La Banda Lisa de la Normal cumplió 60 años: el sonido que reúne generaciones
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Nació por iniciativa de alumnas y debutó en las calles de San Francisco en 1966. Hoy, la única banda lisa integrada exclusivamente por mujeres del país prepara un reencuentro con más de 45 exintegrantes.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
El 9 de septiembre de 1966, Carmen Marta Demarchi cumplió 16 años. Su mamá le permitió pintarse un poco los labios y su hermano viajó desde Córdoba para verla. No era una fiesta familiar: ese día, la Banda Lisa Femenina de la Escuela Normal Superior “Dr. Nicolás Avellaneda” salía por primera vez ante la comunidad de San Francisco. Carmen llevaba una trompa y, después de meses de ensayo, tenía los labios doloridos de tanto practicar. Entre el público estaban sus padres y muchos vecinos que se detuvieron a mirar a aquellas estudiantes marchar y tocar.
Sesenta años después, Carmen todavía recuerda aquel cumpleaños como uno de los más especiales de su vida. “Cuando escucho los acordes de la banda, siento un estremecimiento en el corazón”, contó a LA VOZ DE SAN JUSTO. Su paso por la formación duró poco, pero alcanzó para dejarle un recuerdo que ninguna fotografía en blanco y negro consiguió agotar. Como ella, cientos de mujeres guardan una historia detrás del uniforme, los tambores y las trompas.
La banda celebrará sus seis décadas el próximo 18 de septiembre, a las 20.15, en la escuela. Habrá un reencuentro que ya puso a ensayar a más de 45 exintegrantes. La directora actual, María Florencia Malano, definió así el sentido de la convocatoria: “Lo más lindo de cumplir 60 años es reunir diferentes generaciones unidas por un mismo sentimiento”.
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Antes del debut
La historia de las bandas lisas ocupa un lugar singular en San Francisco. En 1946, Juan Baggio Ferrazzi organizó la primera de la Argentina en el Colegio Superior San Martín. La Escuela Normal también tuvo un antecedente: en 1959 formó una banda masculina de quince estudiantes. Los Bomberos Voluntarios les prestaron instrumentos y aquella experiencia, que duró apenas unos meses, quedó registrada en una fotografía conservada por la institución. No fue todavía el comienzo de la formación que llega a este aniversario.
La fecha que la escuela reconoce como nacimiento de su Banda Lisa Femenina es el 9 de septiembre de 1966, cuando se presentó oficialmente durante los festejos por los 80 años de la ciudad. La iniciativa había surgido de alumnas del Club Colegial, antecedente del actual centro de estudiantes, y contó con el apoyo del entonces vicedirector Alberto Foerster. Las profesoras de Educación Física Teresita Toriano, Mercedes Martínez de Macchieraldo y Noris Alarcón acompañaron los primeros ensayos.
Carmen recuerda con precisión el momento en que aquella posibilidad llegó a su vida. Estaba en un recreo, en la galería de la escuela, cuando Mercedes se acercó y le preguntó si quería integrar la banda. “A mí eso me sorprendió de una manera que nunca me hubiera imaginado. Le dije enseguida que sí”, relató. Al llegar a su casa les dio la noticia a sus padres, que compartieron su orgullo. Luego vinieron los viajes en bicicleta para ensayar en Bomberos, desde su casa cercana a la iglesia de la Consolata, y el desafío de aprender a hacer sonar la trompa.
Los instrumentos también cuentan una historia colectiva. Para comprarlos, las alumnas del Club Colegial organizaron una recolección de botellas de vidrio, diarios y palos de escoba. Participaron estudiantes del primario y el secundario. Según recordó Carmen, la casa de música les permitió pagarlos a medida que reunieran el dinero; al terminar el año, ya habían saldado la compra. La banda había nacido del entusiasmo de unas chicas, pero la escuela entera había ayudado a ponerla en marcha.
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Aquella primera presentación reunió a un grupo pequeño. Carmen recuerda que eran catorce y nombra a Ilda Karlen como bastonera, a María Cristina Vaudagna en el redoblante y a Elena Barberis como trompa mayor. En los tambores estaban: Susana Blanzari, Adriana Verdiell, Amalia Venturuzzi, Clelia Bruno, y María de las Mercedes Aizcorbe y las trompas estaban formadas por Gladis Benítez, Carmen Demarchi, Brigitte Mercig, Estela Bongiovanni, Raquel Cociglio y Silvia Nicolini.
Al año siguiente, la formación fue invitada a los Encuentros Intercolegiales de Atletismo en La Rioja. La historia institucional también registra una actuación en el estadio de River Plate en 1968, en el cierre de la Fiesta Nacional de Educación Física.
Querer pertenecer
Graciela Macchieraldo llegó a la Normal en 1974. A los pocos días escuchó a la banda tocar en la plaza y sintió que tenía que estar allí. Deseaba ingresar, pero primero debía prepararse, ensayar y rendir. Todavía puede ubicar el lugar donde practicó con el tambor cuando tenía 14 años. Integró la formación durante 1974, 1975 y 1976, hasta terminar la escuela.
Para pertenecer, las estudiantes debían sostener un buen desempeño académico y una conducta acorde con las exigencias de entonces. Graciela recuerda sus dificultades con Matemática y las clases particulares a las que iba tres veces por semana: llevarse esa materia podía dejarla afuera de la banda. “Tenía un deseo de empezar en la banda que era impresionante”, dijo. Más de medio siglo después, el esfuerzo de aquella adolescente sigue unido al orgullo de haber conseguido un lugar.
