La "otra" cuarentena de la que logró salir Josías
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El joven de 21 años superó su adicción a las drogas y hoy se enfrenta al desafío de atravesar la cuarentena lejos de la granja donde se recuperó.
Por Stefanía Musso | LVSJ
En la casa de los Morero huele rico. Josías cocinó junto a su hermana Priscila exquisitas donas que vende luego de obtener los $10.000 del Ingreso Familiar de Emergencia, dinero que invirtió en materia prima y utensilios para trabajar de la profesión que aprendió de su papá panadero.
Este proyecto, como lo están haciendo tantas otras personas que buscan una nueva oportunidad en su vida en medio de la cuarentena por la pandemia del coronavirus, es un paso hacia delante y un empezar de cero para este joven de 21 años.
Él regresó hace una semana a su casa paterna del centro de rehabilitación donde estaba internado recuperándose por su adicción a la cocaína.
Su nombre significa "al que Dios ayuda" y así fue. Se internó de manera voluntaria por un año y ocho meses, y con el alta de los voluntarios del lugar. Josías, hoy se enfrenta nuevamente a los demonios que quedaron acá y el encierro, situación que puede disponerlo a recaer en eso que lo dominó por cinco años.
"Hacía muchos años que no me sentía así. Hoy tengo una forma de pensar, de sentir, de vivir muy diferente a las que tenía años atrás cuando estaba en las drogas. Hoy puedo sentarme y disfrutar unos mates con mi vieja, compartir una cena con mi familia, puedo tener metas y trabajar. Voy a terminar el secundario y sueño con ser profesor de Educación Física", dijo el muchacho a LA VOZ DE SAN JUSTO.
"Estoy reestructurándome y recuperando todo el tiempo que perdí por mi adicción a la cocaína. Tengo ganas de vivir pero tengo que cuidarme muy bien porque estar en casa es un desafío grande. Mis nuevas convicciones me ayudan a salir adelante", agregó.
Adolescencia perdida
Josías se acercó a las drogas por primera vez a los 14 años, en plena etapa del secundario. Inocente, sin saber de qué se trataba, según cuenta él, su adicción lo llevó a dominar su vida. "Conocí las drogas por primera vez en el baño de la escuela, cuando cursaba segundo año. Me acuerdo que lo vi a un compañero que tenía en las manos una bolsa blanca. Me dijo: ¿querés? ´y sin pensar le dije que sí. La probé y lo primero que comí fue un chupetín por el sabor amargo que tenía", recordó el joven.
Ese fue el inicio que duró durante cinco años. "La cocaína te eleva al máximo pero como te sube, te caés. Cada cuarenta minutos sentís que tenés que volver a consumir. Es engañosa. Al principio es atractiva, seductora y placentera pero pasaron los años y te va acabando".
Josías confesó que consumía en cualquier lugar y en todo momento. "Los primeros años lo hacía bien, a escondidas. Me drogaba en la escuela, en mi habitación, pero después; cuando te va atrapando, no salís más. Me acostaba pensando de dónde podía sacar el dinero para poder comprar la droga que iba a consumir al otro día. Cuando pensaba en la droga, se me revolvía el estómago, empezaba a sentirme mal".
Para el adolescente era fácil conseguir droga. "En San Francisco se puede conseguir en cualquier lugar y en cualquier momento y la venta estaba protegida. Si vos comprabas, tenías garantizada la seguridad de que nada te iba a pasar", confesó.
La necesidad de consumir lo llevaba a hacer lo que sea para conseguir dinero. "Una bolsita de 50 pesos me alcanzaba para media hora. Necesitaba plata y más plata. Le robé a mi mamá y a mi papá, vendí toda mi ropa, mis objetos personales, perdí el trabajo. La droga me sacó todo lo que tenía. No podías deber dinero porque si lo hacías, y me pasó, te cruzaban el auto y te robaban todo".
"La droga me llevó a perder todo. Mis amistades, dejé el colegio en tercer año y el boxeo que era lo que más me gustaba. Ya ni me bañaba y estaba siempre desprolijo. Lo único que usaba era una remera rota, un pantalón un par de crocs, una azul y una negra", destacó.
Josías contó que antes de internarse ya no era él y que está destruido físico y mentalmente. "Llegué a pesar 24 kilos menos y era un desastre. Me iba de mi casa a las dos de la tarde y volvía a las seis de la mañana del otro día totalmente drogado. Y cuando llegaba a casa maltrataba a mi mamá y hasta llegué a pegarle mi papá" contó el joven.
