La Navidad: entre cervezas, recuerdos y cultivos
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Las representaciones de la navidad pueden ser diversas, desde las más efusivas a las antagónicas. No obstante, en la literatura, como en la vida misma, este juego de posicionamientos puede no ser siempre tan definido. No es el caso del escritor Henry Charles Bukowski, conocida es la sentencia: "Mi alma borracha de cerveza es más triste que todos los árboles de Navidad muertos del mundo (My beerdrunk soul is sadder than all the dead christmas trees of the world)".
En una extensa
entrevista (The Charles Bukowski Tapes) en la que se lo ve en distintos
episodios opinando sobre temas varios, casi siempre con una botella de cerveza
o un vaso de vino alimentándolo, el creador de Henry Chinaski -su alter ego-
expresa: "Se ve a la gente ir a los restaurantes por comida. Ellos ni siquiera
quieren comer. Van allí porque es hora de comer. Ni siquiera están
hambrientos". Un episodio más de un gran proceso rutinario, en el que el ser
humano se ve inserto, sería para Bukowski la navidad. ¿Brindar? Pues, a eso lo
hacía todos los días chocando vasos con el cinismo.
Como a priori pareciera, quizá no tan dispar sea la posición en el relato de otro escritor que encontró muchas veces un refugio en el alcohol: Truman Capote, quien en 'Un recuerdo navideño' rememora un episodio de su infancia, a los siete años, en compañía de una prima lejana de "setenta y tantos", diferencia etaria no influyente en el plano afectivo, "los dos somos el mejor amigo del otro". Entre ambos se entreteje un episodio alrededor de la elaboración de unas tartas de frutas. La salvedad al comienzo del párrafo se debe a que, siendo mayor, no sabemos qué pensaba Capote sobre la navidad. Y podríamos caer en el acto de divagar: ¿Elige hacerlo de este modo en el relato porque nunca más la vivió o sintió como entonces?
Tal vez no sean pocos quienes vean en el brillo de una bola en el árbol el ojo de la cerradura a una infancia recóndita. Infancia que pudo no haber sido la de Bukowski, si tomamos en cuenta su novela de corte autobiográfico, tal vez la mejor de su autoría, 'Ham on Rye Black Sparrow' (titulada en castellano como 'La senda del perdedor').
Lo cierto es que la navidad es una festividad cultural que transcendió su sentido religioso. No hay posiciones superadoras: ante ello, otro (el) brindis sería a la libertad de cómo cada uno desee o pueda vivirla.
En su poema 'El cultivo de los árboles de navidad', T. S. Eliot elige quedarse con una, he aquí un fragmento: Existen diversas actitudes en relación con la Navidad,/ y de alguna de ellas podemos hacer caso omiso:/ la social, la torpe, la manifiestamente comercial,/ la bulliciosa (los bares están abiertos hasta la medianoche),/ y la infantil, que no es la del niño/ para el cual cada vela es una estrella, y el ángel dorado/ desplegando sus alas en la copa del árbol/ no es solamente un adorno, sino un ángel./
El niño se maravilla ante el árbol de Navidad: / dejadlo que continúe con ese espíritu de maravilla/ ante la Fiesta, como un evento aceptado, no como un pretexto; / de modo que el luminoso enajenamiento, el asombro/ del primer árbol de Navidad recordado, / de modo que las sorpresas, las alegrías de las nuevas posesiones/ (cada una con su inconfundible y excitante perfume) y la espera del ganso o del pavo, / y el expectante momento de su aparición, de modo que la reverencia y el gozo/ no sean olvidados en las experiencias posteriores, / en la fastidiosa rutina, la fatiga, el tedio, / el conocimiento de la muerte, la conciencia del fracaso.../
