La “Messi-manía” según un especialista en el fútbol francés
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Daniel Alberto jugó 12 años en el país galo, en distintos clubes, incluyendo el Racing de París, clásico rival del PSG, donde le tocaba defender a Carlos Bianchi. Hoy, con mirada de entrenador, el exSportivo dijo que Mauricio Pochettino tendrá que "convencer a todos estos fenómenos -el astro argentino, Neymar, Mbappé y compañía- de jugar para el equipo".
Por Manuel Montali | LVSJ
Daniel Alberto, exfutbolista y entrenador radicado en nuestra ciudad analizó el fervor generado en la capital del país galo luego de que Lionel Messi dejara el Barcelona para unirse al París Saint Germain. Este ex marcador central militó doce años en distintos clubes franceses, incluyendo el Racing de París, clásico rival en aquellos años del PSG, donde le tocaba defender a Carlos Bianchi. Y si bien se lamentó que el astro argentino dejara el club en donde brilló, lo consideró como un "nuevo inicio".
Alberto nació en San Martín de las Escobas (Santa Fe) el 19 de abril de 1956. Junto a su hermano Mario comenzaron a jugar en la liga local, donde enfrentaban equipos de toda la región. Siempre en la "cueva", ocupando la posición de 2 o de 6, con un juego aéreo muy destacado, llegó a Sportivo Belgrano en los primeros años de la década del '70, para ponerse a las órdenes de Jorge Omar Sanitá.
"La Liga Cordobesa era muy fuerte en ese entonces, con nivel de lo que sería hoy un Nacional B, por lo menos, con Talleres, Belgrano, Instituto y Racing, que eran equipazos, tal es así que participaban en los nacionales y siempre andaban bien", recordó.
En el "Matador" cordobés, por ejemplo, le tocó cuidar el arco de jugadores como Luis "Hacha" Ludueña, Valencia, Alderete, José "Pepona" Rinaldi y Humberto Bravo, que luego compartiría equipo con él en Francia.
Independiente, en sus mejores años de gloria y a través de un socio de José "Pato" Pastoriza que solía asistir al Oscar C. Boero, se fijó en Alberto. Pero la carrera del defensor estuvo a punto de quedar trunca, cuando en un partido lo expulsaron por agredir a un árbitro.
"Me contuvieron y por suerte no pasó a mayores. Lo empujé y lo tumbé, porque nos entregaban siempre en aquella época de la Liga Cordobesa. Me iban a dar dos años de suspensión, pero como estaba en la selección de la Liga Cordobesa, me dieron seis meses, y eso permitió que Sportivo me dejara ir", contó.
Así llegó en 1976 al "Rojo" donde hacían historia Bochini, Bertoni y compañía. Él era el primer recambio para la dupla histórica de marcadores centrales formada por el sanfrancisqueño Enzo Trossero y Villaverde. Estuvo unos 3-4 meses jugando en reserva hasta cumplir la suspensión. Recordó incluso entre risas que Pastoriza lo incluyó como suplente en un clásico contra Racing, en medio de esa sanción, y que luego lo llamó para retarlo paternalmente el presidente del club, nada menos que Julio Grondona, por no haber avisado de la suspensión y haber corrido riesgo de jugar y que luego el rival pidiera los puntos. "Nos mataban a todos", le dijo Grondona.
Ese plantel ganó el recordado Nacional en 1978, jugando en Córdoba contra Talleres, partido en el que les expulsaron tres jugadores y lograron igualar 2-2. "Yo estaba de suplente en ese partido. Nos queríamos ir de la cancha. Pero Pastoriza nos hizo quedar. Nos dijo que siguiéramos jugando, que pusiéramos lo que teníamos que poner. Y se dio esa jugada en que hay una sucesión de toques que ningún jugador de Talleres, siendo tres más, interrumpió con foul. Si lo hacían, se terminaba la historia. Pero pudimos empatar y salir campeones. Pastoriza me dijo: festejá pibe, que no sabés si vas a volver a salir campeón otra vez. Y tenía razón: nunca más volví a salir campeón. Así que esa noche pasamos de largo".

Daniel Alberto, en sus tiempos de futbolista, defendiendo los colores de Independiente.
Trazando un paralelismo entre los genios con los que compartió ese equipo y los cracks actuales, aseguró: "Bochini los martes no entrenaba y, los miércoles, pocas veces. Los jueves que hacíamos fútbol, no faltaba. Para la época, en que no había que correr tanto, era un genio. Un jugador que si hubiese sido un poquito más profesonal podría haber jugado en cualquier lugar del mundo y ganado fortunas. Pero le gustaba Independiente y estaba cómodo, con un técnico como Pastoriza, que cuando el profe Daguerre le ponía multas al Bocha, Pastoriza se las pagaba. 'Total el domingo nos va a hacer ganar el partido', decía".
Junto a ello, afirmó: "Ahora tenés que estar muy bien físicamente, además jugás cada tres días. Si no hacés buena pretemporada, entrenás y te alimentás bien, se hace muy difícil. Igual pienso que el que era buen jugador antes, también lo sería ahora".
El
salto al fútbol francés
En 1978, inversores franceses consultaron a César Luis Menotti sobre un marcador central y un delantero. El entrenador de la selección argentina les marcó a Trossero. No obstante, Alberto recordó que, quizá porque había elecciones y Grondona quería esperar antes de vender a uno de los referentes del club, les sugirió que lo llevaran a él a préstamo: "Los franceses aceptaron. Me fui por diez meses y me quedé doce años".
Su primera temporada la jugó en el Racing de París, que tenía como clásico al PSG.
