Fútbol
Lanús campeón del Nacional de Baby tras golear a Belgrano
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/lanus.jpeg)
El Granate coronó un torneo arrollador en San Francisco y se quedó con el 49º Campeonato Nacional de Baby Fútbol tras golear 9-1 a Belgrano en el Juan Pablo Francia.
Lanús es el campeón del 49º Campeonato Nacional de Baby Fútbol y lo consiguió con una exhibición que quedará como una de las finales más contundentes que se recuerden en el certamen. En el estadio Juan Pablo Francia, con un marco multitudinario y clima de fiesta, el equipo bonaerense derrotó 9-1 a Belgrano de San Francisco y cerró una semana de competencia que volvió a confirmar por qué el Nacional es el torneo infantil más importante del país.
El sábado de definición ya venía cargado desde temprano. La primera semifinal enfrentó a dos equipos locales, Belgrano y Deportivo Sebastián, en un cruce donde la tensión se sintió desde el arranque. El partido empezó parejo, con mucho estudio y piernas firmes, pero de a poco Belgrano se fue imponiendo en el trámite: adelantó líneas, ganó metros y generó las ocasiones más claras. No pudo convertir porque se encontró con un arquero de Sebastián enorme, que sacó varias pelotas de gol y sostuvo el cero durante todo el tiempo reglamentario. El 0-0 llevó la serie a los penales y allí Belgrano fue más efectivo: triunfo 2-1 y boleto a la final, dejando del otro lado a un Deportivo Sebastián que se despidió con dignidad y con el orgullo de haber llevado al límite a un candidato.
La segunda semifinal, entre delegaciones foráneas, tuvo un libreto completamente distinto. Lanús e Independiente de Avellaneda jugaron un partido cerrado, pero el Granate lo condicionó desde el inicio con un golpe directo: ganó 1-0 con un gol desde el vestuario, al minuto de juego, y a partir de ahí manejó tiempos y emociones. Con orden, asociaciones rápidas y buena lectura del partido, sostuvo la ventaja y se metió en la final con la serenidad de los equipos que saben a qué juegan.
Con los finalistas definidos, el cruce tenía un peso particular. Hasta antes de esta final, Belgrano llegaba con historia pesada: había disputado ocho finales en ediciones anteriores del Nacional y había sido campeón dos veces (1988 y 1992). Lanús, en cambio, traía un recorrido más corto pero perfecto: una final jugada y ganada (2024). Dos recorridos diferentes, una tradición enorme de un lado y una eficacia reciente del otro, se cruzaban en el partido que define todo.
Pero la final no dio margen a la especulación: Lanús salió decidido a imponer su jerarquía y lo hizo desde el primer suspiro. A los 4 del primer tiempo abrió el marcador y ese golpe temprano desordenó a Belgrano, que intentó responder con empuje pero no consiguió generar llegadas claras en los minutos iniciales. Lanús fue creciendo con la pelota en la mitad de la cancha y cada vez que aceleró, lastimó: a los 10 llegó el 2-0 y el partido empezó a tomar el color que después se volvería definitivo.
Belgrano buscó reaccionar adelantándose, pero en ese tramo apareció una de las claves de la final: cada vez que el Granate se hacía dueño del balón, se transformaba en un vendaval. Con desbordes, juego asociado y pases precisos, fue empujando a Belgrano a una defensa a contrarreloj. Al local se le hizo difícil salir limpio, terminó recurriendo al pelotazo para despejar y buscar a su delantero, mientras Lanús movía la pelota con una seguridad impropia de una final infantil. El tercero llegó a los 16 con otra combinación en el área y, apenas dos minutos más tarde, el cuarto golpe terminó de liquidar el primer tiempo: 4-0 al descanso, reflejo exacto del dominio.
Lo que podía ser una charla de vestuario para rearmarse se topó, en el complemento, con un Lanús todavía más decidido. En menos de tres minutos del segundo tiempo, el conjunto bonaerense ya había marcado dos goles más, estirando una diferencia irremontable. Desde allí, el desarrollo fue todo del campeón: control, velocidad en ataque, técnica, asociaciones cortas y una eficacia demoledora para seguir ampliando el marcador con tres goles adicionales.
Belgrano, aún golpeado, nunca dejó de intentarlo. Con orgullo y esfuerzo, buscó el descuento y lo consiguió sobre el final con el gol del honor, un premio a la entrega de un equipo que hizo un gran torneo y solo perdió en el último partido. Pero la historia ya estaba escrita: 9-1 y festejo granate en San Francisco.
El campeón, además, respaldó la consagración con números que explican la diferencia: Lanús llegó a la final con un andar arrasador, 40 goles convertidos y apenas 2 en contra; Belgrano también había sido sólido e invicto hasta el partido decisivo, con 24 goles a favor y 7 recibidos, y con el mérito extra de haber alcanzado por segundo año consecutivo la final, quedándose nuevamente a las puertas de un título histórico que no consigue desde 1992.
La jornada tuvo otro grito de campeón: Deportivo Norte se quedó con la Copa Estímulo al vencer 3-0 a Juventud de Lomas Hermosa, completando un sábado de definiciones que mantuvo la emoción en alto hasta el último minuto.
Esta definición también deja datos que ayudan a dimensionar el recorrido de los finalistas. Belgrano volvió a ser protagonista y reafirmó su lugar entre los equipos más representativos del Nacional de Baby Fútbol. El conjunto local atravesó cruces exigentes, respondió en momentos de máxima presión y volvió a instalarse en una final, algo que no es casualidad sino consecuencia de un trabajo sostenido en el tiempo. La semifinal ganada por penales ante Deportivo Sebastián, en un partido cargado de nervios y con un arquero rival como gran figura, fue una muestra clara de carácter: Belgrano empujó durante el trámite, no pudo romper el cero y terminó imponiéndose 2-1 desde los doce pasos para volver a meterse en el partido decisivo.
La final, sin embargo, marcó una diferencia que excedió cualquier antecedente reciente. Lanús no solo fue eficaz: fue dominante en el juego, en los tiempos y en la toma de decisiones, y construyó una victoria que se explica tanto por la jerarquía individual como por el funcionamiento colectivo. El resultado final fue contundente, pero también coherente con lo que mostró el campeón a lo largo de toda la jornada decisiva: golpe temprano en la semifinal, golpe temprano en la final, control absoluto del desarrollo y una contundencia ofensiva que terminó transformando el cierre del torneo en una consagración histórica.
Lanús se fue de San Francisco con la copa y con una final que, por su desarrollo y su contundencia, queda como sello de una campaña impecable. Belgrano, con la frustración lógica de una definición, también se llevó el reconocimiento de su gente y de todo el torneo: llegar nuevamente a una final, atravesar instancias de máxima presión y sostener el protagonismo local en el Nacional no es un detalle, es una marca que se renueva año tras año.
