Entrevista
La guerra entre EE.UU. e Irán impacta en las exportaciones de alfalfa sanfrancisqueña
La empresa Cadaf, dedicada a la exportación de forraje hacia países de Medio Oriente, enfrenta demoras en los envíos y una creciente acumulación de stock. “Las últimas tres semanas no hemos podido mover carga”, advirtió su titular, aunque señaló que la firma cuenta con capacidad de acopio “para unas 10 semanas”. Pese al escenario, llevó tranquilidad: “Esta agroindustria no se detiene”.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
El recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán comenzó a generar sus primeras consecuencias en la actividad productiva argentina y también en San Francisco. La escalada bélica provocó demoras en los envíos de alfalfa hacia Medio Oriente, uno de los principales destinos de exportación, lo que obligó a exportadores y plantas procesadoras a reorganizar la logística, sostener el ritmo de producción y reforzar el acopio de mercadería ante la imposibilidad de cumplir con los embarques previstos.
El impacto se vincula directamente con la alteración de rutas marítimas clave para el comercio internacional. En ese marco, la empresa Cadaf (Compañía Argentina de Alfalfa y Forrajes), con planta en San Francisco, aparece como uno de los actores locales que ya sienten los efectos de esta situación. Desde este polo agroindustrial montado en los terrenos del Ferrocarril Belgrano, ubicados en el sudeste de la ciudad
Su fundador Alfredo Abboud analizó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO la realidad que atraviesa el sector.
La alfalfa argentina se consolidó en los últimos años como un producto con fuerte potencial exportador, con destinos exigentes como Arabia Saudita, Emiratos Árabes y China. Su alto contenido de proteína y fibra la posiciona como un insumo clave para la alimentación animal a nivel global. Sin embargo, la coyuntura internacional introduce un freno inesperado en un negocio que venía en expansión sostenida.
— ¿Qué cambió en los últimos años para que la alfalfa pase de ser un cultivo tradicional a un negocio exportador estratégico?
En términos de cantidad de hectáreas sembradas en la Argentina, nuestro país es el segundo productor mundial de alfalfa. Lo fue siempre. El problema es que la Argentina no tenía presencia internacional cuando otros países menos agraciados en el tema climático y de suelos ocupaban el espacio que la Argentina no estaba ocupando. El primer productor y primer exportador mundial es Estados Unidos y después como exportador le sigue España, siendo que España no tiene las características de suelo y de clima que tiene la Argentina. Ahora, el segundo productor mundial en términos de hectáreas sembradas es la Argentina, con lo cual no es ilógico pensar que debería ocupar un lugar más importante en el comercio internacional.
Lo que cambió fue que hay gente que empezamos a encarar el tema de la alfalfa como un producto comercializable y no solamente como un producto tradicional de autoconsumo. Exportamos alfalfa porque es proteína pura y fibra en un solo producto. El mundo necesita alimentar animales y la Argentina tiene la mejor tierra para producirla. El verdadero valor es haber descubierto que la alfalfa no es solamente un producto de rotación de cultivos, sino que tiene un valor comercial como cualquier cultivo agrícola.
En nuestra planta, los megafardos se comprimen y pasan de 500 a 900 kilos, lo que reduce costos logísticos. Somos la segunda empresa exportadora de alfalfa más importante, detrás de otra firma más grande de capitales saudíes.
— ¿Por qué Medio Oriente se convirtió en un mercado clave para la alfalfa argentina? ¿Qué nivel de dependencia tienen hoy de esos destinos?
Los grandes compradores son los países del Golfo Pérsico, pero también lo son Jordania y China. China es uno de los compradores más importantes de alfalfa.
— ¿Al punto de reemplazar al Golfo?
Sí, China compra más que los países árabes. Cuando hay producción en el hemisferio norte, compran producciones del hemisferio norte. Cuando el hemisferio norte deja de producir, nos compran a nosotros. La Argentina, dentro del hemisferio sur, es el principal proveedor en ese momento del año. El otro país que produce, pero no en cantidades como lo puede hacer la Argentina, es Sudáfrica”. ¿Qué desventajas tenemos? Que o el cliente está lejos o nosotros estamos lejos. Entonces el impacto logístico desde Argentina es muy grande. Y es el único diferencial, porque después en cuanto a calidad, a proceso y a industrialización hacemos lo mismo que hace todo el mundo. Nuestra alfalfa está comparada con la de Estados Unidos. Tenemos niveles de calidad de los números uno.
— ¿Cómo impacta concretamente el conflicto entre Estados Unidos e Irán en la operatoria diaria? ¿El problema es logístico, financiero o también comercial?
