“La continuidad de la gracia” o como se sintió un piamontés al llegar a Plaza San Francisco
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El cortometraje que participa en el Festival Cortópolis fue pensado y dirigido por Federico Gianotti que vivió en este barrio durante el aislamiento obligatorio. Ese encuentro con lo extraño lo llevó a pensar en los piamonteses que heredaron su dialecto a los descendientes y que Rubén Gattino pone en palabras bien gringas.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Se llama "La continuidad de la gracia" y es un cortometraje dirigido por Federico Gianotti que se realizó en Plaza San Francisco y hablado en piamontés, dos elementos que resultan indivisibles de la identidad cultural de nuestra ciudad. La producción participa en el Festival Cortópolis un evento cultural sin fines de lucro que se realiza en la ciudad de Córdoba desde el año 2006. Hasta mañana se exhiben más de 500 producciones locales, nacionales e internacionales que se seleccionaron y realizaron entre 2020 y 2021.
La historia de esta producción se remonta a un año y medio atrás, cuando la pandemia empezó a cambiar el mundo, en ese interín Federico se vino desde Córdoba a Plaza donde se convirtió en un inmigrante. Sí, es cierto él es autóctono de esta tierra, pero su trabajo lo ha llevado por diferentes lugares y esa fue la sensación que tuvo al llegar al barrio.
No fueron unos días, se trataron de meses conviviendo con esa naturaleza que pocas veces alguien se pone a observar detenidamente y casi con nostalgia recordó aquella visita a Plaza durante la secundaria con la profesora de Historia Alejandra Otta que narró los inicios de la ciudad, la inmigración y su expansión hacia el ferrocarril. Ahí y allí germinó su idea como una vez lo hizo este lugar.
¿Cómo ideaste el corto?
Durante 2020, anticipando la llegada del aislamiento obligatorio, viajé desde Córdoba capital a Plaza San Francisco. Allí viví varios meses rodeado del ambiente rural propio de ese barrio de la ciudad: caminos de tierra, líneas de eucaliptus, campos anchos, silencio y, sobre todo, grandes espacios de cielos inmensos sin ningún edificio que corte la vista hacia lo lejos. Pasé varios atardeceres muy hermosos allí y, cada vez que miraba alrededor, me impresionaba la amplitud del lugar, siempre tanto espacio, tanta llanura, tanto cielo, tanto aire por todos lados. Quizás es algo común para quienes habitan allí cotidianamente, pero para un "inmigrante" como era yo durante esos días, esa amplitud me atraía. Imaginé, entonces, a esas mujeres y hombres recién llegados a ese paisaje ¿habrán sentido lo mismo que sentía yo?, ¿Cómo fue el encuentro con el criollo que ya habitaba el lugar?, ¿soñaron con el trabajo a venir, con sus parientes, con hablar en castellano, con las semillas sembradas durante el día creciendo bajo la tierra?
¿Cuál es la trama?
Es un corto que elige lo sugerido, la poesía, antes que explicar o desarrollar una trama tradicional. Lo que impulsa la historia es la llegada de un inmigrante a una tierra desconocida. Todo lo que le atraviesa el cuerpo durante esa experiencia, lo que el paisaje nuevo le provoca, sus preocupaciones, su mundo interior; y el lenguaje forma parte fundamental de esa experiencia. Sea cual sea, nuestra lengua nativa es un elemento constitutivo de quienes somos, nos da seguridad. No poder nombrar las cosas en el idioma del nuevo lugar es de alguna forma una barrera, una distancia entre el recién llegado y el nuevo espacio. Quién ha estado en un país donde se hable una lengua que no domina conoce ese sentimiento de impotencia.
Cuando finalmente podemos expresarnos en la lengua del lugar un velo se corre, porque dominar el lenguaje es una conquista, tiene que ver con el poseer y con el poder hacer. Además, en el cortometraje, el lenguaje castellano está asociado a la idea de descendencia, a la continuación de la prole, al mantenerse en un territorio generación tras generación. Por otro lado, aún tras haber sido por mucho tiempo denigrado, el piamontés nunca dejó de hablarse; y eso creo que es otra pequeña victoria, el haber mantenido viva una lengua.
¿Qué quisiste sintetizar?
Este juego de imaginación que me propuse a mí mismo me llevó a iniciar el cortometraje, quería acercarme a la experiencia emocional y subjetiva de quién llega a un paisaje nuevo con la intención de desarrollar allí su vida. No pretendía abonar a una épica del inmigrante sino más bien reencontrarlo en su aspecto más humano y menos heroico. Me interesa la fragilidad de ese momento iniciático. El inmigrante nada conoce sobre la nueva tierra, nada sabe sobre lo que el futuro le deparará, ni siquiera habla la lengua del lugar, su existencia es frágil y creo que en esta situación hay algo interesante para desarrollar una ficción que proponga un diálogo con el hoy: contar lo que sintió alguien que llegó aquí hace más de 100 años atrás, sin intención de hacer un registro documental verídico sino de construir una ficción, con las licencias narrativas que esto implica.
¿Cómo se inserta el piamontés?
Una vez tuve el texto casi definitivo trabajé junto a Ana María Filippa sobre la traducción al piamontés. Ana María, además de tener el conocimiento y destreza necesarios para traducir del castellano al piamontés, tiene una fina sensibilidad literaria, lo que permitió que encontráramos las palabras justas para que la traducción al piamontés tenga el mismo efecto poético que la versión en castellano. Al mismo tiempo, me puse en contacto Walter Sereno y Adelquis Martino quienes pusieron su tiempo y compromiso para aportar una textura sonora muy especial a ciertos pasajes del cortometraje donde predominan las voces susurradas y los rezos. La voz principal la interpreta Rubén Gattino, quién hizo un finísimo trabajo de interpretación. Rubén no habla piamontés, aprendió por fonética el texto completo a partir de grabaciones anteriores que habíamos hecho con Walter. Una vez aprendido el texto y afinado la pronunciación, Rubén puso todo su oficio y talento para crear la voz de este personaje protagonista de la historia. El carácter de esta voz era indispensable para contar la historia y es un pilar del corto.

¿Llevó mucho tiempo la realización?
Casi un año y medio. Primero empecé a grabar imágenes de situaciones naturales en las inmediaciones de la casa: un campo sembrado, una mañana de niebla profunda, cables de luz en postes de madera, árboles altos sacudidos por el viento. También imágenes de situaciones cotidianas en el interior de una casa contemporánea. Grabé sin saber qué iba a usar, sabiendo que luego durante el montaje tomaría lo necesario. En paralelo a la filmación empecé a escribir el texto del personaje principal, hice ajustes todo el tiempo, buscando musicalidad, palabras potentes o suaves, según fuera necesario, buscando no contar demasiado, dar solo las pistas justas para que el espectador pueda construir la historia en su cabeza.

