Lo de “Roly”, el kiosco donde los diarios dan pelea al tiempo y a la crisis
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Miguel Ángel Echenique es el dueño de este negocio, ubicado en Juan B. Justo y Carlos Gilli. En tiempos donde la industria gráfica se retrae y muchos emprendedores deben bajar las persianas, él subsiste con la venta de las colecciones y productos anexos que atraen a la gente.
Hace frío en San Francisco. Son los primeros fríos de un otoño tardío y sinónimo del invierno que se aproxima. No importa nada de eso, ahí está Miguel Ángel Echenique abriendo su puesto de diarios y revistas de calle Juan B. Justo y Carlos Gilli.
Emiliano Lavezzini saca las primeras fotos y la imagen fuerte es la de dos señores grandes abrigados ni bien el sol asoma haciendo lo de todos los días: vender diarios y revistas.
"Kiosco Roly" aparece en el centro de la imagen y alrededor los nombres de algunos diarios, los de empresas de telefonía celular y los plásticos que recubren las cosas "extras" que muchos productos gráficos de tirada nacional traen como complemento a la información.
Sigue haciendo frío en San Francisco, ahora Miguel Ángel cuenta qué pasa dentro y fuera, también en los alrededores de ese kiosco que resiste como la chapa en esa esquina y en el que trabaja desde hace tres décadas.
Antes de todo eso, Miguel Ángel, se convirtió en uno de "Los de Siempre" (ciclo web de LA VOZ DE SAN JUSTO) y ahí contó su historia pero no la personal sino la de los trabajadores de diarios, que palpitan la crisis económica del país como nadie, que la sienten, y la padecen.
Un quiebre que atraviesa a todos como la barra vertical en el signo pesos, que se traduce en plata - simple y llanamente - pero que al igual que en el proceso de producción de un diario atraviesa a toda la industria de medios, gráfica y a sus fieles repartidores, los canillitas.
40 años atrás
Hace 40 años, y tiene casi el doble de edad, Echenique empezó a trabajar en el gran mundo de la venta de diarios. Su primer "oficina" no estuvo en Kiosco "Roly" sino en la calle, hasta que en 1989 le "compró el puesto a un colega".
Para ese entonces tenía 10 años en la calle, repartiendo y no lo hacía en grandes cantidades porque empezó con solo dos diarios.
"Esto es digamos... la profesión es la del canillita. La mayoría de mi vida fui canillita, antes fui carpintero 15 años. Comencé con dos diarios por día uno por Jonas Salk y el otro en calle Ingenieros eran los dos clientes que tenía", dijo mientras atrás se escucha que la gente va y viene.
Como vio que el reparto le gustaba, compró una porción de lo que repartía otro compañero, "un muchacho de Frontera" y así expandió el negocio "para el lado del Hospital (J.B. Iturraspe). "Ahí los domingos llegué a tener reparto de 300 diarios", contó emocionado por aquellas viejas épocas.
Hoy nada es lo mismo y la crisis, las eternas crisis en realidad que suceden en la Argentina, lo llevaron a tramar algunos artilugios para poder "hacer el gancho" en la venta de diarios y revistas: "Tuvimos años buenos y otros malos pero nunca como ahora, lo más triste de nuestra historia está en este momento porque las ventas cayeron en picada".
Diarios, termómetro económico
Don Echenique que tiene 40 años de trabajo en esto de ser canillita y trabajar en el kiosco dice que "el diario se maneja de acuerdo a la economía". Se puede apreciar cuan mal la puede pasar la gente cuando no hay plata "porque se venden o no".
Las prioridades siempre son otras. "Primero a la gente le interesa comer, después pagar las cuentas, y al final sí sobra compra el diario. Por eso hoy cuando en un día vendemos más de 10 acá es un campañón", explicó lamentándose de la actualidad.
Internet, obviamente influyó porque "ocasionó bastantes bajas", pero para este hombre "el problema sigue siendo que no hay plata".
Don Miguel Ángel lo sabe porque "la gente lo tiene conectado", sin embargo, dijo que LA VOZ DE SAN JUSTO "se sigue comprando porque para todos es un diario que presenta "muy buen material".
Ante la crisis, y la necesidad de mantener su fuente laboral, tanto Miguel Ángel como otros colegas del rubro que tienen kioscos aprovechan los "anexos" que traen otros productos gráficos.
Su fuerte no es el diario o revista, sino lo que acompaña a esa información que puede ir desde una colección de un libro, álbumes, piezas coleccionables, juguetes cuando son cosas para los más chicos.
Lógico. Su precio no es barato. A veces hay que desembolsillar como mínimo 200 pesos y la cuota puede seguir hasta los 600.
"Antes vendía solo el diario y las revistas, ahora traen cosas adicionales. Si vos ponés en contexto los 200 pesos que puede valer lo menos para quien no los tiene no los puede comprar", agregó el hombre que se define como "casi retirado del rubro".
En una época, hace mucho, con este rubro y lo producido en él don Miguel Ángel se compró una casa y un auto, incluso obtuvo ese negocio en la esquina de Carlos Gilli y Juan B. Justo. Hoy apenas subsiste, como la chapa, como la pintura que indica "Kiosco Roly", como un hombre digno de ser parte de "Los de siempre".
