Lagoinha, un paraíso de pescadores que le disputa espacio al turismo en Floripa
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La playa de Lagoinha, en el norte de Florianópolis, mezcla la arena blanca, la tranquilidad del mar cálido y las historias de los pescadores artesanales de Brasil, que abandonan las redes y las canoas para dedicarse a la gastronomía y atender, sobre todo, a los argentinos que cada año pasan sus vacaciones en el lugar.
"Nos estamos quedando sin pescadores, es más redituable el turismo", advierte Marcos Reis da Luz, quien hace 40 años se dedica a la pesca artesanal en Lagoinha, pero durante la temporada de verano atiende su propio bar, junto a otros pescadores.
Reis da Luz tiene tres canoas y en las madrugadas se adentra en el mar para lanzar la red en busca de tainhas o lisas, el principal plato gastronómico de pescado en Florianópolis.
En este lugar, más sofisticado que la popular Canasvieiras pero que se ha popularizado hasta el punto de que los tradicionales pescadores decidieron dedicarse a atender a los turistas, las arenas arden y están colmadas de argentinos en esta segunda quincena de enero.
Lagoinha heredó la cultura indígena y de la colonia portuguesa de las Islas Azores que pobló el lugar para convertirse en una de las capitales de la pesca artesanal con red en Brasil. La mejor temporada es de julio a noviembre, y después llegan los turistas.
"Mi hijo, por ejemplo, se va a estudiar, no quiere ser pescador. Mi padre lo fue, mi abuelo también, portugués. Yo creo que es muy difícil que un joven se dedique a la pesca artesanal teniendo oportunidad de ir a estudiar algo", dijo a Télam Reis da Luz.
Reis da Luz, cuando no hay temporada de pesca, como ahora, se dedica con sus colegas a atender su propio bar, "Marquinhos", que por 65 reales (325 pesos) sirve las tradicionales "lulas á milanesa" (rabas fritas) para dos.
"Lo que nos piden más los argentinos son las rabas, los camarones y hamburguesas. Poco pescado en sí. Pero si hay algo que podemos rescatar del argentino es que no se queja de los precios en las playas. Negocia precios afuera, para el hospedaje, pero aquí nunca hubo problemas. El brasileño se queja más de los precios en la playa", comentó sobre el estilo de los turistas argentinos.
En el norte de la isla de Florianópolis, Lagoinha nació como un lugar preservado del turismo, pero en los últimos años las posadas y las casas en alquiler llevaron incluso a argentinos a afincarse en este paraíso de aguas celestes.
El paisaje, a la madrugada, es otro: no hay turistas y sí algunos barcos en busca del pescado para servir de día.
"Sacamos algo para vender a los distribuidores. Pero realmente en verano no podemos usar las canoas por la cantidad de personas que hay en la playa", comenta Reis de Luz subido a su canoa favorita, "Nativa", con la cual hace 40 años hace el trabajo de su padre, que fuera de temporada es la principal fuente económica de la región.
Los argentinos llegan primero por las playas y luego se encantan con las historias de que el lugar es una de las capitales de pesca artesanal con red, una actividad para la cual se necesitan 50 personas y varias en la orilla que reciben con aplausos a los miles de kilogramos de tainhas o lisas.
"Vengo todos los años a Lagoinha. Primero lo hacía de soltero, ahora traigo a mi familia. Es un lugar espectacular que aunque esté lleno como ahora, no pierde su encanto", comentó Ricardo, oriundo de Pilar, junto a sus hijos en el agua cálida.
Reis da Luz se mueve en la arena, con la bandeja en mano y con la cerveza helada, en su función alternativa de atender a los turistas argentinos. "Rinde más el turismo que la pesca. Lo que digo es verdad, no es una mentira de pescador", dice, a carcajadas, bajo un sol de 36 grados.
