La información es un bien común
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La información tampoco es -a pesar de los ríos de tinta que suscitó la metáfora del cuarto poder- un poder. La información es, antes que nada y sobre todo un deber". Para cumplirlo, en última instancia, la prensa tiene el poder de "servir a la información" y satisfacer el derecho que cualquier persona tiene de acceder a ella. Algo que, sin libertad, es imposible.
El 3 de mayo se celebra en todo el mundo el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Se recuerda la declaración de Windhoek, capital Namibia, África, donde se firmó una declaración patrocinada por las Naciones Unidas por la cual los países miembros se comprometían a respetar la libre circulación de información de interés público y a resguardar la seguridad de los periodistas y los medios de comunicación.
Aquella declaración se suscribió en 1993 establecía que, de conformidad con el artículo 10 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el establecimiento, mantenimiento y fortalecimiento de una prensa independiente, pluralista, y libre son indispensables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia en un país, así como para el desarrollo económico. Señaló, además, que por prensa independiente debe entenderse una prensa sobre la cual los poderes públicos no ejerzan ni dominio político o económico, ni control sobre los materiales y la infraestructura necesarios para la producción y difusión de diarios, revistas y otras publicaciones periódicas.
A casi tres décadas de la instauración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, las sombras de la pandemia jaquean a la prensa libre en muchos países. Incluso coloca a algunos medios de comunicación frente a la posibilidad cierta de su desaparición debido a la crisis internacional que se ha visto agravada con la amenaza sanitaria. Pero también por la acción deliberada de quienes se autoperciben como democráticos pero que no comprenden que la información hace al bien común y que, para conseguirlo, es vital que se informe con libertad.
Hace 15 años, en mayo de 2006, con motivo de la celebración de este día, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), afirmó que hoy "cuesta creer que, aún en democracia, no todos entiendan" el valor de la libertad de prensa. Varios lustros después la situación es muy similar. Resulta incomprensible que se continúe poniendo en tela de juicio un derecho esencial del ser humano, como es el de tener acceso a la información.
Por eso es válido el intento de las Naciones Unidas de incorporar a la información como un bien común. Se puede leer en el portal de la ONU que esta idea "hace énfasis en la importancia de valorar la información como un bien de todos y para explorar lo que se puede hacer en la producción, distribución y recepción de contenidos para fortalecer el periodismo y avanzar en la transparencia y el empoderamiento sin dejar a nadie atrás. El tema es de urgente para todos los países del mundo y reconoce el cambiante sistema de comunicaciones que incide en nuestra salud, los derechos humanos, las democracias y el desarrollo sostenible".
Es el mismo espíritu que se impone en el texto de la Declaración de Windhoek. Por eso que la información sea un bien público no es una novedad. Bien lo señala el periodista sanfrancisqueño Ricardo Trotti en su libro "La dolorosa libertad de prensa", al escribir que "la información no es el puro ejercicio de una libertad individual ni un objeto susceptible de apropiación a través del derecho de propiedad o de una cualificación personal. La información tampoco es -a pesar de los ríos de tinta que suscitó la metáfora del cuarto poder- un poder. La información es, antes que nada y sobre todo un deber". Para cumplirlo, en última instancia, la prensa tiene el poder de "servir a la información" y satisfacer el derecho que cualquier persona tiene de acceder a ella. Algo que, sin libertad, es imposible.
