Sociedad
“La Casa de las Papas Fritas” y el recuerdo de Luis, uno de sus mozos
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Luis Funes fue parte de la familia gastronómica del bar que dio popularmente nombre a un barrio. Hoy convertido en un querido cafetero, no olvida su paso por el lugar más “tentador” de la década del 70.
Cuando pensamos en nombres de barrios, por supuesto que la mayoría recuerdan a próceres, hombres y mujeres que dejaron su marca en la historia local, provincial y nacional. Sin embargo, la vida popular de cada lugar bautizó algunos contextualizándolos con apodos o fábricas.
Lo más curioso es que en San Francisco, a un barrio lo “nombraron” con el de un negocio gastronómico que entre los setenta y ochenta le dio a ese lugar de la ciudad uno de los mayores movimientos: se trata del “barrio de las papas fritas”, el que se consagró así por el recordado comedor que perteneció a la familia de los Rodríguez Corti.
En ese lugar ubicado en la esquina de Italia y Chubut de techos bajos y vereda extendida funcionó uno de los comedores familiares más recodados de la historia local que llegó a tener consumidores por más de una cuadra y media y hasta doscientos metros de fila de vehículos esperando para poder obtener una preciada mesa para disfrutar de lo más rico del lugar: las papas fritas.
Pero hay que aclarar algo. Si bien eran exquisitas, no resguardaban ningún secreto (o al menos eso creemos). ¿Por qué decimos eso? Porque de aquellos tiempos hay una persona que conoció “al dedillo” cada rincón, cocción y servicio de este emblemático lugar. Se trata de Luis Funes, el hoy cafetero que trabajó en el lugar todos los fines de semana durante años junto a su hermano, José Alberto “Beto” Funes.
Cabe aclarar que el barrio de las "Papas Fritas" no es tal, en realidad pertenece a la zona de Cottolengo de acuerdo a los planos de la ciudad.
En este Día Mundial de la Papa Frita, viajamos en el tiempo, nos sentamos en la vereda del comedor más visitado de fines de los setenta y con una Crush recodamos uno de los platos más preciados.
Luis Funes fue mozo durante 4 años a fines de los setenta, siendo apenas un adolescente de 14 años recién llegado de Santa Rosa de Río Primero y siendo vecino del barrio.
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“No sé por qué a la gente le gustaban tanto las papas fritas, porque eran comunes. Sí debo decir que las cocineras usaban una fritera especial solo para las papas, pero de ahí en más, no creo que exista un secreto”, dijo de antemano Luis Funes.
“Para mí que era algo psicológico porque cuando servíamos los platos calientes con la guarnición, la gente pedía de nuevo más porciones. Era una locura. La papa frita era la reina”, contó.
Más que “unas fritas”
El comedor era por sobre todas las cosas, un lugar familiar. De hecho, todos los trabajadores a excepción de los hermanos Funes eran parte de la familia.
“Recuerdo a la abuela de la familia que era la encargada de cortar las papas. Era una mujer mayor, de unos ochenta años que estaba sentada en una silla petisa durante cinco horas pelando y cortando papas. La nona Rosa era una persona muy querida por todos”.
Pero no todo era papas fritas. “Era un menú tradicional como tienen los comedores de la zona. Primero, servíamos una enorme bandeja de fiambres varios, todos elaborados muy caseros y elaborados por los propios dueños. Había mayonesa de ave, queso de cerdo, chorizos que traíamos de la zona, verduras escabechadas, lengua a la vinagreta, matambres, patitas de cerdo”, recordó el antiguo mozo.
A esos fiambres, le seguían los ravioles llenos de salsa y después, el clásico pollo que era una verdadera exquisitez. “Recuerdo que empezaban a las 16.30 marcando cuatro o cinco cajones de pollo y después, cuando llegaba la gente los cocinaban a la piedra; algo similar a la plancha. Para que no quede seco, le ponían una especia de “mejengue” con manteca derretida, limón y romero. Yo pasaba con las bandejas de pollo y la gente se volvía loca por ellos”.
