La tragedia de Afganistán
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La pandemia que vive aún la humanidad ha curtido el cuero del ser humano. Pero es imposible no estremecerse frente a las imágenes que provienen de Afganistán que revelan el dramático presente de un pueblo otra vez gobernado por fanáticos ante la estrepitosa retirada de Estados Unidos.
Las imágenes que se pudieron ver en el mundo entero son dramáticas. La escena más terrible fue la de personas corriendo detrás de un avión a punto de despegar en una pista abarrotada de almas desesperadas por huir de su país que, incluso, desafiaron sin éxito a la muerte tratando de subir a la nave para luego caer cuando ésta despegó. Pero hubo muchas otras que también generaron escozor y pánico.
Los videos reflejan lo que está sucediendo en un país lejano, con una cultura muy diferente. Pero establecen con claridad que el drama humano adquiere ribetes trágicos cuando la desesperación y el terror dominan el presente de un pueblo. Lo que ocurre hoy en Afganistán es una tragedia. Peor aún: una tragedia que se repite.
El retorno al poder del Talibán, un grupo fanático islamista que protegió a terroristas y que instauró un régimen de terror hace más de 20 años, demostró que la historia lejos está de lineal. La retirada de los Estados Unidos del país al que sus tropas de élite ingresaron luego de los atentados de las Torres Gemelas ha desempolvado recuerdos de situaciones similares. Por ejemplo, la ocurrida con la salida precipitada y humillante de las fuerzas de la potencia del norte al finalizar la guerra de Vietnam.
Hace veinte años, en respuesta a los ataques del 11 de septiembre perpetrados por Al-Qaeda, Estados Unidos apoyó a los rebeldes afganos para derrocar al entonces poder talibán. La legitimidad de esta política fue que los talibanes, aunque no fueron cómplices de las ofensivas en Nueva York y Washington, se negaron a entregar a Osama Bin Laden y sus combatientes. Después de la huida, el 16 de diciembre de 2001, de Bin Laden a Pakistán, donde fue asesinado diez años después, no quedó ningún yihadista en Afganistán.
Sin embargo, el experimento estadounidense pretendió instaurar una democracia en Afganistán. Ha sido un fracaso, a la luz de los acontecimientos últimos. Y, con la llegada al poder de los talibanes, millones de mujeres se preguntan cuál será su futuro, mientras los afganos que apoyaron a las fuerzas estadounidenses en los últimos veinte años piden ayuda para abandonar el país.
En marzo del año pasado se firmaron acuerdos en Doha, Qatar, en el que se propiciaba un ciclo de paz duradera para el país asiático. Pero Estados Unidos decidió dejar Afganistán sin sopesar las consecuencias ni tener en claro cuál era el poder militar de los talibanes. Éstos, en un avance vertiginoso, tomaron el poder en pocos días, demostrando también que su palabra tiene corto alcance. Siempre han hecho lo contrario de lo que dicen. Cualquier posición pública que adopten es una táctica para ganar poder. Por eso, el escepticismo respecto de las promesas de que se han vuelto moderados. "Lo único que ha cambiado es que su sed de poder ha aumentado", aparece en un comentario publicado en el diario Mandegar de Kabul.
La pandemia que vive aún la humanidad ha curtido el cuero del ser humano. Pero es imposible no estremecerse frente a las imágenes que provienen de Afganistán que revelan el dramático presente de un pueblo otra vez gobernado por fanáticos ante la estrepitosa retirada de Estados Unidos.
