Política
Llaryora, ¿un tipo con suerte?
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Hoy se abre otro capítulo para el peronismo de Córdoba y del interior, con una nueva figura después de tantos gobiernos repartidos entre De la Sota y Schiaretti.
Por Manuel Montali | LVSJ
Podría pensarse que Martín Llaryora es un tipo con suerte.
Era un concejal joven (2003-2007) en tiempos en que el peronismo -después de la larga y al final muy cuestionada gestión de Jorge Luis Bucco- pasó a ser oposición del radicalismo de Hugo Madonna. Un peronismo que, quitando a Evelina Feraudo, no tenía caudillos a nivel local.
El radicalismo se aprovechaba de eso. Madonna, para 2007, empezaba a ver su gestión también en el ojo de la tormenta, pero igual parecía encaminarse a una nueva reelección.
Llaryora fue entonces a internas peronistas con Damián Bernarte, el favorito de José Manuel de la Sota. El intendente, por tener también una fluida relación con el “Gallego”, estimaba que iba a ser más fácil ganarle a Martín, por lo que mandó a su gente a votarlo, y vio cómo terminaba imponiéndose por un par de porotos: 85 de acuerdo con el conteo.
Un tipo con suerte, podría pensarse.
Pero la UCR, decíamos, se encaminaba a otra reelección. Entonces, Carlos Roffé dividió al oficialismo, enfrentando a Madonna y presentándose a la elección general bajo un sello de renovación alineado con Luis Juez. ¿El beneficiado? Martín Llaryora, que ganó otra vez por un puñado de porotos (apenas 600) y llegó así al Palacio Tampieri.
Un tipo con suerte.
Se hizo cargo de un municipio quebrado y llegó con aire al 2011, centrando su política en hacer de la ciudad un polo educativo, industrial y con recuperación de espacios verdes. Algunos de sus colaboradores, en una ocasión, lo compararon con el “búfalo” Juan Funes. Hablábamos de fútbol, pero la analogía fue más allá: “Es un animal. Vive para la política. No se le puede seguir el ritmo”. Fue a la reelección y se impuso con comodidad, esta vez con muchos porotos de sobra.
Promediando su segundo mandato, para las PASO legislativas de 2013, Llaryora se le plantó a Juan Schiaretti y a José Manuel de la Sota, compitiendo dentro de un frente renovador que popularmente se conoció como “el grito de San Justo”. Enfrente, representando al oficialismo, estaba otra vez Damián Bernarte. El oficialismo se quedó con la victoria a nivel provincial, pero Llaryora tapó de votos el departamento y se ubicó sexto a nivel general, un resultado que lo terminaría catapultando al gabinete provincial, siendo convocado como rostro fresco después de que Córdoba se incendió con el motín policial del 3-4 de diciembre de 2013.
Un tipo, otra vez, con suerte.
Lo destinaron a la cartera de Industria, Comercio, Minería y Desarrollo Científico Tecnológico. El comentario, entre los colegas periodistas, era que De la Sota, bajo su política de “pino”, lo ponía a su sombra, ahí donde no crecía nada. Que lo freezaba para que no interviniera en la sociedad histórica del “tomala vos-dámela a mí” con Schiaretti. Desde hacía mucho, desde la interna con Bernarte, a Llaryora lo secundaba el rumor de que en la Casa de las Tejas no lo querían.
Pero el sanfrancisqueño se movió con habilidad. Se mantuvo activo. Gestionó. Y terminó yendo como vice de Schiaretti para las gubernamentales de 2015.
Ganaron bien.
En 2017 aceptó poner la cara para una paliza. Encabezó la lista de diputados del peronismo cordobés, sabiendo que iba a quedar en un cómodo segundo lugar detrás de Héctor Baldassi y Cambiemos. Parecía un retroceso. Encima, en 2019 le propusieron otro desafío complicado: competir por la ciudad de Córdoba. El último intendente peronista había sido Germán Kammerath (1999-2003). No había terminado bien. Y en los últimos ocho años había gobernado el radicalismo encabezado por Ramón Mestre. Cosas del destino, todo se dio de forma muy parecida al primer triunfo de Llaryora en San Francisco. Mestre rompió la alianza del radicalismo con Cambiemos y se presentó para la gobernación. La fisura bajó a nivel local y tuvo dos candidatos: Luis Juez y Rodrigo de Loredo. ¿El beneficiado? Martín Llaryora, que superó las impugnaciones que se le quisieron hacer por su domicilio en San Francisco, y ganó por margen escaso. Otra vez los últimos porotos cayendo a su favor.
Realmente, un tipo con suerte.
La “Docta”, extensa y complicada como pocas, venía siendo una guillotina histórica para los que llegaban con aspiraciones provinciales. Pero Llaryora alcanzó con aire el final de su gestión, la de la pandemia. Sin posibilidad de reelección para Schiaretti, quedó posicionado como el candidato para la gobernación.
El domingo 25 de junio 2023, siendo redundante en esto de “cosas del destino”, otra vez frente a Juez (como antes frente a Bernarte), volvió a imponerse. Sí, frente al mismo Juez que de alguna manera propició su primera llegada al Palacio Tampieri. Llaryora ahora no necesitó de circunstancias ajenas conspirando a su favor. Sí volvió a contar poroto por poroto.
No ganó solo él. Porque sus “delfines” en la intendencia de San Francisco, Ignacio García Aresca primero, Damián Bernarte (ya aliado) el mismo domingo 25 de junio, también ganaron cada elección a la que llegaron con el respaldo de Llaryora.
Todos tipos con suerte.
Desde este 10 de diciembre, cuando Llaryora asume en su ciudad natal al frente de la Provincia, se abre otro capítulo para el peronismo de Córdoba y del interior, con una nueva figura después de tantos gobiernos repartidos entre De la Sota y Schiaretti.
Primer sanfrancisqueño en llegar al ahora “Panal” por el voto popular. El que ganó una interna porque Madonna mandó a los suyos a votarlo, que fue intendente de San Francisco porque Roffé partió al oficialismo, que llegó a la Provincia porque se incendió con el motín policial, y que después ganó la “Docta” porque Mestre partió a Cambiemos. El que supuestamente no era querido por la sociedad De la Sota-Schiaretti.
A futuro, esta película quizá ni siquiera termine aquí. Porque luego de la victoria presidencial de Javier Milei, el peronismo ha quedado casi acéfalo y está necesitado de una nueva figura en torno a la cual reagruparse. Un “rostro fresco”, diríamos.
La historia parece caprichosa en repetirse, porque allí está Llaryora, posicionado como el justicialista con el puesto de mayor relevancia en el interior nacional. A la cabeza de un distrito siempre determinante como es Córdoba.
Una vez más, viniendo desde adentro, desde el interior… o desde abajo. El terreno en el que el sanfrancisqueño mejor compite.
¿Podría pensarse que Martín Llaryora es un tipo con suerte?
¿Realmente? ¿Solo suerte?