La problemática que hoy tiene el Golfo la tiene Estados Unidos, la tiene Europa y la tenemos nosotros. La diferencia es que ellos todavía no entraron en producción, con lo cual si el desenlace de la guerra es rápido, no tienen la afectación que estamos teniendo nosotros. Las últimas tres semanas no hemos podido mover carga. Eso marca claramente el impacto que está teniendo esta situación. De todas formas, esto es temporal y se están buscando alternativas logísticas para evitar el estrecho de Ormuz.
— ¿Cuánto tiempo puede sostenerse el negocio con exportaciones demoradas? ¿Se está generando sobrestock?
La planta está produciendo como si estuviéramos exportando igual que hasta el 28 de febrero. Estamos recibiendo mercadería, procesando y acopiando. Tenemos capacidad de acopio de mercadería terminada en el orden de 12.000 toneladas, sumando distintas naves que tenemos operativas. Cada semana que no exportamos dejamos de exportar entre 1.200 y 1.300 toneladas. Eso quiere decir que en volumen podríamos soportar unas 10 semanas, pero después hay que ver financieramente cómo se responde a esta situación. Claramente es un esfuerzo financiero enorme, porque estamos comprando mercadería y no podemos venderla ni enviarla.
— ¿Esto puede impactar en los precios internacionales?
El precio internacional sube, pero no le toca ni al productor ni a nosotros como planta. El que sube el precio es la marítima, por el aumento de costos logísticos. Un contenedor que costaba 1.200 dólares hoy está entre 4.200 y 5.000 dólares. Ese diferencial es el que impacta en el precio final en destino, pero no genera un beneficio directo para el productor.
— ¿Qué rol juega la logística en este negocio?
Este negocio se llama logística. Es la palabra clave. La Argentina tiene grandes distancias y eso encarece todo el proceso de exportación. Nosotros tenemos una ventaja importante: estamos instalados sobre las vías del tren y movemos el 95% de la carga por ferrocarril. San Francisco tiene una ubicación estratégica en el Mercosur y creemos que esa combinación de logística y producción es clave.
— ¿Qué políticas públicas faltan para potenciar el sector?
Falta infraestructura logística interna. Los puertos acompañan, pero el problema es cómo llegar a ellos. Además, seguimos con prácticas que no se entienden, como la obligación de liquidar divisas. Recibimos dólares de los clientes y el Estado nos obliga a venderlos y recibir pesos. Después tenemos que volver a comprar dólares si los necesitamos. Esa diferencia la pierde el exportador. En un mercado normal yo podría pagarles a los productores en dólares directamente. Hoy eso no se puede hacer. Nos gustaría que el gobierno convoque al sector para analizar estas cuestiones. Nosotros estamos abiertos. Creemos que el sector debe profesionalizarse y crecer, pero a través de quienes realmente trabajan en esto y representen realmente al sector.
— ¿Cuánto empleo genera esta actividad?
Directamente, en San Francisco tenemos 22 empleados en la planta. Pero indirectamente es una economía regional enorme: transporte, servicios, comercios… Tiene un impacto muy importante en la generación de trabajo.
Un negocio global en pausa parcial
El circuito exportador de alfalfa argentina tiene una fuerte inserción internacional y un volumen significativo de movimiento. En términos logísticos, se manejan entre 800 y 1.000 contenedores mensuales, que salen principalmente desde el puerto de Rosario hacia distintos destinos.
Según Abboud, el sector venía atravesando un proceso de crecimiento sostenido y con expectativas muy positivas: “El año pasado la Argentina exportó entre 120 y 130 mil toneladas. Este año ese número debería duplicarse y podría ubicarse entre 250 y 260 mil toneladas”.
Además, señaló que el ingreso de nuevas plantas al negocio permitiría incluso ampliar aún más esos volúmenes, consolidando a la alfalfa como uno de los productos emergentes de exportación del país.
Sin embargo, la irrupción del conflicto internacional introdujo un freno parcial en ese proceso. Las dificultades logísticas, el aumento de costos y la acumulación de stock generan un escenario de incertidumbre para el corto plazo, aunque sin modificar las perspectivas estructurales del sector.
“Veníamos muy bien, se paró por ahora estas semanas. Esperemos que no siga mucho más”, resumió Abboud, reflejando la preocupación pero también la expectativa de que la situación se normalice. “Esta agroindustria no se detiene, llegó para quedarse y San Francisco es uno de los epicentros de la actividad”, destacó llevando tranquilidad a los productores.
Mientras tanto, la alfalfa producida en nuestra ciudad continúa acumulándose en galpones, a la espera de que el comercio internacional recupere su ritmo habitual y permita retomar un flujo exportador que hoy aparece condicionado por la geopolítica global.
