La pareja suiza que emociona con una historia que sintetiza el amor entre una madre y su hijo
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Imagenes/Image8463af86c8c643e18072d2e5ae95fcbd.jpg)
La ilustradora Albertine y el escritor Germano Zullo llegaron a la Argentina para participar del Festival de Literatura Infantil, Filbita.
La ilustradora Albertine y su pareja, el escritor Germano Zullo, creadores de "Mi pequeño", el libro que emociona por su trazo delicado y por la conmovedora forma en la que sintetiza el amor entre una madre y su hijo, llegaron a la Argentina para participar del Festival de Literatura Infantil, Filbita, que se realizó en Buenos Aires.
Los creadores, ambos suizos, se conocieron hace muchos años en un pequeño café y desde ese día no se separaron más. El amor los encontró sumidos en su profesión: ella ilustraba para periódicos y él escribía libros. Ambos prometieron no mezclar sus artes, pero fue imposible y fue tan intensa su producción que el año pasado fueron premiados en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, el encuentro más grande del mundo en la materia.
La que dio inicio a esa relación laboral fue una editora que durante un concurso los animó a llevar ese amor que se prodigaban al papel. Así nació "El pequeño fantasma", y eso desató una tormenta de creación, entre las que se encuentra la serie "Marta", "El regalo de los reyes magos" "Línea 135" y "Los pájaros".
Entre esa creaciones el libro más conocido a nivel local es "Mi pequeño" (Limonero), un libro que habla de la vida con la emoción del trazo de Albertine y las precisas palabras de Germano que acompaña las ilustraciones.
"Llegaste... ¡Por fin! Te esperaba.¡Mi bebé, mi niño, mi pequeño!, le dice una mujer a su hijo recién nacido en el libro, en el que página tras página se ve a una madre acunando a un pequeño que crece entre sus brazos y que de adulto, acunará a su madre, devolviendo el amor que ella le prodigó.
"Estamos próximos a cumplir 50 años y nos dimos cuenta de que nuestros padres se van convirtiendo en nuestros hijos y nosotros nos convertimos en sus padres. Sin querer nos damos cuenta de la fuerza de los genes, copiamos gestos, maneras de actuar o decir sólo para contenerlos en este instante de sus vidas en la que se vuelven más débiles", sostienen los artistas en diálogo con Télam.
-Es un libro que lo pueden leer chicos, grandes y ancianos. ¿Les llevó mucho tiempo condensar la historia?
- Albertine: No pensamos en la edad de nuestros lectores sino en la historia misma. Particularmente, cuando teníamos la idea de lo que queríamos contar me llevó casi dos años y medio encontrar la herramienta con la que elaborar los trazos. Probé distintos pinceles, carbonilla, acuarelas... un montón de elementos hasta que finalmente me sentí cómoda con los trazos que se ven en el texto. Pero lo más importante es que este libro curó la ansiedad de querer tener un hijo.
- Germano: No pensamos en los mensajes de los libros. Es algo que fluye entre nosotros. Observamos mucho a nuestro alrededor, contemplamos el mundo y de ahí surgen las historias que trasladamos a nuestras obras. No es que quiera contar determinada cosa sino que nos ponemos al servicio de lo que pase. Yo escribo y Albertine habla a través de su arte, es la parte sentimental de las historias.
-¿Se sienten cómodos trabajando juntos?
- A: Sí, mucho! Encontrarlo a Germano fue lo más maravilloso que me pasó en la vida. Es un escritor que piensa mucho en lo que va a escribir y cuando lo hace, escribe lo esencial de la vida. No adorna tanto las palabras.
- G: Pero a veces se torna un poco complicado...
-¿Hay muchas peleas a la hora de producir?
- A: Hablamos mucho sobre la idea del libro, pensamos cómo contar la historia que tenemos entre las manos. Yo lo elaboro muchos desde la imagen y pienso todo el día y por ahí digo: "Ya está, lo tengo" y aparece él y se espanta de lo que hice porque no es lo él tenía en mente y ahí.... bueno, tengo que comenzar todo de nuevo. Él es más cerebral. Si bien tengo una gran libertad para trabajar con él, hemos encontrado el punto para no tener grandes discusiones.
La pareja conocida por sus libros de literatura infantil también corrió la línea de la frontera y cruzó a la otra vereda: la literatura erótica. Hace un tiempo fueron convocados por un galerista para colaborar con su exposición. De ese encuentro con el arte Albertine y Germano produjeron una edición limitada en pequeño formato bajo esa temática que aún no tienen ninguna traducción.
-¿Dónde se sienten
más cómodos, trabajando en la literatura para chicos o la de los adultos?
- G: Es difícil responder porque lo que en realidad nos interesa es contar una historia en el género que sea. Una cosa con la que no estamos de acuerdo es, por ejemplo, que a veces rechazan nuestros libros infantiles porque no están destinados para niños dicen los adultos encargados de acercarle los libros a los chicos, llámense docentes o bibliotecarios. Ellos aseguran que no pueden mostrarle nuestros libros a los chicos porque no los comprenden, no son pedagógicos... Nuestros libros hablan de sentimientos, de amor, de amistad y a los chicos hay que acercarles todo, porque entienden todo.
- A: Los chicos están en el momento de la curiosidad, de la exploración, hay que brindarle todo tipo de texto no solo los Disney donde catalogan todos los temas. Los chicos se mueven por los sentimientos.
