Las manos de la Porota siguen creando
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A punto de cumplir 86 años, Adoriz Bono vuelve a expones su arte en una sala de museo.
La casa de Avellaneda al 800 resguarda verdaderos tesoros del arte local. Están algunas de las pinturas del fallecido artista Esteban Olocco y más allá, en una estantería, las cerámicas de Adoriz Bono.
Las manos de la mujer que el 4 de agosto cumplirá 86 años siguen creando piezas en arcilla y muestran sus ganas de seguir trabajando a pesar de su problema en las rodillas que no la dejan movilizarse normalmente, pero que no son un impedimento para seguir adelante.
"Me siento muy bien, realizada, no tengo miedos, problemas de alguna clase o prejuicios", confesó Adoriz Bono a LA VOZ DE SAN JUSTO, mientras da las últimas pinceladas de barniz a las piezas que presentará hoy domingo en el Museo de la Ciudad.

Su herramienta más valiosa, sus manos
Son más de 20 y todas pertenecen a una colección que lleva el nombre de su herramienta más valiosa: las manos.
Como madre lo dio todo luchando por la vida de sus hijos mellizos que nacieron seis mesinos, uno de ellos con parálisis cerebral. Sin incubadora, los cuidó en una caja de sobrecama hasta que pudieron desarrollarse.
La Porota, como se la conoce popularmente, reconoció que siempre estuvo detrás de su marido pintor, para que él pudiera darle a la sociedad todo su talento antes de desaparecer físicamente. En las sombras, sin embargo, supo destacarse como la gran ceramista que era y trasmitió durante décadas sus secretos a hombres y mujeres que querían crear como ella.
"Llamé la muestra `Las manos´ porque tienen tanta importancia como los pies. Con las manos saludás, te despedís; podés acariciar a una persona. Con los pies, podés trasladarte. Sin ellos no somos nada", dijo la artista que sabe de dificultades físicas.
"Veo las obras y reconozco las manos de mi padre, de Domingo Bono, que son iguales que las mías. Son las manos chiquitas del hombre que más quise después de mis tres hijos", dijo una nostalgiosa Adoriz.
Esta mujer se considera una ceramista tradicional, del horno a leña, pero desde hace un tiempo el que tenía dejó de existir y tuvo que adaptarse a los cambios tecnológicos. Se compró uno eléctrico y aunque no es de su agrado, sus obras se cocinan allí. "No me gusta mucho porque con el anterior estaba más atenta. El nuevo, hace todo solo... es distinto pero bueno, me tengo que adaptar", aclaró.
Adoriz, la que enseñaba cerámica
Luego de criar a sus hijos, Adoriz sintió la necesidad de aprender cerámica. "La cerámica era mi forma de escapar de los problemas, me hacía bien", contó.
Nunca egresó de la Escuela de Bellas Artes pero su talento la llevó a convertirse en una de las ceramistas más importantes a nivel local y eso atrajo a cientos que quisieron aprender el arte: "Las mujeres y hombres que venían a aprender cerámica a mi casa lo hacían porque sabían que yo daba todo, que no me guardaba ningún secreto como artista. Las clases eran maravillosas. Tomábamos mate, charlábamos, reíamos. Los que aprendieron, se fueron sabiendo".
En un día podían llegar a pasar por el taller 70 alumnos y aunque dejó de dar clases hace más de 10 años, algunos la siguen visitando como los viejos tiempos. "El que sabe la lección de alguna forma sabe decirla y mis aprendices no se olvidaron de mí. Algunos vienen a casa, me visitan. La gente me quiere mucho y yo a ellos", confió la artista.

Adoriz, en un rincón que recuerda a su esposo fallecido artista Esteban Olocco
Las manos de Adoriz no siempre se ensuciaron con arcilla. Antes de convertirse en ceramista a los 40 y tantos, era modista. Otra forma de expresar arte a través de las manos. "Fui costurera durante mucho tiempo pero ahora no te agarro una aguja de coser ni loca", confesó entre risas.
Desde 2011 que Adoriz no expone con una muestra aunque sus obras siguieron siendo convocadas en exposiciones en el país y el extranjero. Hoy, a punto de cumplir un año más, está tan vital como en las épocas en la que dio todo para formar a sus alumnos. Con la arcilla en la mano, la Porota vive su momento.
