La era del clima extremo
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Imagenes/Imagecf1ad5af6387419e9bd8635d7f46184e.jpg)
No hay región del planeta que esté exenta de esta realidad. Por ello, se abre la etapa de la imaginación en el diseño de políticas públicas que permitan atender y paliar los efectos de estos fenómenos meteorológicos intensos.
Los fenómenos meteorológicos han sido
siempre motivo de interés para la humanidad. Tanto la temperatura ambiente como
las tormentas y otras facetas de esta realidad continúan siendo el motivo, al
menos inicial, de cualquier situación de comunicación en todo el planeta. Los
recientes días de calor extremo que se vivieron en esta parte del país así lo
certifican, puesto que no había otro tema de conversación que éste entre
nosotros.
Yendo a un panorama global, los científicos están advirtiendo que se avecina con celeridad la llegada de una era de climas extremos que, en buena porción, son consecuencia del ya reiterado y pocas veces comprendido cambio climático, producto de la emisión de gases por parte de las múltiples actividades del hombre que modifican la atmósfera.
Un informe del diario The New York Times da cuenta de ejemplos contundentes en esta materia y brinda opiniones especializadas que refrendan la posibilidad de que se esté a las puertas de un tiempo en el que las variaciones extremas del clima sean mucho más frecuentes. Los especialistas sostienen que se debe pensar que cualquier fenómeno meteorológico que se produzca tiene hoy una alta probabilidad de que sea peor que sus antecedentes pasados.
Otros corroboran esta impresión y, al mismo tiempo, obligan a la reflexión. Afirman que si bien no todos estos eventos extremos pueden atribuirse al cambio climático, los profundos cambios en la atmósfera de la tierra aumentan la probabilidad de un gran número de eventos extremos. Esto significa, según científicos de las principales universidades del norte, que es crucial para una comunidad entender dónde es vulnerable para hacer frente y diseñar estrategias con el fin de anticiparse a las consecuencias que se generan.
Por ejemplo, en la actualidad, la ciudad de Chicago sufre una ola de frío como nunca antes en su historia. Sus autoridades desde hace años se han venido preparando para enfrentarla: impulsó y facilitó la instalación de cañerías que no se congelan, fortaleció los servicios de calefacción en edificios públicos e incluso creó "centros de calentamiento" en lugares estratégicos del casco urbano. Años atrás, cuando cientos de personas murieron allí por una ola de calor sin igual, la ciudad tomó nota y desarrolló un plan de acción en el que se plantaron miles de árboles, se establecieron centros de refrigeración en los vecindarios y se generó un sistema de mensajes de texto para que los residentes pudieran solicitar que los funcionarios de la ciudad vigilen a las personas vulnerables, entre otras medidas.
Todo indica que está llegando el momento en el que el tiempo tendrá variaciones extremas en cortos lapsos. No hay región del planeta que esté exenta de esta realidad. Por ello, se abre también la etapa de la imaginación en el diseño de políticas públicas que permitan atender y paliar los efectos de los fenómenos meteorológicos intensos.
