La prevención de los incendios forestales
Hace pocos días, 50 hectáreas del valioso bosque de pinos de las reservas naturales de Valeria del Mar y Cariló, en la provincia de Buenos Aires, fueron presa del fuego que consumió ejemplares arbóreos y amenazó a viviendas e incluso a una estación de servicio ubicada en la ruta 11.
Hace pocos días, 50 hectáreas del valioso bosque de pinos de las reservas naturales de Valeria del Mar y Cariló, en la provincia de Buenos Aires, fueron presa del fuego que consumió ejemplares arbóreos y amenazó a viviendas e incluso a una estación de servicio ubicada en la ruta 11.
El siniestro tuvo amplia repercusión en los medios porteños como siempre ocurre cuando los hechos afectan a lugares cercanos a la Capital Federal. Pero lo cierto es que situaciones similares -e incluso mucho más graves- se viven en la mayoría de las provincias argentinas, constituyendo el problema una circunstancia dolorosa, que daña el ambiente, destruye la forestación y tiene consecuencias negativas duraderas.
Los incendios forestales son una calamidad que buena parte del territorio nacional sufre en determinados períodos del año. En verano, la intensa insolación acompañada de la sequedad es motivo suficiente como para que se produzcan. Y además, el accionar humano es responsable en gran medida de la destrucción de los bosques o de grandes superficies de montes o pastizales: la negligencia, el descuido o la actuación de piromaníacos son algunas de las causas.
Esto determina que otros seres humanos deban actuar en la emergencia. Los bomberos, en su mayoría voluntarios, son los verdaderos protagonistas de una cruzada en la que no siempre salen victoriosos a pesar de su enorme esfuerzo. Sus recursos son limitados y, por ello, su accionar roza la heroicidad. Las dramáticas contingencias que adquieren algunos incendios forestales obligan a que se atiendan las demandas humanas y tecnológicas de estos servidores públicos. Sin aviones hidrantes y sin los medios necesarios, muchas veces el combate de los fuegos en los campos y bosques se torna una lucha desigual, dramática en algunos casos y generadora de perjuicios inconmensurables en otros. La pérdida del patrimonio natural es una derivación lamentable que es producto de la negligencia o el accionar delictivo de determinados ciudadanos, pero también por la indolencia de los organismos del Estado que tienen la obligación de intervenir.
Pero fundamentalmente el verbo que debiera imperar en este asunto es prevenir. Es decir encarar todas las acciones necesarias para evitar los incendios. La educación ambiental, el respeto a las áreas boscosas, las buenas prácticas agrícolas, la renovación de legislación para que se sancione con fuerza a quienes originan los fuegos sea adrede o por negligencia, entre otras, exigencias preparatorias que deben llevarse adelante antes de que el fuego se haga presente. De lo contrario, el enorme esfuerzo económico que supone luchar contra los incendios ni siquiera alcanzará para remediar un poco la gravedad de la situación.
