La historia de la muñeca Claudia, que emocionó a una coleccionista y a todos
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Arregladora de juguetes. Y te imaginas el taller de Gepetto cuando dio forma a un muñeco, hecho con madera, que tuvo como nombre Pinocho. En San Francisco, Natalia hace un trabajo silencioso y voluntario, que pocos hacen, y que en los últimos días le dio una grata sorpresa.
Por Stefanía Musso | LVSJ
Todos los objetos del pasado resguardan una historia. Natalia Clemente, tiene 40 años y es profesora y licenciada en Inglés. Desde hace casi un año, colabora de manera voluntaria de la Fundación Archivo Gráfico y Museo Histórico y es la encargada de mantener el sector de los juguetes.
Entre tantas piezas que se donan llegó "Claudia", la muñeca que perteneció a Neli, una abuela que soñó toda su vida con una y de grande pudo tenerla.
Con enorme cariño, Natalia la acondicionó y demostró su gran pasión por las muñecas que comenzó a coleccionar en la infancia y hoy rescata para ponerlas en condiciones.
A continuación, la historia de la muñeca Claudia, que llegó al museo y revolucionó las redes sociales. Pero también, nos dimos tiempo para conocer a Natalia; la "Gepetto" de los juguetes, que realiza un trabajo silencioso y voluntario.
- ¿Te imaginaste que la historia de "Claudia, la muñeca" tendría tanta repercusión en las redes? ¿Por qué crees que la gente siente tanta nostalgia y afecto por estos juguetes?
La verdad que fue una grata sorpresa que la historia de Claudia hubiese tenido tanta repercusión en las redes sociales. Personalmente, me llenó de orgullo no sólo por la labor incansable del Archivo Gráfico y Museo Histórico en la conservación y puesta en valor de los objetos donados sino también por haber aportado mi granito de arena para hacerlo posible. Creo que tal repercusión se debe en gran parte a la historia detrás de la muñeca que Sol (quien la donó) tan gentilmente adjuntó como un homenaje a su abuela y a todos los momentos que compartieron juntas jugando con Claudia. Pienso que son esos recuerdos los que hacen tan especiales y nostálgicas a las muñecas y juguetes en general: las historias detrás de todos ellos.
- ¿Cómo comenzó tu pasión por coleccionar muñecas? Y ¿Cuáles son tus favoritas para tener en tu colección personal?
En realidad, a varias de las piezas de mi colección personal las guardo desde mi infancia. Siempre me encantaron las muñecas y recuerdo pasar horas jugando con ellas y como mi abuelo las escondía de otros niños para que no me las arruinaran. De hecho, muchas me las regalaba él; recuerdo una vez que fuimos a un circo cuando yo tenía alrededor de cinco años y me encantaron los elefantes, así que mi abuelo me regaló uno de juguete que todavía conservo. También guardo varios juguetes que me regalaban mis padres, mi padrino y tíos, y en especial, recuerdo los acontecimientos en los que los recibí como navidades y cumpleaños, y cuáles son los que le había pedido al "Niño Dios" o fueron regalos sorpresa.
Muchos años más tarde, ya de adulta, decidí dedicarle un mueblecito a mis muñecas de la infancia. En esa época también comencé a ir a remates y en uno de esos compré mi primera muñeca de pasta alemana. Más adelante conseguí una argentina de papel maché, que es una de las más antiguas de mi colección que circa 1910-1920. Y de esa forma fui extendiendo mi colección personal, comprando en remates o en grupos de compra-venta de Argentina, algunas me traje de viajes que hice, otras me las regalaron porque estaban rotas y sabían que me gustaba restaurarlas y coleccionarlas y también tengo algunas muñecas que mi papá encontró tiradas, que fueron un desafío para arreglar.
