Lechería: postal del retroceso argentino
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Nuestra región, poblada de cientos de tambos que eran el orgullo de las distintas comunidades, languidece también a costa del deterioro marcado de la producción de leche y derivados.
Los medios de toda las región se han ocupado de remarcar la advertencia formulada días atrás por el presidente de la mesa de Productores Lecheros de Santa Fe, Marcelo Aimar, quien advirtió ayer que "si seguimos a este ritmo vamos derecho a tener que importar leche". Agregó el dirigente agrario que "hoy no se exporta nada porque no hay leche" y sostuvo que "no hay materias primas para fabricar queso y manteca".
Estas expresiones reflejan, sin más, la grave situación que atraviesa el sector lechero en todo el país. Nuestra región, en tiempos no muy remotos poblada de cientos de tambos que eran el orgullo de las distintas comunidades, languidece también a costa del deterioro marcado de la producción de leche y derivados. Los productores lidian con las políticas erráticas de varios gobiernos y, además, sufren las inundaciones. Las industrias, salvo excepciones, pelean por subsistir en mercados cada vez más restringidos y acuciadas por el endeudamiento. Y mientras la debacle continúa, se suceden reuniones sin resultados positivos en casi ningún caso.
El presidente de la Mesa de Productores de Leche de la vecina provincia admitió que "los productores no hemos sabido cambiar esta historia" y sostuvo que "el Estado es el que no regula esta situación". Estos dos elementos forman parte de una misma problemática, compleja y ahora grave. Por un lado, en muchos establecimientos se bajó la guardia rápidamente ante el arrollador avance de la agricultura en las últimas dos décadas. Por el otro, el Estado ha intervenido e interviene de manera activa, pero los resultados de esta acción han sido paupérrimos.
La expansión de la actividad lechera no se ha producido. El estancamiento es manifiesto y las crisis de empresas emblemáticas como Mastellone o SanCor son elocuente demostración del atraso. El crecimiento de la producción en los últimos 20 años ha sido mínimo. Y si bien la exportación se había incrementado años atrás, hoy está prácticamente paralizada, mientras que el consumo interno también sufre una retracción.
La debacle argentina es más grave aún si se aportan datos de otras naciones. Brasil aumentó su producción más del 60%, Nueva Zelanda más del 80% y Estados Unidos un 24%. Y Uruguay, que en 1999 producía sólo 1,5 millones de toneladas, aumentó su producción en un 50% y sus exportaciones lácteas, u$s 1000 millones anuales, representan casi el 60% de las exportaciones de lácteos argentinos. Y el consumo lácteo por habitante de Uruguay, más de 240 litros por año, es 11% mayor que el consumo promedio de los argentinos.
Mientras la producción tambera nacional agoniza, las regiones tamberas padecen la declinación, los productores se ven obligados a cerrar o a tirar la leche y las industrias penan en busca de alguna solución, en el mundo se consolida la lechería como una actividad rentable y eficiente. Una paradoja que no se verifica solo en este rubro pero que se transforma en una postal que retrata claramente el retroceso de la Argentina.
