Las elecciones en Estados Unidos
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Este acontecimiento político propio del país del norte tiene repercusiones amplias en todo el mundo en virtud del protagónico rol que le cabe a esa Nación en el contexto internacional. Mucho más en un tiempo en el que la pandemia ha trastocado la normalidad y en el que los liderazgos políticos asumen características personalistas que devienen en posturas autoritarias incluso en las democracias más consolidadas del planeta.
Se celebran hoy, como todos los primeros martes de noviembre cada 4 años, las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Este acontecimiento político propio del país del norte tiene repercusiones amplias en todo el mundo en virtud del protagónico rol que le cabe a esa Nación en el contexto internacional. Mucho más en un tiempo en el que la pandemia ha trastocado la normalidad y en el que los liderazgos políticos asumen características personalistas que devienen en posturas autoritarias incluso en las democracias más consolidadas del planeta.
Una de estas democracias, quizás la más representativa del "menos malo de todos los sistemas de gobierno", es precisamente la de la potencia del norte. Se podrá tener visión crítica acerca de determinadas posiciones estadounidenses respecto de la comunidad internacional y su injerencia en asuntos internos de otros países, también se cuestionarán aspectos culturales o sociales; pero la democracia de Estados Unidos ha sido hasta ahora un eslabón central en la búsqueda de la libertad y la vigencia de las instituciones.
La pregunta que surge frente a la elección de hoy es si lo seguirá siendo. Porque a la crisis sanitaria mundial se le suma un descalabro económico global y la creciente desconfianza en los liderazgos políticos que se manifiestan en movilizaciones gigantescas de protesta en buena parte de las naciones de Occidente al menos.
La incertidumbre se acrecienta porque en estos tiempos de pantallas omnipresentes y realidades mediadas por la tecnología, las ideologías o los postulados de una plataforma política quedan sepultadas bajo la inmediatez y la emocionalidad de la imagen. Esto hace que la reflexión ciudadana pase, en gran parte, solo por acusar simpatías o antipatías frente a los candidatos, a sus palabras y a sus acciones. Y que la repetición constante solo acentúa y solidifica aquellas visiones sin permitir razonamientos críticos.
Si se observan los perfiles de los dos postulantes a ocupar la Casa Blanca. El actual polémico presidente, Donald Trump, es ciertamente imprevisible y algunas de sus actitudes ingresan en el terreno de lo ridículo. Un ex funcionario de su administración, Miles Taylor, quien publicó bajo el seudónimo de Anonymus una furibunda crítica a la personalidad del hoy mandamás norteamericano, lo describió como un "niño de 12 años en una torre de control de tráfico aéreo que pulsa indiscriminadamente los botones del gobierno, indiferente a los aviones que se deslizan por la pista". No son menores también las invectivas contra el postulante demócrata, Joe Biden, a quien se lo tilda de pusilánime, sin carisma y expuesto a presiones que no podrá soportar. Quizás las debilidades del rival es la mejor fortaleza propia, sentencias analistas internacionales.
En este marco, mientras la pandemia sigue arreciando y más allá de los cuestionamientos o las visiones ideológicas, el mundo estará atento al resultado de la elección estadounidense. Por aquello del espejo en el que mirarse, por la vigencia de la democracia y porque siempre trae consecuencias la definición del futuro de un actor central en la política y la economía del planeta.