En mi colección personal tengo muñecas de distintos materiales, tamaños y épocas, nacionales e internacionales, y ese "mueblecito" de un principio se convirtió en dos muebles grandes. De a poco se van apoderando de la casa, ya que las muñecas de mayor tamaño las tengo en los dormitorios. Es muy difícil elegir una favorita porque me gustan todas y podría decir que mi colección es ecléctica. En un futuro, me gustaría conseguir la muñeca Shirley Temple y algunas otras más difíciles y antiguas como las Kestner.

Sol, la nieta de la dueña de la muñeca, en el Archivo Gráfico y Museo Histórico.
- ¿En qué momento surgió la idea de acondicionarlas?
La idea surgió a partir de querer recuperar y exponer mi colección cada vez más extensa en mi sala de estar. A partir de ahí, empiezo a investigar y así me contacto con el Dr. Julio Roldán, de la Clínica de Muñecas Alfa, que reside en Buenos Aires. Concertamos una cita, y mis muñecas y yo partimos hacia Capital Federal para su restauración. Con los años hice varios viajes para llevar y retirar mis muñecas, durante los cuales, el "Doctor" en su generosidad compartió conmigo algunos secretos del oficio. Luego seguí investigando acerca del tema, mirando tutoriales y estando en contacto con otros restauradores, principalmente del exterior. En esos casos pude congeniar mi trabajo como profesora de inglés para superar la barrera idiomática. También utilizo mis conocimientos de pátina y pintura de algunos cursos que hice y que me ayudan a la hora de seleccionar los materiales y las técnicas más adecuadas a utilizar. Y así de a poco comencé a mejorar mis propias muñecas como un hobby más.
- ¿Cómo es el proceso?
Antes de comenzar el acondicionamiento de la pieza, ya sea para mi colección personal o para la Fundación, siempre hago una evaluación de los daños y fotografío la muñeca desde distintos ángulos. Generalmente, requieren una limpieza profunda, acondicionamiento de pelo o peluca, remoción de manchas por medios manuales o químicos y arreglo o confección de prendas de vestir, en lo que me ayuda mi prima Julia que tiene un taller textil. En cuanto al nivel de dificultad, las muñecas de pasta o composición (de principios a mediados del siglo XX) son las más desafiantes por la fragilidad de los materiales: la pasta se craquela y desprende por la humedad o cambios extremos de temperatura, el mecanismo de los ojos se desprende, o hay que readaptar el mecanismo de movilidad de las muñecas caminadoras como la Linda Miranda. Independientemente de la dificultad que cada muñeca presente, es muy gratificante verlas totalmente restauradas y listas para ser apreciadas nuevamente.
- Esa pasión parece haberte llevado a colaborar y conservar tesoros del museo. ¿Qué valor tiene para San Francisco un Archivo Gráfico y Museo Histórico? ¿Por qué es tan importante el voluntariado?
Todo comenzó cuando a partir de mediados del año pasado el Archivo Gráfico y Museo Histórico reabrió sus puertas al flexibilizarse las restricciones y fui con mi esposo y algunos familiares a hacer el recorrido guiado por las instalaciones. Ahí nos comentaron la labor que hacen los voluntarios y mi prima Lucía, también docente, y yo nos ofrecimos para colaborar. Así comenzamos a ir a hacer inventario una vez por semana. Ella lamentablemente tuvo que dejar por cuestiones laborales pero yo seguí yendo, a veces acompañada también por mi esposo. Y, desde hace un par de meses, además de hacer inventario, me ofrecí para reacondicionar las muñecas que la gente va donando. Cabe recalcar que la Fundación cuenta con una gran colección de juguetes y objetos de antaño que forman parte de nuestro patrimonio, lo que la hace invaluable para San Francisco y la región.
Algo importante para resaltar en cuanto al trabajo de los colaboradores voluntarios es que todos aportamos desde lo que sabemos o estamos dispuestos a aprender y que es una experiencia enriquecedora en todo sentido.
La labor del Archivo Gráfico y Museo Histórico involucra la generosidad tanto de quienes donan objetos como de los colaboradores voluntarios que donamos nuestro tiempo y esfuerzo para preservar un pedacito de nuestra historia.
