Análisis
La circulación en los caminos rurales
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Conservar los caminos rurales es una necesidad productiva y social. Pero también lo es extremar las precauciones al circular por ellos. Cuidar los caminos es cuidar la producción; circular con responsabilidad es cuidar la vida.
La red de caminos rurales que atraviesa nuestra región es un eslabón indispensable para el desarrollo productivo y la vida cotidiana de las distintas poblaciones y colonias del departamento San Justo. Su adecuado mantenimiento es un tema siempre vigente, porque de su estado dependen la salida eficiente de granos, leche y hacienda, la rentabilidad del productor y el vínculo permanente entre el campo y los centros urbanos.
Desde hace años, el esfuerzo de los consorcios camineros y ciertas decisiones del gobierno provincial han sido decisivas para sostener en condiciones aceptables las redes secundaria y terciaria, ya sea mediante pavimentación puntual, enripiado o tareas básicas de consolidación. Sin embargo, ese trabajo suele verse condicionado por factores climáticos que, en el verano, adquieren particular relevancia. En esta temporada estival, la falta de lluvias puede convertirse en un factor que agrave el panorama. Serruchos, pozos y polvo en suspensión convierten a muchos tramos en recorridos riesgosos. Asimismo, la falta de humedad impide realizar arreglos duraderos sin empeorar la superficie.
Existe entre los productores agropecuarios una sensación de que la carencia de precipitaciones comienza a generar problemas en las redes camineras rurales, al punto de tornar impracticable el uso de motoniveladoras en determinadas circunstancias. Estas circunstancias obligan a asumir que, al menos en este período, las posibilidades de intervención inmediata son limitadas. Quienes conocen el tema incluso recomiendan aguardar a que llueva para iniciar los retoques.
Otro aspecto no menos importante se relaciona con la seguridad en el tránsito. Con frecuencia, algunos caminos que bordean los “cuadrados” donde el campo exhibe todo su potencial son escenario de accidentes graves, algunos de ellos con consecuencias fatales. La experiencia demuestra que la combinación de calzadas deterioradas, visibilidad reducida y conductas imprudentes -exceso de velocidad, la más evidente- constituye una amenaza concreta. Que no sean caminos muy transitados no implica que la conducción de vehículos carezca de responsabilidad.
Conservar los caminos rurales es, entonces, una necesidad productiva y social. Pero también lo es extremar las precauciones al circular por ellos, especialmente en contextos climáticos adversos como el actual. Mientras se aguardan las condiciones que permitan mejoras sostenidas, la prudencia individual se convierte en la principal herramienta para evitar tragedias. Cuidar los caminos es cuidar la producción; circular con responsabilidad es cuidar la vida.