"Yo venía de Buenos Aires, una ciudad grande, pero igual París me pareció algo fabuloso. Me acuerdo que salía a caminar por la ciudad, porque no tenía auto, por los Campos Elíseos. Y era una ciudad única, más allá de que no acompañaba mucho el tiempo, porque predominaban el frío y la llovizna. Fue una linda experiencia. Tenía que aprender el idioma para adaptarme, y nos habían puesto una profesora en el Racing. A Humberto Bravo, que llegó conmigo, le pasó que había firmado un contrato por cinco años y al cabo de un año se volvió porque no se integraban con su familia. Después me reprochaba en broma por qué no lo había obligado a quedarse", dijo.
Sobre el nivel de la liga, precisó: "Era muy competitiva. En esa época el más fuerte era el Saint Etienne, donde jugaba el argentino Osvaldo Piazza. Después estaban el Nantes, el Mónaco, el Bordeaux también. París Saint Germain estaba lejos de ser lo que es hoy. Pero lo tenían a Carlitos Bianchi. Tuve la suerte de jugar un clásico en el que los goles los hicimos él y yo. Otro argentino en ese equipo era Ramón Heredia".
Acerca del exgoleador y entrenador argentino, añadió: "Habíamos hecho una gran amistad y nos juntábamos siempre, todos los domingos a la noche en su casa, porque él quería ganar la bota de oro (premio al goleador del año), así que comíamos algo y mirábamos los resultados de los otros países, para seguir los goleadores. Lamentablemente, no se le dio nunca".
Luego de un año, pasó al Racing Club de Lens por tres temporadas, y después siguió en Ruan (cuatro años), Laval (dos años) y pasó a desempeñarse en segunda división, un año en Nimes (cuyo propietario era Jean Bousquet, dueño de la marca Cacharel), y otra temporada en Tours. Así como le pasó al comienzo, con la expulsión, su carrera estuvo nuevamente a punto de terminar de forma abrupta, cuando en una ocasión, en una práctica, un compañero le dio un rodillazo que le quebró una costilla, perforándole un pulmón. "Cuando volví a mi casa, no podía respirar. Me vinieron a buscar y me internaron, me salvé por poco: demoraba un rato más y no sobrevivía".
En la cancha, cuando le tocó defender a Carlos
Bianchi.
En 1990, con 34 años, regresó a nuestro país. Jugó brevemente en la Liga Rafaelina, defendiendo los colores de Atlético María Juana, hasta que decidió retirarse y comenzar su carrera como entrenador, lo cual hizo durante veinte años, incluyendo su paso al frente de Sportivo Belgrano en su primera temporada en el torneo Argentino A. Hoy, es su hijo Jordán quien sigue ligado al club de nuestra ciudad. "Cada uno tiene su época. El fútbol es muy competitivo, hay que seguir aprendiendo continuamente. Ya era hora de dejar lugar a la gente joven, con ganas y entusiasmo", manifestó.
"Pochettino va a tener que trabajar muchísimo"
Alberto, que había viajado solo para su primera experiencia en París, regresó a los tres meses para casarse. Luego volvió a Francia y tuvo allí a sus dos hijos. La hija, Melanie, vive actualmente en la "Ciudad de la luz". Así que tanto por su pasado futbolero como por su hija, Daniel ha podido regresar en distintas ocasiones a la tierra en donde hizo la mayor parte de su carrera. Cuando vuelve, disfruta sobre todo de ir a visitar el "Parque de los Príncipes", hoy estadio del PSG, ese templo futbolero en donde tuvo la oportunidad de jugar y que ahora espera por el debut de Messi.
Sobre la llegada del "10" argentino, dijo: "A mí siempre me gustó verlo jugar en Barcelona, en donde logró tantas cosas con un grupo de jugadores que estuvieron un montón de años juntos. Tendrá sus razones de por qué eligió el París. A lo mejor es un nuevo inicio en su carrera, si bien transita sus últimos años, como para motivarse de nuevo. Tiene varios compañeros argentinos y el PSG es un gran equipo. Van a tratar de ganar la Champions, que es el objetivo principal, porque ganar la liga francesa no creo que les aporte mucho".
Con mirada de entrenador, analizando lo que el equipo necesita para concretar este desafío, que se le ha escapado por poco en los últimos años, comentó: "Han traído muchísimos jugadores. Pero no sé quién va a recuperar la pelota. Porque todos van para arriba, son unos fenómenos en ataque. Sin embargo, se necesita del esfuerzo de todos cuando se pierde la pelota. (El entrenador) Mauricio Pochettino va a tener que trabajar muchísimo en la recuperación, porque si no se le va a hacer muy complicado. En la Champions se van a enfrentar con equipos alemanes que lo pueden pasar por arriba, italianos y españoles también muy complicados. Y Pochettino tiene que convencer a todos estos fenómenos de jugar para el equipo".
Finalmente, viendo el furor que desató la llegada de Messi, con los hinchas enloquecidos, ovacionándolo incluso antes de su debut y comprando su remera como "pan caliente", expresó divertido: "No sé cómo será el público francés ahora dentro de la cancha. En la época en que jugué yo, era más frío. Ellos iban a un espectáculo: aplaudían si iba bien, y si no, no había mucho drama. Incluso perdiendo el partido te podían despedir con un aplauso. Acá te alientan, pero perdés el partido y a la salida te matan. No creo que haya cambiado mucho en ese sentido. Acá no cambió seguro: el que va a la cancha quiere ver al equipo ganar, y si no gana, no se salva nadie".
