Las heridas, más profundas
El deporte de competición, el de competición amateur y protocolizado, volvió a ser flanco de suspensiones.
Por Fernando Movalli. Especial para LA VOZ DE SAN JUSTO
El deporte de competición, el de competición amateur y
protocolizado, volvió a ser flanco de suspensiones. Tiempo atrás en el
interminable año de inactividad, hace días por el decreto de los intendentes del
Departamento San Justo y en estas tres semanas desde la órbita del gobierno
nacional y provincial. Y dentro de tanta desazón, el texto en la imagen de los
canales capitalinos de la Provincia del viernes anterior terminó siendo todo un
ícono. Un ícono de un sentimiento imposible de evitar como lo fue y lo es el de
la impotencia comparativa de los hechos: "fútbol libre sí, fútbol competitivo
no". Cuesta encontrar un entrenador, algún jugador o jugadora, un
padre e incluso un comunicador que avale tal medida incluyendo también al básquet,
hockey o voleibol entre otros. Especialmente cuando se lo coteja con el resto
de disciplinas no grupales o sus mismos pares por equipos sí aceptados en su
versión "libre", extrañamente lo que no cuenta con protocolo y verdadero
control. La sensación de quienes de una u otra forma se sienten
afectados con esta tercera restricción es, en este mes de mayo, muy distinta a
la del mismo mes del año anterior. En aquella oportunidad la cuarentena era "real", tanto por
el decreto de las autoridades como por la clara amplitud que todo lo abarcaba y
el cumplimiento ciudadano a rajatabla. Pero esta es otra cosa, mucho más
parcial, endeble e injusta se lo mire por donde se lo mire y sin negar la
imperiosa necesidad de bajar los casos y la maldita transmisión comunitaria. Es otra cosa porque, a diferencia del año anterior, ahora no
solo la totalidad de actividades comerciales, industriales, laborales y de
esparcimiento siguen habilitadas de uno u otro modo, sino que es más que
evidente la discriminación generada dentro de las propias actividades
deportivas. Entendiendo siempre que el deporte, la recreación y las actividades
físicas son fuente de salud física y mental sin ningún tipo de discusión. Discriminación evidente, y he ahí la diferencia también con
el año anterior, porque no hay ninguna restricción para juntarse en un "picadito"
de cualquiera de aquellas disciplinas mencionadas en tanto y en cuanto sean "libres"
y, de yapa, en cualquier tipo de lugares que no cuentan, en su mayoría, con el
debido control y mucho menos con protocolo. De hecho, en nuestra región se lo
pudo comprobar en la otoñal tarde sabatina del día del trabajador con
innumerables fotos y comentarios de los mismos afectados desde el ámbito de la
competición. Comentarios y pruebas que, en el relato de ellos mismos, allí no
tuvieron ningún tipo de trabas para despuntar el vicio sin importar las
cantidades, los horarios, ni las formas. También el fútbol, de cualquier
condición menos el amateur, con una inmensa cantidad récord de partidos y
traslados a lo largo y ancho de todo el país en la mañana, tarde y noche del
domingo. Desconcierto, incredulidad y amarguras, con heridas más
profundas. Más profundas aún que aquellas que dejaron fuera del sistema a
muchos niños y jóvenes deportistas por las secuelas del hacinamiento anterior.
Con el lógico temor a repetirlo en quienes a duras penas habían vuelto al ruedo
y se vuelven a encontrar, en palabra de sus profesores, otra vez con la falta
de estimulación de "entrenar para algo". Sabemos que las actividades deportivas grupales no solo
generan individuos más fuertes y más sanos, sino que le brindan a la comunidad
un marco de generosa interrelación social tanto en el entrenamiento como en la
competencia. Competencia que, más allá del tiempo neto de juego, también es
rica en la relación de minutos anteriores y posteriores, incluso con sus
eventuales adversarios. Y, lo más importante para estos momentos, actividades
que se desarrollan con protocolos aprobados, tanto en la competencia en sí como
en los traslados, los ingresos y en la mínima utilización de los vestuarios e
instalaciones adicionales. Es imposible no pensar y analizar con un sano criterio y
mejor sentido común que se pudieron y debieron tomar de antemano otro tipo de
decisiones. Decisiones circunstanciales pero sumamente importantes antes de
volver a prohibir a las mismas actividades de siempre. Actividades que de a
poco estaban reviviendo y que con esto vuelven a quedar a merced de un panorama
realmente desolador a futuro. Quizás, una de ellas pudo ser el haber reorganizado el
calendario tipo septiembre 2020 hasta abril de este año sin solución de
continuidad y con el tiempo de verano dentro. Una opción de equilibrio para
poder soportar de otra manera este latigazo del presente y con la incertidumbre
a flor de piel por las bajas temperaturas por venir. También, jugar sin público
con un mínimo de dirigentes afectados y medios de comunicación para llevar el
evento a la gente, más una esponsorización pública momentánea para que cierren
los números del costo fijo de puesta en marcha. Opciones criteriosas que hubiesen evitado las heridas de
estos días. Heridas más profundas que si producen estas otras medidas a la ligera
y sin mucha base de sustentación potenciadas por la dolorosa comparación de
todo lo otro habilitado. Con otro parate más que, según los propios
involucrados, volverá a traer abulia, desestimulación, desinterés en el entorno
y problemas económicos por doquier. Pocos lo manifiestan, pero la inmensa mayoría lo sabe y lo
dice por lo bajo. Escasa vacunación, interminable cuarentena anterior y medidas
que alimentan la clandestinidad y el amontonamiento como, entre otras, las
restricciones horarias a espacios y lugares cuidados y protocolizados donde es
evidente que no se producen los contagios. Y en el mientras tanto, el "siga
siga" de volver a restringir a quienes venían cumpliendo con lo exigido y
ahondar esa herida deportiva y social que parece interminable.
