Lecciones de una histórica movilización
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Cuando hay un motivo valedero, cuando existe un objetivo común, la división de la sociedad no existe. Solo es tema para quienes teorizan y elucubran maniobras de la baja política y para quienes se prestan a seguir agigantando el enfrentamiento.
Si los jugadores de la selección argentina habían asombrado al mundo ganando una final que quedará en los anales del fútbol mundial, lo que se vivió ayer en las calles de Buenos Aires provocó sensaciones del mismo tipo: fue la mayor manifestación popular ocurrida en este bendito suelo. Gigantesca, desmesurada, desproporcionada, efervescente, memorable, alegre. También incompleta. Incluso, no exenta de polémica.
No fue más que un reflejo de la argentinidad en su esencia. De todas partes llegaron familias con niños, jóvenes y no tanto, para conformar un compacto conglomerado humano que inundó avenidas, calles, autopistas y puentes. Y que, al menos por un día, desvaneció la idea de que una masa semejante tiene conductas imprevisibles y carentes de una dirección concreta. Se observaron, es cierto, algunas imágenes que trajeron preocupación. Pero, en semejante marco, quedan reducidas a expresiones desagradables que, aunque no se las pueda calificar de aisladas, no alcanzaron la gravedad de otros acontecimientos similares. Solamente se registraron algunos incidentes en el obelisco cuando el Gobierno porteño inició ayer martes por la tarde un operativo de limpieza y reacondicionamiento de las calles de la ciudad. Como saldo de los enfrentamientos quedó un total de trece detenidos y ocho efectivos heridos.

El sentimiento popular es inefable. Como se afirma en ese himno que todos coreamos, no se puede explicar. Y es posible que no se pueda entender. La gran mayoría de los millones de argentinos que estuvieron en la impresionante y espontánea movilización popular de ayer no fueron arriados por los "aparatos" políticos. Su única ambición fue estar cerca de quienes, con el título mundial de fútbol, fueron los responsables de su algarabía. No hace falta ingresar en el análisis sociológico profundo para entrever que esa parte de nuestro pueblo estuvo en las calles porque tenía enormes deseos de festejar un logro deportivo que aglutina, reúne, une. Que, aunque sea por un momento, borra grietas y desencuentros. Una enseñanza primera se puede extraer: cuando las cosas se hacen bien, con responsabilidad, honestidad, trabajo en conjunto y capacidad de hacer frente a la adversidad -entre otros atributos- el apoyo popular surge espontáneo. No hace falta ningún otro "incentivo".
Lamentablemente, el festejo debió interrumpirse. Se podrá decir que la cantidad de gente excedió toda previsión. Y que por eso quedó trunca la celebración. El ómnibus del seleccionado nunca llegó al obelisco porteño. Nunca podría haberlo hecho. Pero no cabe duda de que la impericia y la falta de coordinación de las fuerzas de seguridad son una característica habitual en la vida cotidiana de los argentinos.
También lo es el intento de acreditar réditos políticos a toda costa. Un feriado insólito, incomprensible, generó amplio malestar. Reflejó la perdurable mirada unitaria de quienes habitan el poder en la Nación. Además, en ciertos círculos ideologizados y en determinados ámbitos periodísticos, solo se discutió si la selección debía ver o no al presidente de la Nación. Se conoce que fueron innumerables los intentos de convencer al equipo para "sacarse la foto". Un ministro pretendió adelantarse y se paró al lado de la escalerilla del avión en plena madrugada. De nada le sirvió. Fue ignorado directamente por los futbolistas y el cuerpo técnico. Quizás haya aprendido la lección.
Es que la selección argentina de fútbol se fijó como meta no ser utilizada políticamente. Es un hecho muy significativo. No rompió el lema que llevó a la obtención del título del mundo: todos juntos. Otra enseñanza: cuando hay un motivo valedero, cuando existe un objetivo común, la división de la sociedad no existe. Solo es tema para quienes teorizan y elucubran maniobras de la baja política y para quienes se prestan a seguir agigantando el enfrentamiento.
