Sociedad
La campana de la esperanza: Ariel lucha contra el cáncer y sueña con volver a tocarla cuando reciba el alta
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A los 54 años, el vecino de San Francisco atraviesa un complejo tratamiento contra un cáncer germinal mixto. En medio del miedo, la fe y el apoyo de su familia, donó una campana al Hospital Iturraspe para que pacientes oncológicos celebren el alta médica. “La campanita es vida”, dijo a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Hay gestos que nacen del dolor, pero terminan convirtiéndose en esperanza para otros. Algo de eso hay en la historia de Ariel Binner, vecino de San Francisco, trabajador municipal y paciente oncológico, que mientras enfrenta una dura batalla contra el cáncer decidió donar una campana al Hospital Iturraspe. No fue un acto casual ni solamente simbólico: fue una promesa. La de volver un día para tocarla cuando finalmente reciba el alta médica.
Todo comenzó en 2023, cuando empezó a notar una baja de peso que llamó su atención. Tras distintos estudios, llegó un diagnóstico difícil: cáncer germinal mixto, una enfermedad compleja que puede afectar distintos órganos del cuerpo.
“Cuando me dijeron que tenía cáncer fue como que se me vino el mundo abajo. Mucho miedo. Pensar si me iba a salvar, si iba a ser doloroso el tratamiento, si mi familia iba a sufrir al verme así”, recordó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Comenzó un intenso tratamiento de quimioterapia. Durante seis meses permaneció internado de martes a viernes debido a la agresividad del procedimiento, que requería controles permanentes. Después llegó el alivio: el alta médica y el regreso a una vida casi normal, aunque con controles periódicos. Pero en noviembre del año pasado, uno de esos estudios volvió a encender las alarmas.
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“Yo le digo a la gente que no deje de hacerse los controles. A veces uno se siente bien y piensa que ya pasó todo, pero si lo agarrás a tiempo tenés muchas posibilidades de salvarte. Gracias a esos controles descubrimos que la enfermedad había vuelto”, explicó.
El regreso del cáncer implicó una nueva etapa: más quimioterapia y luego un autotrasplante de médula ósea, un tratamiento complejo que incluyó extracción de células madre, quimios de alta potencia y aislamiento durante varias semanas.
Aunque el miedo volvió a aparecer, hubo algo que le cambió la manera de mirar lo que le estaba pasando. Fue en el cuarto piso del Sanatorio Allende, en Córdoba, donde funciona el área de oncología.
“Empecé a ver chicos muy chiquitos, bebés, adolescentes, todos pasando por lo mismo. Y me pregunté: ‘¿Por qué no me puede tocar a mí, si les toca a ellos, que tienen toda una vida por delante?’. Ellos jugaban, corrían, totalmente inocentes de lo que estaban atravesando. Ahí mi cabeza hizo un clic”, contó. Desde entonces, Ariel asegura que aprendió a vivir distinto.
“La familia es todo. Mi señora, mis hijos, mi mamá… a ellos también les cambió la vida. Me tienen que cuidar, acompañar, dejar cosas de lado. Hay momentos donde uno baja la guardia, llora, tiene miedo, pero hay que aferrarse a los afectos y confiar en los médicos”, sostuvo.
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En medio de ese proceso, apareció un símbolo que hoy representa una meta: la campana. Durante uno de sus tratamientos vio videos de pacientes que, al recibir el alta oncológica, tocaban una campana como señal de cierre de etapa y esperanza.
“La campanita es vida. Cuando el médico te da el alta, la tocás y todos te aplauden. Es algo muy emotivo. Yo tenía una campana antigua de bronce y siempre pensé en donarla para que alguien más pudiera vivir ese momento”, relató. Así fue como se contactó con la doctora Verónica Pepino y decidió entregarla al Hospital Iturraspe, donde ahora acompaña a pacientes que atraviesan tratamientos oncológicos.
Pero Ariel hizo algo más que una donación: dejó una promesa. “Prometí que cuando termine mi segundo autotrasplante y el médico me dé el alta voy a volver para tocarla. Ojalá la toque mucha gente, porque significa vida, lucha y esperanza”, expresó.
El próximo mes enfrentará la última etapa de su tratamiento. Ya sabe lo que implica: aislamiento, quimios fuertes y días difíciles. Pero también asegura que esta vez llega con otra fortaleza.
