La cruda realidad
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Nuestra provincia entró en un estado critico en cuanto a los brotes que viene teniendo el coronavirus en diferentes puntos y esto hace que quizás en el corto tiempo no se piense en habilitar nuevas actividades deportivas, los clubes están inmersos en una crisis, los dirigentes hacen esfuerzos por mantenerse, pero la duda es saber hasta cuando vana poder seguir.
"Un
club no se puede mantener vendiendo pollos y locro", fue la frase qué dijo Omar
Giletta, presidente del Club Redes Argentinas, quién sin dudas tras 26 años en
el cargo, es uno de los más experimentados dentro de las instituciones de
nuestra ciudad. Tan reales son los dichos de Giletta, como tan dolorosos, ya
que van en contrapartida con lo que hoy están haciendo los clubes para seguir
subsistiendo.
El problema es saber hasta cuándo van a poder mantenerse haciendo este tipo de eventos las entidades, ya que no se avizora un futuro demasiado prometedor en cuanto a la vuelta de la normalidad deportiva.
Ya de por sí, en tiempos donde todo funcionaba de manera "normal" a algunas entidades les costaba poder generar ingresos para mantener la estructura y brindarles a sus socios las comodidades qué les gustaría, en este tiempo todo se agravó y la realidad es triste.
Es cierto que con el paso de los días algunas actividades se fueron habilitando y en algunos clubes esto sirvió como alivio, pero de ninguna manera es lo deseado. Hay instituciones que tienen la mayoría de sus deportes frenados, o al menos los más importantes, que son en definitiva los que mayores ingresos generan.
Lejos de pensar en una solución rápida, parece que nuestra provincia ha entrado en un momento crítico y esto hace que las autoridades ya no tengan en agenda la habilitación de muchos más deportes, más aún los que se practican bajo techo y qué se juegan en grupo.
Los dirigentes tendrán más que nunca que agudizar el ingenio para poder mantenerse en una etapa tan complicada, donde los socios pasan a ser preponderantes con sus aportes, pero claro está, también hay que entender que esos socios son parte de una sociedad qué está pasando un momento difícil.

En otra entrevista, publicada por este medio, el presidente de Asociación El Ceibo, Oscar Oldrino, admitió que "es muy difícil seguir así" y a la vez expresó que "es angustiante ir al club, y después de tanto tiempo, no ver a los chicos corriendo y no escuchar el ruido de la pelota de básquet. Este presente es muy difícil en lo social, y en lo económico muy duro".
Los días pasas y las soluciones no llegan. Por el contrario, todo parece que es cada vez más problemático. La vuelta del deporte parece lejana. La discusión por el regreso del fútbol profesional u otras actividades de elite están en otra orbita respecto de lo que necesitan los clubes pequeños, los de barrio, los que cumplen un rol social, mucho más importante y fundamental que el solo deportivo.
Los niños y jóvenes están alejados de las canchas. Los clubes están casi vacíos y ese vació va apagando la llama. Lo que hay hasta hoy no alcanza, se necesita más. Desespera ver como las entidades la tienen que luchar desde muy abajo, "remar" mucho más de lo acostumbrado. Lo único positivo, al menos eso parece por lo que manifiestan los dirigentes, es que la pasión le ganó la batalla al desgano. El dilema será cuando ese desgano empiece a ganarse espacio. Ojalá que esto no pase y en el corto lapso estemos pensando en que despertamos de esta pesadilla.
