La ceguera no le impidió recorrer el país con la música a cuestas, que lo trajo a San Francisco
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Seguramente, por estos días te topaste con la música que este joven platense no vidente le regala a San Francisco. Te contamos la historia que lo trajo a nuestra ciudad.
Ariel Vera tiene 30 años y desde hace 15, viaja por todo el país con su música cristiana y canciones populares a cuestas, los que interpreta en la vía pública y en distintos pubs y restaurantes a los que lo invitan.
Es no vidente pero eso no le impide conocer cada rincón de la Argentina con su guitarra, su mochila y su bastón blanco. Ariel llegó a San Francisco el miércoles y con sus canciones ya revolucionó el centro de la ciudad y algunos patios de comidas locales. "La gente de San Francisco tiene una calidez especial", dijo el músico viajero en charla con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Siente la música con el alma; para él, cada lugar se percibe a través de otros sentidos y que la experiencia se aprende viviendo, paso a paso, pueblo a pueblo. "Recorrí las 23 provincias argentinas y en cada lugar que puedo, recorro el interior además de sus capitales", confió el artista.
"San Francisco es un lugar hermoso, la gente es muy cálida y buena", señaló el joven, que fue invitado por un bar céntrico para tocar miércoles y jueves. "Fui a comer y me invitaron a tocar, fue un placer".
Ariel interpreta música cristiana en la calle y en los bares, "los temas que le gustan al público -relata-. Todos los lugares son bienvenidos".
Tan cálido fue el recibimiento de los sanfrancisqueños que se quedará durante varios días, más de los pensados. "Quería conocer Mar Chiquita (Miramar) pero me insisten en que me quede", dice entre risas.
Ariel sostiene su vida nómade y de libertad a través del lenguaje de la música. "Con la música me hospedo en los hoteles, me visto, como y disfruto de la vida. Hago música donde quiero, sin importar la temporada de verano. Me quedo donde me siento bien", reflexiona.
Una historia conmovedora
Ariel es ciego desde los 10 años. De chico, le detectaron un glaucoma en sus ojos y por no ser intervenido quirúrgicamente a tiempo, sufrió atrofia óptica en ambos ojos.
Por cuestiones familiares, a los 6 años sus padres lo internaron en el Hogar Bethel de la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires, de donde es oriundo.
Allí estuvo hasta los 15 años cuando decidió "girar" por el país para conocer lo que había más allá de las paredes del internado. "La música fue parte de mi vida desde muy chico, porque había un coro y yo era parte de él".
Allí Ariel conoció la música cristiana y aprendió a tocar la guitarra. "Cuando me voy del hogar, me cruzo con mochileros que iban y venían y les pregunté cómo hacían, me tenté y empecé a hacer lo mismo", recuerda.
El primer destino de Ariel fue Bariloche. "Conocí todo el sur; Las Grutas, San Martín de Los Andes y otros lugares, y de ahí, a todos lados".
Y no hay obstáculos que lo detengan en su aventura. "Voy por todos lados, no tengo problema. En mi memoria registro cada lugar, cada paso y me muevo sin problemas".
"Quiero esta vida para mí. Mañana no sé dónde voy a estar, pero no me aferro a lo material. Me gusta conocer a la gente y en cada lugar hay una diferente. Cuando me muera, me voy a llevar toda la calidez de la gente que conocí conmigo", concluye Ariel.
