Lectura, velocidad, reflexión y algoritmos
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La velocidad y la inmediatez atraviesan cada vez más los hábitos de consumo de información y también la lectura. Una reflexión sobre la comprensión, el pensamiento crítico y la necesidad de recuperar el tiempo para leer sin la presión de hacerlo cada vez más rápido.
En una nota periodística publicada en el diario El Litoral de Santa Fe, el docente y filósofo argentino Lisandro Prieto Femenía remarcó una realidad cuyo impacto no puede menospreciarse. Sostuvo que “en los pasillos de las instituciones de educación superior más prestigiosas del planeta se constata una realidad inquietante: las lecturas asignadas se recortan año tras año porque los estudiantes, sencillamente, se muestran incapaces de terminar un libro completo”.
Ilustró esta aseveración con el ejemplo publicado en la revista The Economist (2026), donde se reveló que “aproximadamente el 8% de los estudiantes matriculados en educación superior en naciones de altos ingresos exhibe una comprensión lectora equivalente a la de niños de 10 años, una proporción que asciende al 14% en Estados Unidos.”
El título del artículo reflejó con claridad el problema: “El eclipse del pensamiento en la era del saber sintetizado”. Es decir, comprender textos ya no es un desafío para la mente de muchas personas. Es una meta inalcanzable “para una generación acostumbrada a la inmediatez del fragmento”.
Dos aspectos asoman como centrales a la hora de reflexionar sobre lo anterior. Por un lado, en un mundo en el que la información sobreabunda, el conocimiento se estrecha. Por el otro, el esfuerzo intelectual sucumbe frente a la vertiginosidad que los algoritmos impregnan a la vida del hombre.
Así, las redes sociales aconsejan sobre cómo hacer más eficientes aspectos de la cotidianeidad que ya no se vinculan con el trabajo o la producción, sino que alcanzan también a lo que se hace por placer. Muestran cómo acelerar la una película o serie y no perder el hilo del relato en el intento, como escuchar un podcast al doble de velocidad o qué método utilizar para leer más rápido. Consumir más información en menos tiempo parece ser la consigna. El ocio también se somete a la lógica del rendimiento.
En este marco se encuadra la lectura veloz. En TikTok proliferan consejos para terminar más libros en menos tiempo: leer en diagonal, recorrer rápidamente una página para identificar sus conceptos centrales, concentrarse solo en los diálogos o evitar la vocalización mental de las palabras. Pueden ser útiles estas estrategias cuando lo requieran las circunstancias, pero no pueden convertirse en una medida del valor de la experiencia de leer. No se trata de terminar libros en un santiamén, sino de comprender el sentido de lo escrito. Y ello se consigue solo aplicando el pensamiento crítico y manteniéndose alejado de los paradigmas que cuantifican los consumos culturales.
Prieto Femenía plantea si seremos capaces de rebelarnos contra la tiranía de la velocidad para reconquistar el silencio reflexivo, o nos resignaremos a contemplar impasibles cómo la inmediatez consume los últimos vestigios de nuestro pensamiento.
La respuesta puede hallarse en la reflexión de Carl Honoré en su libro “Elogio de la lentitud”, cuando afirma que “el acto de tomar asiento y enfrascarte en la lectura de un texto es algo que planta cara al culto a la velocidad”. Y agrega: “Todos los placeres que puedo imaginar o que he experimentado son más deliciosos, más placenteros, si se toman a pequeños sorbos, si uno se concede el tiempo necesario. La lectura no es una excepción”.
