La peluquería, un oficio que resiste al nuevo confinamiento
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Forma parte de los rubros no-esenciales que tuvieron que cambiar la modalidad de atención ante las nuevas restricciones. Si bien desde el sector aseguran que los peluqueros a domicilio "existieron siempre", la pandemia potenció esta costumbre. "Es como estar viviendo como dentro de una película, algo que nunca me hubiera esperado", dijo Alberto Juncos y manifestó que la demanda de trabajo cayó hasta un 50 % en una profesión en la que se desempeñan unas 400 personas en San Francisco.
Mauricio Argenti|LVSJ
"Si no me dejan trabajar adentro, tengo que hacerlo afuera". Las últimas restricciones que se aplicaron por la pandemia de Covid -19 hicieron viral la imagen de un peluquero cordobés atendiendo en la vereda de su local en San Martín, con el claro objetivo de visibilizar la difícil situación que atraviesa el rubro de la cual las peluquerías de San Francisco no están ajenas.
Por la pandemia, la imposibilidad de mantener una distancia mayor a 1,50 metros entre peluquero y cliente llevó a que esta actividad hoy esté experimentando una disminución del orden del 50 %. No obstante, en las peluquerías de la ciudad se trabaja con estricto protocolo, muchas de ellas mediante el otorgamiento de turnos que limitan al máximo posible la cantidad de personas dentro del salón.
Además, tanto el peluquero como el cliente, permanecen en todo momento utilizando el tapaboca y los locales se mantienen ventilados. Estas y otras acciones debieron ser aplicadas por los peluqueros para poder retomar la actividad, luego de que en 2020 estuvieron 60 días sin poder trabajar.
Alberto Juncos es un peluquero que tiene una dilatada experiencia en la actividad. Uno de los históricos que quedan en San Francisco y atiende a diario en su local de Iturraspe al 1700.
Con 63 años de edad y 51 de profesión, Alberto se muestra orgulloso de señalar que "hace más de medio siglo que estoy dando vueltas alrededor del sillón". Y tras reconocer que lleva como peluquero "toda una vida", dijo que aún tiene muchas ganas de seguir desempeñando esta actividad porque "yo amo lo que hago".
A lo largo de su trayectoria fue cosechando diversas experiencias ganadas entre tijeras y navajas. No obstante, reconoció quela pandemia que está azotando al mundo "nos hace estar viviendo como dentro de una película", ya que "es algo que nunca me hubiera esperado".
Tras reconocer que la pandemia "afectó la actividad" dijo que para seguir adelante con su oficio"hubo que hacer cambios necesarios para el bien de todos".
En este contexto,
con nuevas disposiciones sanitarias, Juncos dijo que "los clientes se cuidan
porque son conscientes de todo lo que está ocurriendo". No obstante, resaltó
que "trabajando con protocolo sanitario se reduce mucho el riesgo".
"Siempre usamos tapaboca, el alcohol diluido está a la orden del día y a disposición de todos en el salón, así como también la ventilación permanente. Sabemos que hay que protegerse para cuidarnos".
Peluquería a domicilio, una necesidad
Durante la etapa más dura del aislamiento, algunos peluqueros optaron por hacer trabajos a domicilio con el objetivo de continuar en actividad y de esa manera poder generar recursos para sobrevivir.
Igualmente, esta alternativa para otros significa la posibilidad de trabajar sin tener que afrontar la asfixiante presión impositiva que implica contar con un local propio que, en muchos casos, se termina llevando gran parte de la exigua ganancia que reciben por su trabajo.
"Si los peluqueros que van a domicilio lo hacen guardando todas las normas de higiene y seguridad sanitaria, está bien", sostuvo para reconocer que esta costumbre "existió siempre".
"La peluquería a domicilio se realizaba antes de la pandemia, se hace ahora y continuará una vez que todo esto termine", aventuró Juncos para luego señalar que "esto permite que muchas personas que no pueden movilizarse por sus propios medios y están en su casa puedan recibir el servicio de la peluquería a domicilio. Por todo esto yo creo que el peluquero a domicilio es una necesidad".
"Muchos profesionales de la peluquería, especialmente mujeres, van a domicilio a hacer color y peinar a sus clientas mientras que algunos hombres también van a hacer sus cortes, casa por casa", agregó.
