Día Nacional de la Conservación del Suelo
La protección del suelo agrícola
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El reto para los años que vienen es consolidar los avances dedicados a preservar los suelos agrícolas.
Cada 7 de julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, decretado en 1963, durante el gobierno de Arturo Illia, en reconocimiento al Dr. Hugh H. Bennett, pionero y emblema en la disciplina, quien trabajó incansablemente en la difusión de la necesidad de proteger este recurso y advertir respecto de los riesgos que implica su uso indiscriminado. Bennett murió el 7 de julio de 1960.
Bennett aseguraba que la protección del suelo influía directamente en su capacidad productiva y que, por tanto, era muy importante concienciar sobre la importancia de este en el equilibro medioambiental: “La productividad del suelo debe ocupar un lugar cada vez más prominente en el pensamiento de los pueblos y de sus conductores. La ciencia debe dedicar inevitablemente una proporción creciente de sus esfuerzos a los problemas de mantenimiento y mejoramiento del suelo productivo”.
Como se observa, hace 60 años ya existían voceros –adelantados en aquel tiempo- que advertían sobre la necesidad de cuidar el recurso central para las explotaciones agrarias en todo el mundo, puesto que, sin una protección adecuada, la producción de alimentos podría sufrir golpes mortales. Así, la erosión pluvial o eólica, los desmontes indiscriminados, el uso inadecuado del fuego, el sobrepastoreo, las labranzas mal realizadas y la falta de rotación de cultivos son acciones humanas que provocan degradación progresiva de los suelos. Y, con ello, poner en peligro la actividad agropecuaria en cualquier región del país y del mundo. Además, la expansión de las fronteras agrícolas ha sido otro elemento generador de preocupación, puesto que la eliminación de bosques y montes nativos no ha sido, en su gran mayoría, fruto de una planificación que contemplase los aspectos ambientales.
Como contrapartida, en las últimas cuatro décadas se han incorporado prácticas muy saludables en la protección del suelo. La siembra directa, adaptada en casi la totalidad de la agricultura de nuestro país, se basa en el cultivo de la tierra sin arado previo. No se remueven los rastrojos de los cultivos anteriores para asegurar una cobertura permanente del suelo y mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo. El Inta sostiene que “al evitar remover la tierra se garantiza una menor oxidación de la materia orgánica y una mayor estabilidad; al conservar su bioporosidad, los canales generados por las lombrices y las raíces son más estables y permiten mayor ingreso de agua al perfil. Al mismo tiempo, la densa cobertura de rastrojos presente en la superficie protege al suelo del impacto de las gotas de lluvia, reduce el escurrimiento del agua y amplía el tiempo de permanencia sobre los residuos para una mejor infiltración”.
Han sido los productores agropecuarios los que han enfrentado el desafío de encarar acciones que protejan el suelo, recurso central para su actividad. El apoyo de las entidades intermedias y los proveedores de servicios agrícolas también fue fundamental para mantener en alto este principio de la sustentabilidad. Los gobiernos, algunos más temprano que otros, parecen haber comprendido también que se requiere apoyo oficial para desactivar las prácticas que agotan los nutrientes de la tierra, las que todavía persisten en determinadas regiones de la Argentina.
El reto para los años que vienen es consolidar los avances dedicados a preservar los suelos agrícolas. Y establecer las pautas claras y concretas que permitan la protección de este recurso
