Lechería: basta de parches
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Las últimas medidas que se dispusieron son un cataplasma que parece aliviar la dura realidad por la que atraviesa el sector pero no constituyen una solución de fondo.
Luego de que la Mesa de Enlace Agropecuaria cuestionara seriamente la política del gobierno nacional en el área de la actividad lechera, el ubicuo ministro de Economía de la Nación salió a la palestra con su acostumbrada solvencia actoral para lanzar en Villa María un programa que denominó "Impulso Tambero", que consistiría en otorgar una suma fija en pesos a los tamberos, de acuerdo al volumen de producción de los tambos, por el término de cuatro meses.
Este subsidio, de eso se trata, busca paliar la grave crisis de rentabilidad que viene sufriendo la lechería en el país. Fue calificado como "parche" por el presidente de la Comisión de Seguridad Rural y productor tambero, Juan Grangetto, en declaraciones a LA VOZ DE SAN JUSTO. Y se anunció inmediatamente después de que la Mesa de Enlace advirtiera sobre la "desaparición despiadada de productores y remates de tambos a precios viles".
Agregó Grangetto que "el gobierno viene inventando cosas así desde hace tiempo sin mayores resultados. Se trata de parches con el único objetivo de seguir tirando todo hacia adelante. En definitiva, no vemos un programa económico claro y real para la lechería, sobre todo en un país que tiene una producción lechera impresionante".
Días atrás, la mesa que nuclea a las principales entidades representativas de los intereses de los productores agropecuarios de todo el país había recordado que son "los productores tamberos los que están bancando la situación actual". Es que, de acuerdo a lo que afirman los tamberos, "hoy ya no hay más posibilidades de seguir produciendo. Hace más de 15 meses que los productores tamberos están produciendo a quebranto. Ya no hay un lugar donde el sector esté más afectado, sino que el problema es generalizado, a todas las cuencas y los tamaños".
Ante tan desolador panorama, el gobierno nacional solo decidió subsidiar por cuatro meses el precio que recibe el productor lechero. Y anunciar que revisará los esquemas de retenciones a las exportaciones para los productos derivados de la leche. Nada nuevo. No hay atisbos para sentar las bases de una verdadera política agropecuaria que privilegie la producción por encima de las necesidades recaudatorias de un Estado voraz que se queda con gran parte de la renta de los tamberos y que tampoco es capaz de tomar decisiones para reordenar los desequilibrios de la cadena de comercialización láctea.
En este marco, el verdadero "impulso tambero" no llega. Las medidas que se dispusieron son un cataplasma que parece aliviar la dura realidad por la que atraviesa el sector. Pero que no es solución de fondo. Por ello, como viene ocurriendo desde hace años y se constata en regiones como la nuestra donde la actividad lechera es de las más importantes, el productor se dedica a sobrevivir. Dispuestos en un escritorio capitalino y anunciado con histrionismo por funcionarios que solo piensan en su imagen, este tipo de parches le posibilitan ir tirando un tiempito más. Hasta que la despiadada realidad le vuelva a "sugerir" el cierre de su querido tambo.
