La política argentina es un oxímoron
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Posponen mejorar la calidad de vida de la gente y terminan construyendo la abrumadora realidad actual. Por eso, no extraña que se "gane perdiendo" o se "pierda ganando". La práctica política está plagada de contradicciones.
En la noche en la que se decretó la derrota del oficialismo en los comicios legislativos, el presidente de la Nación convocó a festejar "el triunfo" a la Plaza de Mayo para el Día de la Militancia. Al día siguiente, la diputada electa por la provincia de Buenos Aires, Victoria Toloza Paz, pronunció una frase que aún resuena en los comentarios políticos: "Ellos ganaron perdiendo y nosotros perdimos ganando".
De este modo, mientras se extinguía el "sol de medianoche" del domingo de elecciones y una "tensa calma" se apoderaba de los reductos en los que las agrupaciones políticas se reunían para analizar "los picos de las curvas" que el escrutinio arrojaba, la política argentina volvía a cimentar la sensación de que es un oxímoron.
Un oxímoron es una figura retórica en la que aparece una contradicción, combinándose dos palabras o expresiones de significado opuesto y que dan lugar a un sentido nuevo. El oxímoron puede aparecer en diferentes contextos, aunque se utiliza como recurso especialmente en la poesía. Bien alejado de la belleza literaria, el relato político argentino parece haber adoptado a esta figura como la preferida para justificar performances electorales, para blindar a dirigentes y fuerzas políticas -vencedoras o derrotadas- y capitalizar en beneficio propio la confusión sembrada.
Lo de "perdimos ganando" y "ganaron perdiendo" es el reflejo tangible de las contradicciones de la vida política nacional. Así, un resultado electoral o una discusión en el Parlamento -da lo mismo- es una "agradable llaga" que habilita a pronunciar "mentiras verdaderas", aun cuando los argumentos utilizados estén "llenos de vacíos". Quienes toman la política como un oxímoron permanente, consideran que es necesario utilizar esta figura para encaramarse por encima de sectores de la sociedad en los que, según esta visión, predomina un "fuego helado", generador de una "sonora soledad" que deriva en un "clamoroso silencio".
Mientras la discusión se repleta de contradicciones, la Argentina parece asistir a una "tragicomedia" henchida de "altibajos", acrecentándose la sensación no "ir a ningún lado". Ha quedado, entonces, claramente explicitado que el relato político une de manera indiscriminada frases, palabras y conceptos cuyo significado es opuesto y los utiliza como instrumento argumentativo.
Lo más grave es que no se trata solo del uso del lenguaje. Y no es propiedad de una alianza o agrupación en particular. Porque hay oxímoron desde el momento en que la actividad política se propone para mejorar la calidad de vida de la gente y termina construyendo la abrumadora realidad actual. Por eso, no extraña que se "gane perdiendo" o se "pierda ganando". La práctica política argentina toda es un oxímoron. Peor aún. Ni siquiera llega a serlo, porque está plagada de contradicciones, pero no se le encuentra el nuevo sentido.
