Las calles y la campaña que se viene
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Imagenes/Imagef7035beb8b81495ca72ff3e0c9d71dbd.jpg)
Es probable que el frenesí propagandístico y movilizador aumente a medida que se acerque el momento de votar. No está mal que así sea. Pero siempre debe recurrirse al sentido común y defenderse el respeto a los derechos de todos los ciudadanos. Entonces, el corte de calles o la pintada en muros que no corresponden debieran ser erradicadas como prácticas del marketing de cualquier campaña electoral.
Falta menos de un mes para que se produzca el vencimiento del plazo para el cierre de listas de candidatos para las elecciones legislativas del próximo mes de octubre. Los distintos partidos están debatiendo arduamente sobre quién o quiénes deben ser los integrantes de las nóminas que pugnarán por el favor del electorado, mientras que diseñan sus estrategias de campaña.
En este marco, el espacio público -la calle para decirlo más coloquialmente- juega un rol importante siempre que se procure captar prosélitos. Las prácticas políticas de los últimos años han mutado ciertamente, pero algunas cosas permanecen. Algunas situaciones son ejemplo de ello. Por caso, en las grandes ciudades, el corte de calles para reclamar por cualquier situación forma parte de la cotidianeidad y no están exentas de intenciones electorales. Así se espera que junio y julio sean meses difíciles ante los reclamos de organizaciones sociales y piqueteras que se encolumnan siempre detrás de alguna agrupación política. Los reclamos sobre ampliación de los programas de asistencialismo van a estar, se afirma, en el tapete. Muchos de ellos podrán tener asidero, pero mezclados con las especulaciones proselitistas, se convertirán en un elemento de presión que puede -ya lo ha hecho en varias ocasiones anteriores- trastocar la normalidad.
Otro ejemplo, éste presente en todos los lugares, es el de las pintadas callejeras y la disputa por "ganar" muros u otros elementos del paisaje urbano para colocar carteles. Pese a la aparición de medios tecnológicos de alto impacto, la propaganda electoral no reniega de sus prácticas tradicionales. Así, las calles se convierten en espacios donde afiches, pintadas, pasacalles y otros elementos atentan contra la estética urbana y se transforman en situaciones disruptivas.
Observando la realidad política del país y teniendo en cuenta que la denominada "grieta" no es solo un eslogan, es probable que elfrenesí propagandístico y movilizador aumente a medida que se acerque el momento de votar. No está mal que así sea. Pero siempre debe recurrirse al sentido común y defenderse el respeto a los derechos de todos los ciudadanos. Entonces, el corte de calles o la pintada en muros que no corresponden debieran ser erradicadas como prácticas del marketing de cualquier campaña electoral.
Resulta inaudito que a esta altura de la cultura democrática de la Argentina no se consigan acuerdos que sirvan de marco para la acción proselitista. Los intentos han naufragado muchas veces ante la rispidez de la discusión y el fragor de los ánimos, caldeados muchas veces. Pero el reclamo sigue teniendo vigencia. Especialmente porque existen antecedentes de acuerdos en la materia. Incluso en San Francisco, años atrás, el municipioconvocaba a las distintas fuerzas políticas para acordar criterios ante la lógica multiplicación de la propaganda proselitista en la vía pública y su posterior limpieza. Sería muy interesante que existiese el ánimo de reproducir aquella estrategia.
