La inclusión en sus manos: Emanuel es sordo y abrió su propia peluquería
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Este joven hipoacúsico desafió los prejuicios sociales y abrió su propio salón de peluquería y barbería en barrio La Consolata. Una historia para leer y aprender.
A medida que crecía, Emanuel Joaquín Martínez, enfrentó muchos argumentos contra su potencial desarrollo debido a su condición de discapacidad, pues él es sordo.
Este joven de nuestra ciudad, de 29 años, es hipoacúsico, y ayer por la tarde abrió las puertas de Estambul Peluquería y Barbería, un espacio de estética exclusivo para hombres.
Su dificultad física no le impidió capacitarse y ser un profesional para hoy embarcarse en este desafío laboral en barrio Consolata.
Con la ayuda de su familia, el peluquero, con experiencia laboral en Buenos Aires, desde ayer atiende a varones que buscan un cambio de look. En sus manos confluyen otra forma de comunicación y el talento para el corte y peinado.
Emprender a pesar de todo
Su sordera profunda bilateral requiere de la ayuda de un audífono para poder escuchar algo, pero la misma no le prohíbe ser esa suerte de psicólogo que suelen ser los peluqueros. Con sus clientes entablan charlas de futbol, política y mujeres.
"Tengo empuje y muchas ganas de salir adelante", cuenta Emanuel a LA VOZ DE SAN JUSTO.
El joven emprendedor cuenta con el apoyo incondicional de su mamá, Viviana Funes. Su carácter es amable, servicial y honesto. Todos lo aprecian y no por compasión, si no por ser él una persona natural, auténtica y optimista. "Si yo puedo, todos pueden. Ser sordo no es un impedimento porque es mi naturaleza. Estudié, trabajé, entonces no veo cuál es el problema para salir adelante", sentenció el joven.
"El no entiende de diferencias. Muchas veces me dice que pruebe ser sordo para que vea que eso no impide ser feliz", dijo su mamá.

Enfrentar lo diferente
La historia de la sordera de Joaquín comenzó después de su nacimiento. "Joaquín no era sordo en mi vientre. Nació con vuelta del cordón en su cuello, con un parto muy retrasado, ya que él tenía que nacer antes de las 12 del mediodía del 6 de abril de 1988 y cuando nació, ya pasaban las 17", recuerda Viviana.
Fueron días difíciles para la familia Martínez. "Emanuel estuvo muchos días mal en la incubadora, en estado de coma. Cuando fue dado de alta, el médico pediatra me advirtió que alguna secuela física o neurológica le quedaría y nos encontramos que era sordo pero de eso me di cuenta con el tiempo".
El peluquero es el tercero de cuatro hijos. Sus hermanos son Soledad, Germán y Antonela; la primera tiene un retraso neurólogo.
"Sabía lo que era tener un hijo con discapacidad, por Soledad, y supe desde el primer momento que mi tercer bebé, Emanuel, era especial", indicó Viviana.
"A los cuatro meses de nacido, noté que él no escuchaba y allí empezó mi preocupación. En aquel tiempo, los pediatras no reconocían con certeza la patología por lo que hice muchas consultas a diferentes profesionales de la salud y a todos los especialistas en otorrinolaringología posibles para ver qué pasaba con mi hijo y si realmente tenía la sordera que yo sabía que tenía. Un día, un médico de los de antes, me recibió y le dije: 'Yo sé que mi hijo es sordo, me doy cuenta de eso´ y con el miedo que piense que estaba loca, este médico me respondió: `Señora, si usted cree que su hijo es sordo, es sordo porque no hay mejor médico que la madre".
Allí empezó la lucha para que Emanuel tuviera una vida digna. "Al principio, su gravedad auditiva no era tan alta pero fue empeorando con el tiempo. En aquel momento, no teníamos el dinero para comprarle el audífono y por eso no podíamos mantenerle la audición que tenía y con el tiempo empeoró su patología", acotó la mamá.
Emanuel tiene sordera profunda bilateral, lo que lo hace sordo de ambos oídos. "A los cuatro años, recién empezó a usar audífono pero ya era tarde. Él tiene un resto auditivo que se apoya en el labio - lectura para comunicarse y el lenguaje de señas-, pero eso no impidió su progreso en la vida", dijo Viviana.
Emanuel cursó sus estudios primarios y secundarios muy estimulado por el Centro Municipal Interdisciplinario de Recuperación Infantil (Cemiri) y su familia también aprendió el lenguaje de señas para crear un clima de unidad en casa.
El deseo de trabajar y ser incluido
Tras terminar sus estudios, y en la búsqueda de una salida laboral inmediata, Emanuel comenzó el curso de peluquería en Noami Distribuciones Peluquería y Cosmetología de nuestra ciudad. "El tenía mucha inquietud por estudiar una profesión pero su miedo mayor era que por su condición de sordo no tuviera oportunidades laborales", comentó Viviana.
Tras estudiar y capacitarse, un "ángel" apareció en la vida de Emanuel. Se trataba de Daniel Pérez, también peluquero y sordo. "Él le ofreció hospedaje en la ciudad de Buenos Aires y allá, a la persona con discapacidad, le dan oportunidades como una persona normal, y más aún, tiene beneficios y prioridades; tanto en la salud, como en la educación, el trabajo y la recreación; hay accesibilidad e inclusión para las personas con discapacidad", añadió.
El joven se sintió integrado en la Capital, pero por cuestiones de la vida, tuvo que regresar a San Francisco y aunque fue difícil adaptarse, su familia lo ayudó a abrir su propio salón.
Consultado si se haría un implante coclear, Emanuel no lo toma como una opción. "Para él, ser sordo es su naturaleza", dijo la mamá y Emanuel asintió: "No veo impedimento de seguir adelante porque es mi naturaleza ser así, sordo. Yo no sé lo que es oír, soy sordo y si tuviera que ser oyente, sería otra persona que no soy".
"Por eso lo amo a mi hijo y todos lo hacemos, porque él es como es, auténtico y natural", reflexionó Viviana, al borde de la emoción, mirándolo.