Hay menos clientes
Mientras continuaba relatando su experiencia personal con la manera en que la pandemia influyó en el trabajo diario, Juncos explicó que"en mi caso el trabajo disminuyó en un 50 %" con relación a lo que tenía antes de las restricciones.
"Yo trabajo mucho con clientes de otras localidades como Esmeralda, Freyre, Las Varillas, Devoto, La Francia y Zenón Pereyra. Esto que está pasando nos corta la actividad a todos porque estas personas no pueden entrar a San Francisco, dijo.
De todas maneras, reiteró la necesidad de "seguir adelante, trabajando siempre con protocolo tal como lo establecen las normas nacionales, provinciales y municipales".
Juncos reconoció que la imagen del peluquero "take- away" que se viralizó en las redes sociales "causó mucho impacto" entre la opinión pública y estimó que esto ocurrió "para que se tome conciencia de todo lo que está pasando y cómo nos perjudica a nosotros".
"Con las restricciones de la pandemia nos perjudican mucho a los peluqueros y esto fue tomado como una manera de protestar ante lo que está pasando", dijo.
Peluqueros
agrupados
Actualmente, San Francisco cuenta con alrededor de 80 peluqueros nucleados en el Centro de Peluqueros de San Francisco -Mitre 653- aunque se estima que, en este momento, nuestra ciudad unas 400 personas desarrollan esta actividad.
Este centro funciona en una sede propia que además dispone de un salón con capacidad para cien personas y también cuenta con personería jurídica. "Ante la necesidad que hay actualmente podemos decir que la pandemia nos unió y eso fue muy positivo para todos", rescató Juncos el -"vaso medio lleno" de todo esto.
"En este momento está muy difundida nuestra actividad. Podemos decir que en cada manzana de cada barrio de la ciudad hay uno o dos peluqueros", dijo para luego reconocer que pese a la gran oferta existente "la actividad es rentable, se puede vivir bien de la peluquería".

"Con las restricciones de la pandemia nos perjudican mucho a los peluqueros", dijo Alberto Juncos.
En su caso particular, Juncos expresó que "yo soy peluquero y lo he sido toda mi vida. Siempre me dediqué de lleno a esto porque es algo que me apasiona y además para mí es una actividad rentable".
Si bien no hay una tarifa establecida entre los diferentes peluqueros de la ciudad, la amplitud de la oferta de peluquerías está directamente relacionada con la diversidad de precios. Están aquellos que trabajan por 300 pesos mientras que otros, por el mismo corte, pueden llegar a cobrar hasta 800 pesos.
Igualmente, algunos además del corte de cabellos algunos se especializan en peinados. En este caso, las tarifas suelen ser mayores, dependiendo precisamente de la experiencia y el servicio que brinde cada peinador en particular.
El corte a la navaja, una técnica en extinción
Si bien Alberto se define como "un especialista" en hacer cortes de cabello a la navaja, reconoce que este estilo "se encuentra en extinción".
"Yo todavía conservo clientes a quienes les gusta que utilice la navaja para el corte. Para hacer esto hay que tener mucha destreza y eso se adquiere con la práctica. Un corte íntegramente realizado a la navaja suele ser más caro que uno a tijera, pero el resultado también es diferente, por supuesto", comentó.
Discípulo de George Benatar, peluquero francés, maestro internacional en cortes a la navaja, Juncos dijo que aprendió esa técnica "cuando apenas empezaba en la peluquería, tenía 14 años y me encantó ese estilo".
Recordó también que el estilista galo "fue el primero en su género que vino a la Argentina a dar clases" dentro de lo cual en el año 1967 visitó la ciudad de Córdoba y hacia allí fueron los mejores peluqueros de la ciudad en esa época como su padre junto a otros como Roteda, Mazzurco y Cerino, Carlen, entre otros".
Además, recordó que durante una clase que el peluquero francés brindó en San Francisco le preguntó a un joven Alberto que apenas entraba en la adolescencia "¿A vos te gusta la navaja?" mientras me veía cómo jugaba con una en mi mano. "¡Qué habilidad que tenés!", me decía y le contaba que me había criado con mi padre dentro de su peluquería y que era algo que me encantaba".
