Lógica irrebatible: verdad, justicia y misericordia
Grave es que se cometa un abuso sexual. Si el autor es un sacerdote se acentúa más la seriedad del caso. Ante la Justicia debe comparecer y, si es encontrado culpable, purgar su condena en la cárcel.
Causó repercusión nacional una columna de opinión publicada en la agencia de noticias católica Aica, escrita por el obispo diocesano, monseñor Sergio Buenanueva. El sentido del título de la noticia en la mayoría de los medios nacionales fue que "por fin" un prelado importante pide cárcel para los sacerdotes condenados por abusos sexuales.
Más allá de las interpretaciones ideológicas que se hacen en este tema y que tienen como objetivo -muchas veces- atacar a la Iglesia Católica, lo cierto es que la reflexión de nuestro obispo se ajusta a la lógica más pura, tanto desde la óptica del derecho como desde la mirada de la doctrina cristiana.
Buenanueva es el encargado de escribir el protocolo de acción ante casos de abusos sexual en la Iglesia. En este escrito, titulado Abusos: verdad, justicia y misericordia" sostuvo: "Un cura que es encontrado culpable de abuso sexual debe expiar su delito ante la sociedad. Normalmente, eso significa: cárcel".
El obispo sostiene que en la investigación tiene "un rol primario la justicia penal del Estado", y pide también que "quienes han tenido diversos grados de responsabilidad de la conducta delictiva de los abusadores han de hacerse cargo de las consecuencias civiles de esos delitos, es decir: pagar los resarcimientos económicos que establezca la justicia".
Se hace difícil no coincidir con esta línea de razonamiento, puesto que se inscribe en el marco en el que debe darse la convivencia social y el accionar de la Justicia. Si alguien comete un delito -sea sacerdote o no- debe rendir cuentas ante los tribunales y cumplir con la condena que se le imponga. En el caso aberrante de los abusos sexuales esta lógica se impone con mayor fuerza en virtud del grave ultraje a la dignidad humana que se comete.
Para dentro de la Iglesia, el obispo diocesano también dio su mensaje: "Personalmente me inclino hacia la posición que sostiene que, en las actuales circunstancias, la comisión de un solo delito invalida ya al sacerdote para ejercer el ministerio. Por tanto, que la dimisión del estado clerical es la sanción más adecuada". Y agrega: la "misericordia, es ayudar a ese sacerdote a comprender que sus actos han herido tan profundamente el sacerdocio que, de hecho, ya no podrá ejercerlo como la Iglesia quiere que sea vivido".
Todo un mensaje hacia adentro de la milenaria estructura eclesial, muchos de cuyas autoridades confundieron los tantos e intentaron barrer la mugre bajo la alfombra. Generaron así más revuelo aún y más descontento.
Grave es que se cometa un abuso sexual. Si el autor es un sacerdote se acentúa más la seriedad del caso. Ante la Justicia debe comparecer y, si es encontrado culpable, purgar su condena en la cárcel. Y ante su Iglesia también debe dar respuestas ante la violación de su compromiso. La verdad, en todos los tiempos, exige que la justicia se haga presente. Y también es innegable que la misericordia es, en cualquier sociedad, una virtud que enaltece la condición humana.