“Adentro había también un horno spiedo que emanaba muchísimo calor pero la gente se sentaba maravillada a ver cómo se cocinaban los pollos”.
Para rematar, los comensales podían elegir entre ensaladas de frutas con una bocha de helado y anexarle whisky o flan casero. “Eran ollas y ollas de frutas, súper barato para la época.
A la hora de tentar o “cuidar” a algún cliente preferencial, don Carlos Rodríguez sabía cómo enamorarlos. “Cuando llegaba alguien importante o un buen cliente, se acercaba a la mesa, los saludaba y les traía un chorizo a la grasa recién cortado y los comensales enloquecían. Eso es algo que en esto tiempos sería imposible de hacer por los costos que tienen los embutidos”.
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Parte de la vida
Luis es oriundo de Santa Rosa de Río Primero. Cuando sus hermanos y el crecieron, sus padres decidieron mudarse a la ciudad de San Francisco en busca de un futuro laboral próspero. “Cuando tenía 13 años nos mudamos a la ciudad y comencé trabajando como lavacopas en un restaurante que estaba donde hoy funciona la Policía Caminera”.
“Al poco tiempo, mi padre ganó una propiedad a dos cuadras de la Casa de las Papas Fritas sobre calle Chubut y por ese entonces, fue mi hermano el que quedó como mozo efectivo trabajando todos los días y al tiempo me sumé yo, para servir durante los fines de semana”, recordó el trabajador.
Los días que Luis era meramente un vecino y parte del comedor, “Los fines de semana era una locura era común ver autos y más autos esperando para poder comer en el lugar. Lo mejor es que había gente de todas las clases sociales y familias numerosas. La Casa de las Papas Fritas fue un boom”.
Era tanta la cantidad de papas fritas que se vendían en el lugar que el mismo Luis recordó que era difícil se le fuera el aroma a frito. “Iba a los bailes y la gente me sentía el olor. Imaginate lo que era eso. Me conocían más como el mozo de la Casa de las Papas Fritas que por mi nombre”
Lamento que el lugar no haya estado más tiempo abierto porque era un lugar único para la familia y que dejó una marca en la historia de la ciudad. La gente no tenía problemama por el olor, por el calor o donde comer. Lo importante era que sea rico y compartirlo en familia. Todo eso era La Casa de la Papa Frita”, concluyó.
Una esquina emblemática que marcó un barrio
El negocio fue absolutamente familiar, de un lado estaba el restaurante y sobre el mismo terreno, pero a la vuelta, se abrió la rotisería.
El negocio de la familia Rodríguez dejó el barrio a finales de la década del '80 pero el nombre siempre fue el sinónimo perfecto para designar aquel cúmulo de casas iguales.
Los caminos de la vida llevaron a "Los Rodríguez" por otros lados. El matrimonio dejó su negocio para alquilarlo "pero nunca más fue lo mismo", aseguraron.
Así, la esquina fue perdiendo el atractivo que supo tener. Era momento de dejar el negocio, aunque la impronta, el sello del lugar sigue vigente tiempo después.
Por qué se festeja
Aunque se desconoce quién decidió proclamar al 20 de agosto como Día Mundial de las Papas Fritas, la fecha quedó instaurada en el inconsciente colectivo. Por otra parte, alrededor de la fecha hay dos países europeos que pretenden asegurarse el crédito del plato: Francia y Bélgica.
Los franceses aseguran que a fines del siglo XVIII se vendían sobre el Pont Neuf de París, a la vista de los clientes dentro de braseros y sartenes. Cocinaban sólo con aceite. Mientras que los belgas sostienen que nacieron en la ciudad de Namur en el invierno de 1680. La única diferencia radica en la cocción que se divide en dos etapas: primero, las cocinan en aceite y, luego, con grasa animal.
