cariño de todos en San Francisco: Matute, La Negra, La Colo y Chocolino.
El compañero Matute
No hubo desfile, marcha, acto o encuentro en la Plaza Cívica en que él no haya estado. Ya con 15 años, su cuerpito dolido por un choque y artrosis hicieron más lenta la marcha de Matute, que hoy descansa en la casa de su cuidadora María Cristina Bergero.
"Lo cargo todos los días en el auto para llevarlo a saludar al cafetín de la plaza Cívica, a los kioscos, a los negocios y al Hotel Libertador porque aunque casi no puede caminar, llora en la puerta pidiendo salir", contó la mujer.
"La gente lo quiere mucho y todos me preguntan por él. Es un personaje de la ciudad", agregó.

María Cristina Bergero junto a Matute
Dueño del
centro, Matute hizo las mil y unas. "Con la gente siempre fue un dulce de leche
pero con otros perros siempre marcó territorio y su cuerpo muestra las batallas
por sobrevivir. Pero también hay anécdotas como cuando quedó encerrado en el
Banco Nación y hasta pasó un fin de semana entero encerrado dentro de un
negocio", recordó Cristina, que lo "adoptó", porque "no quería que pase frío,
que esté bien y que tenga el calor de un hogar".
La Negra: dueña y ama del Rincón Español
De mirada intensa y la viveza a flor de piel, La Negra pareciera captar que LA VOZ DE SAN JUSTO está tras sus pasos para contar su historia. Con su cuidadora Luciana Isoardi, la tarea resulta casi imposible. "Es lo más callejera y viva que conocí en toda mi vida... Y andá a traer un perro a caminar al Rincón Español.... Es la dueña y ama de acá, no deja que ningún perro ocupe su lugar", dijo Luciana.
"Todo el mundo conoce a La Negra en el Centro Cívico. Ella va y viene. Desayuna y merienda en el cafetín de la Plaza Cívica pero el almuerzo y la cena se los brindan los vecinos de los edificios del sector. Si llueve, se va a la estación de servicio YPF o descansa plácidamente en la entrada del Hotel Libertador".

Tras varios intentos, La Negra se dejó retratar por LA VOZ
La historia de La Negra de la Plaza Cívica comenzó 8 años atrás. "Un día, apareció caminando muy flaca y con sarna. La rescaté, la atendió un veterinario y ya se quedó en el área", añadió la rescatista.
Hoy, con canas y andar elegante, La Negra se convirtió en un personaje del centro. "Si querés ponerle una pipeta antiparasitaria o darle una medicación tenés que estar mil horas porque ella es una callejera de ley", afirmó Luciana.
La Colo, de alma callejera
La Colo está recostada en el sillón de la casa de Gabriela Felissia. Descansa junto a Sansó, su gato, porque afuera llovizna y no es momento de salir a callejear como hace cada día desde las 7 de la mañana hasta las 22, cuando la va a buscar su cuidadora.
Con su pañuelito rosado, símbolo contra el maltrato animal, ella se pasea por barrio Roca y visita a todos los cercanos pero especialmente donde está la juventud. "Ella va a la Escuela Iturraspe y juega en los recreos con los chicos, va a los gimnasios del barrio y se queda con los alumnos de ahí, pero temprano a la mañana es obligatorio el bizcochito en el bar de Javier, en España esquina Iturraspe, o en Panadería Sachetto, cerca de casa", contó Gabriela.

Gabriela
Felissia con La Colo y Sansó
"La conocí hace cuatro años en la plaza Vélez Sarsfield jugando con niños. Tenía el pelo todo enmarañado pero detrás de la suciedad y el abandono, vi unos ojos color miel que me enamoraron. La levanté y me la llevé", recordó Felissia.
"Quisimos darla en adopción pero no tuvo candidatos y aunque queríamos tenerla encerrada, era imposible. Un fin de semana desapareció y resultó que una familia la adoptó pero con su espíritu callejero, volvió a la libertad y las noches las empezó a pasar de nuevo con nosotros".
Se ganó el cariño de todos. "Es un ser especial, agradecido por cada mimo que recibe pero su alma es callejera".

Chocolino es parte de la familia de Hilda y Laura Roasenda
Chocolino, un caminante
Chocolino descansa en su colchoncito en el local Roasenda Fotografía para pasar la noche y a las 8 de la mañana, volver a su vida habitual que es recorrer el centro de la ciudad. Hilda y Laura Roasenda lo miman, lo cuidan y atienden como un rey. "Él tiene su veterinario, su medicación especial, su vacunación completa pero le gusta la calle. No aguanta encerrado, es callejero", contó Hilda.
La ruta de Chocolino es conocida por los vecinos de barrio Catedral. El Bar de Gammo, la estación de servicio YPF -de Libertador (S) y Dante Alighieri-, el bar de Copy y el Registro Civil. "Allí todos lo cuidan. El ve una puerta abierta y entra. Ahí se acuesta y espera que lo busquemos".
Una vez, Chocolino desapareció por dos meses hasta que lo encontraron, estaba en Freyre, lo había adoptado una familia que lo vio caminando en nuestra ciudad y se lo llevó. "Nunca había desaparecido por mucho tiempo y el dolor era enorme hasta que una amiga lo vio en un viaje a Freyre y lo trajo de regreso", relató Laura.
"Con Pipo, Lobito y Chocolino, que fueron rescatados de la calle, armamos una gran familia, pero les gusta la calle y se lo respetamos", concluyó.