Josías recordó que antes de internarse iba por casas abandonadas para esconderse y drogarse. "Una vez, probé el "pipazo", que es la droga de los pobres porque se saca de la mezcla de restos de pasta base de la cocaína con otros ingredientes. Fumar eso me hizo diez veces más adicto", confesó el joven.

El sol después de la tormenta
Josías contó que con tan solo 19 años estaba cansado y sin ganas de vivir. Su familia que son evangélicos tomó la decisión de convencerlo para que empezara un tratamiento. "Me acuerdo el día que empezó a cambiar mi vida. El 14 de diciembre de 2018, mi mamá me fue a buscar a un lugar donde me estaba drogando antes que se desatara la tormenta. Ese mismo viernes, con toda la ciudad destruida, nos fuimos a Santa Rosa de Calamuchita para internarme".
"Cuando luchás contra la abstinencia, es porque sabés que podés conseguir droga, pero internado allá, era imposible conseguirla. Eso me ayudó a curarme pero los recuerdos estaban, me dolía la panza, tenía ataques de ansiedad y cambios de humor", afirmó el muchacho.
En medio de su internación voluntaria, Josías empezó a estudiar en el Instituto Bíblico y aunque al año ya estaba con el alta, decidió quedarse por ocho meses más como colaborador de los chicos que iban llegando al lugar para tener una nueva oportunidad como él.
Tras declararse la cuarentena con el coronavirus, Josías pensó que era hora de volver a casa con un nuevo desafío. Pasar este nuevo tiempo de confinamiento junto a los suyos y demostrar que está preparado para enfrentar nuevos proyectos. "Las adicciones te apagan la vida. En cinco años perdí amigos, salud, los deportes que tanto me apasionaban y solo me dediqué a hacerme daño a mí mismo. Hoy siento que tengo una nueva oportunidad", concluyó.
Adicciones en pandemia
Según el médico psiquiatra Javier Alonso (M.P 20547 - M.E 9035), director de Clínica Privada de Siquiatría, San Francisco; "la cuarentena, en general, no cambia la vida de los adictos. En algunos casos, el adicto está salteando y no respetando las reglas de cualquier tipo ya que el consumo es una actividad prohibida, lo hace a escondidas y a espaldas de la sociedad".
"El consumo y dependencia de sustancias, hace que enfoque toda su vida para conseguir y ver el momento de drogarse por lo que violará la cuarentena para cumplir con su objetivo", comentó Alonso.
En el confinamiento, "estar con la familia puede ser de ayuda para su contención y disminuir la periodicidad del consumo, pero no por eso, dejan de hacer lo imposible para conseguir la droga", aseguró el médico.
Si bien los tratamientos de recuperación de las adicciones se hacen alejados de la sociedad, en los casos que se realicen rehabilitaciones ambulatorias, Alonso dijo que "la familia y el paciente deben seguir ciertos protocolos que indican los profesionales, pero también hay líneas telefónicas que pueden acompañarlos".
Alcohol no social
Sin la posibilidad de salir, el consumo de alcohol se convirtió en un hecho no social pero que algunos alertan el aumento del mismo. "El encierro llevó a tener más tiempo de ocio y puede llevar a consumir alcohol, por ejemplo, pero eso no significa que la persona sea alcohólica", explicó Alonso.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud alertó que las personas eviten el consumo excesivo de bebidas alcohólicas durante la cuarentena ya que hacerlo compromete el sistema inmunológico y aumenta el riesgo de resultados adversos en relación con el coronavirus.
Entre la angustia y la depresión
El
médico psiquiatra confesó que los primeros días de cuarentena, fue poco el
movimiento en su clínica pero que en los últimos días hubo un repunte de
consultas orientadas a situaciones de enojo, depresión y ansiedad. El alcohol, en ese caso, puede ayudar a
mitigar estos sentimientos. "El encerramiento y la falta de libertad pueden ser
enfermantes y quienes tienen mayor predisposición al consumo pueden llegar a
utilizar las drogas o el alcohol para mitigar el enojo, la angustia, la
ansiedad y la depresión que puede causar la cuarentena", concluyó.
¿Dónde acudir?
La Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) mantiene la línea 141, un servicio telefónico de primera escucha y asistencia inmediata, anónimo y gratuito, que funciona durante las 24 horas, todo el año, a través del cual se responde con información, atención y acompañamiento para situaciones de consumo de sustancias.
