La Amistad necesita del apoyo de todos
El merendero que le da 3 platos de comidas semanales a unas 100 familias de Frontera está atravesando una difícil situación y decidió lanzar una campaña para que la gente colabore adquiriendo un bono de 200 pesos mensuales.
Por Gabriel Moyano/LVSJ
Los últimos débiles rayos de sol de una tarde decididamente de otoño le dejan paso al frío, allá donde la calle 100 parece confundirse con el horizonte. Un día gris, de un mes gris, de una vida gris para quienes habitan el barrio. Las pinceladas de Purpulem, la sonrisa de Gonzalo y el olor a comida recién hecha le ponen el pecho, como siempre, a la situación.
Es que cada vez hay más bocas para alimentar y menos recursos. Los laberintos de la burocracia no permiten llegar al destino de la ayuda oficial y las donaciones fluctúan con los vaivenes de la economía.
Pero allí están quienes hacen el Merendero La Amistad de Frontera, reinventándose como desde sus inicios. Buscándole la vuelta a la crisis, tratando de captar la atención de la sociedad y las autoridades. Depositando en un bonito de 200 pesos sus esperanzas de mantener vivo el espacio.
De merendero, a La Amistad le queda el nombre, porque con el correr de los años se transformó en mucho más. Allí surgió el proyecto de la huerta propia, cuyos frutos se utilizan para cocinar y también para vender, y también se fue forjando una comunidad de apoyo educativo para los niños. Hubo venta de locro, peñas, una especie de bolsa de trabajo para encontrarle empleo a quienes están desocupados y sobre todo mucha contención para los vecinos de barrios golpeados por la situación como San Javier y San Roque.
Hoy no les queda otra que sacar un bono contribución de 200 pesos para poder seguir cocinando las 750 porciones que se entregan semanalmente a unas 100 familias del sector a las que las viandas que se reparten lunes, miércoles y viernes les trae alivio a sus estómagos y corazones.
Gonzalo Giuliano, su coordinador, cuenta la iniciativa con la convicción de que será una solución provisoria. Confía en que mucha gente que conoce la tarea de La Amistad colaborará con gusto y que aquellos que no saben mucho del espacio puedan interiorizarse en su quehacer cotidiano.

"Este merendero ya no es merendero hace un año y medio: es un comedor que produce 750 raciones semanales repartidas en tres días. Asisten entre 90 y 100 familias, que vienen con sus 'tuppers' y se llevan lo que podemos conseguir y cocinar", cuenta Gonzalo mientras detrás de él se van las últimas porciones que corresponden al viernes.
Más allá de la buena onda y la sonrisa, la preocupación subyace: "En este momento hay un problema que es el precio alto de los alimentos, sumado a la cantidad de usuarios que no para de aumentar y a la cantidad de donaciones que se mantiene o disminuye".
Ante esta situación y buscando una alternativa que les genera cierta sustentabilidad, idearon la campaña que se propone sumar amigos al merendero por el valor de un atado de cigarrillos al mes: "Nos vemos obligados a intentar alguna estrategia para traer insumos para nuestras ollas. Hemos decidido hacer una campaña para que la gente se asocie y contribuya a través de un bono de 200 pesos mensuales para que esto siga en pie".
Tres años poniendo el pecho
La Amistad surgió como merendero y un espacio de acompañamiento, pero la pandemia y las inclemencias económicas fueron mutando su formato. "Esto empezó hace tres años y tenía otro formato, porque había talleres, se les daba merienda a los chicos, apoyo escolar, provisión de elementos para el aula. Después, con la pandemia, no pudo más hacerse presencial y entonces recurrimos al sistema de entregar raciones de comida. Los hacemos pasar, respetando los protocolos, haciendo colas con distanciamiento en la puerta, entregándoles barbijos", cuenta Gonzalo.
El coronavirus tuvo un efecto inequívoco: "La falta de changas y el cierre de algunas empresas había generado ciertos apuros en la gente del barrio, pero también de San Francisco y de zonas aledañas. Comenzamos a notar que viene gente de cada vez más lejos".
La huerta propia fue otra de las maneras que encontraron para sostener el trabajo que con tanto esfuerzo vienen realizando: "Dentro de las formas que tenemos para autofinanciarnos es hacer nuestra propia quinta. Eduardo está a cargo: nos provee y también vende. Además generamos ventas de pan casero, facturas. Hace poco tiempo hicimos una peña. En otro momento hicimos un tuti-fruti virtual, que fue un éxito, aunque efímero. Siempre recurrimos a alguna manera para obtener ayuda oficial".
El apoyo oficial no aparece: "Lo hemos intentado y lo seguimos intentando. Tenemos la personería jurídica, nuestro Cuit, nuestras cuentas, nuestros balances. Estamos inscriptos en los programas alimentarios, por lo que estamos desesperadamente a la espera de ayuda oficial".
"Si tuviéramos un organismo oficial que nos provea la materia prima con la cual preparar la comida ya estaríamos más que satisfecho", cuenta.
Parar la olla
Las donaciones representan gran parte de los ingresos del merendero, pero así como vienen se van y la incertidumbre es mucha. De allí la necesidad de contar con una base más firme.
"Hemos tenido donaciones esporádicas de empresas, otras sostenidas en el tiempo, pero son contadas con los dedos de las manos. Y la mayoría no se sostienen durante mucho tiempo. Por eso nos daría un poco de previsibilidad contar con una base de asociados y saber que hay un dinero disponible con el cual apuntar a determinadas metas. Por ahí para nosotros la búsqueda de carne y verdura, que son los insumos más difíciles de conseguir y más caros, nos genera una gran incertidumbre. Por ahora tenemos y entregamos, pero no queremos bajar la calidad nutritiva de los platos", aseguró Gonzalo.
La necesidad viene en aumento en ese sector de Frontera: "El año pasado hubo una suba abrupta de personas que se acercaban. Y este año, con el inicio de las clases volvimos a notar que subió la cantidad de gente que quiere ser usuaria del merendero. Tiene que ver con que otros merenderos y comedores sufren las mismas penurias que nosotros y deben suspender algunas entregas de comidas o directamente cerrar sus puertas. Entonces, gente de más lejos viene hasta acá a buscar su plato de comida caliente".