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María Esther Pavanetto, profesora de Educación Física y Música, se hizo cargo de la banda en 1994. Antes, explicó, las profesoras asesoraban a las integrantes y eran las propias chicas, con la bastonera al frente, quienes organizaban buena parte de la actividad. Cuando asumió la dirección, quiso acompañar más de cerca los ensayos. Adaptarse al cambio llevó tiempo: las jóvenes estaban acostumbradas a manejarse solas.
“Mari”, como la llaman sus exalumnas, recuerda una época de prácticas casi diarias desde el comienzo de las clases hasta el acto del 25 de Mayo. También recuerda las reglas para integrar el grupo: no tener materias pendientes y mantener buena conducta. Con los años cambió el ritmo escolar y se multiplicaron las actividades de las estudiantes. Florencia le contó que hoy conseguir dos días para ensayar ya representa un logro. En esa distancia entre una generación y otra también se puede leer la historia de la banda: permaneció, aunque las formas de aprender y los tiempos de las chicas cambiaron.
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Graciela encontró una expresión para lo que ocurrió cuando las exintegrantes volvieron a reunirse a ensayar: “Qué memoria que tiene el corazón”. Al escuchar otra vez los toques, se vio a sí misma a los 14 años. “Es un presente, no es una cosa que fue en el pasado. Yo fui, soy de la Banda Lisa de la Escuela Normal”, expresó. Vive a dos cuadras de donde practican y, cuando oye los ensayos desde su casa, a veces interrumpe lo que está haciendo para escucharlos.
Nuevas generaciones
María Florencia Malano también estuvo de ese lado del instrumento. Ingresó en 2007 como tambor y en su último año pasó al redoblante. Desde 2013 dirige la banda. Al año siguiente impulsó, junto con Claudia Callone, la creación de una formación para el nivel primario. Ese espacio abrió la posibilidad de empezar a aprender desde pequeñas y de continuar el recorrido durante la secundaria.
Hoy Florencia trabaja con Laura Mariel Molina, que se sumó en 2016. Las dos habían sido compañeras en la banda: Laura tocaba la trompa y Florencia, el tambor. Esa experiencia compartida las acompaña ahora frente a las alumnas. “Ser directora de la banda no es solo acompañar en el proceso de aprendizaje de cómo tocar, sino también acompañar el crecimiento de cada una de las integrantes”, señaló Florencia. Algunas comienzan a los ocho años y permanecen hasta los 17. Entre un ensayo y otro comparten actuaciones, viajes y momentos que terminan formando parte de su vida escolar.
Este año, Pilar, la hija de Florencia, ingresó a la banda del primario como tambor. “Desde la panza escucha la banda sonar; creció junto a ella. Verla ahí me llena de orgullo”, contó su mamá. Laura también tiene una hija en la formación. Las dos directoras enseñan mientras ven a sus propias hijas aprender aquello que ellas aprendieron de estudiantes. La continuidad de la banda se vuelve, en sus historias, algo cercano: una música que pasa de una generación a la siguiente.
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Los uniformes marcaron otras etapas de esa continuidad. Durante sus primeras décadas, las integrantes llevaron las combinaciones de verde y blanco que aparecen en la memoria institucional. En las bodas de plata, en 1991, llegaron las polleras y boinas escocesas; en 2007 hubo otra renovación, con detalles rojos y verdes. El centenario de la Escuela Normal, en 2012, también tuvo su impronta. La ropa cambió y las alumnas siguieron aprendiendo a sostener el ritmo juntas.
La formación salió muchas veces de San Francisco. Además de La Rioja y River Plate, el recorrido institucional menciona presentaciones en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y en el Luna Park, durante un Encuentro Internacional de Orquestas Infantiles. En 2023 participó del desfile por los 450 años de Córdoba. Cada viaje sumó una experiencia para las alumnas y llevó el nombre de la Normal a otros escenarios.
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La escuela reivindica otra particularidad: la presenta como la única banda lisa del país integrada exclusivamente por mujeres. Esa identidad ocupa un lugar en la sala museística ampliada en 2022 para exhibir objetos vinculados con su historia. Allí, los instrumentos y uniformes permiten contar lo que no se escucha en un desfile: quiénes los usaron, cómo consiguieron los primeros y por qué tantas antiguas alumnas siguen reconociéndose como integrantes.
Volver a tocar
La preparación del aniversario empezó con reuniones entre Florencia, Graciela y María Esther Pavanetto, la directora que había enseñado a varias de las mujeres convocadas. Querían encontrar a exintegrantes dispuestas a volver a tocar. Florencia invitó también a quienes hayan formado parte de la banda a acercarse el 18 de septiembre a las 20.15. La celebración se realizará en la Escuela Normal y contempla un reconocimiento para las exintegrantes que acompañen a la formación.
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Entre las que regresan está Beatriz Massola de Vercellone. En unas palabras dedicadas a la banda escribió: “Han cambiado tantas cosas en este tiempo y tus redobles y bronces vibrantes siguen sonando como un acto de amor hacia la escuela y toda la comunidad”. Para ella, volver a tocar le concede por un instante la posibilidad de borrar la distancia con aquellos años de estudiante. “Ser de la Banda Lisa no se deja nunca”, resumió.
Carmen, que estuvo en la primera salida de 1966, y Graciela, que se sumó ocho años después, encuentran en ese sonido recuerdos distintos. Florencia lo escucha hoy con sus alumnas y con su hija entre las pequeñas integrantes. El 18 de septiembre, cuando vuelvan a sonar juntas, no hará falta que todas hayan usado el mismo uniforme ni que hayan aprendido del mismo modo para reconocerse. Bastará con que empiece el redoble y cada una encuentre, entre las demás, su lugar en la historia de la banda.
