Jugadores de talla baja, sueños bien altos
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Pelearla desde abajo. Los hermanos gemelos Lionel y Franco Rivadero, de Altos de Chipión, son un ejemplo de unidad, inclusión y superación personal. Haber nacido con acondroplasia (enanismo) no los detuvo y con 15 años, hoy integran el seleccionado de fútbol de personas de talla baja de Córdoba.
Salen a la cancha erguidos, con la frente en alto, tan alto como sus sueños. Los gemelos Lionel y Franco Rivadero, de Altos de Chipión, tiene 15 años y una vida de esfuerzos recorrida. Pese su acondroplasia (causa más comunes del enanismo), decidieron no bajar los brazos ante la adversidad y hoy integran el seleccionado de fútbol de personas de talla baja de Córdoba. La talla de su espíritu se eleva con cada nuevo logro conquistado en su encendida pasión por el fútbol, contenida en sus no más de 110 centímetros de longitud.
El sueño de ser DT
Forman parte del seleccionado argentino de fútbol de talla baja, conformado por jugadores de 15 a 48 años, y aseguran que el fútbol es ahora su pasión.
Su crianza no fue fácil. Son parte de una familia de ocho hermanos, hijos de padres muy trabajadores que luchan día a día por la inclusión de sus hijos con la unidad como bandera.
Estos "pequeños gigantes" cursan tercer año en el Ipem Nº 326 Mariano Moreno anexo Colonia Valtelina y ya piensan su futuro como directores técnicos de fútbol.
"Desde chicos siempre nos gustaron los caballos, una pasión que nos había inculcado mi papá, de hecho, en cada doma que había nos vestíamos de gauchos; pero desde los ocho años más o menos, nos empezó a gustar el fútbol", expresaron los gemelos Rivadero en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.
Así, ya jugaron su primer partido en Villa María y hasta trascendieron las fronteras llegando hasta el vecino país de Paraguay.
"Fue muy emotivo ese primer partido donde si bien perdimos 3 a 2, pude hacer un gol. Ver a mi familia gritando el gol, fue realmente muy emocionante sobre todo teniendo en cuenta que a mis padres no les gusta el fútbol, pero hacen un esfuerzo muy grande para que nosotros podamos hacer lo que nos gusta", destacó Franco, quien juega de delantero (9) acompañado por la casaca número 10 que lleva su gemelo Lionel.
"Somos muy unidos y hacemos la mayoría de las cosas juntas", manifestaron los hermanos que también comparten el mismo grupo de amigos; les gusta la misma ropa y hasta algunas comidas, aunque materia de personalidad aseguran que son "el agua y el aceite".

Traspasar las barreras de la inclusión
"Detrás de cada hombre hay una gran mujer", dice el dicho y detrás de los gemelos, está Beatriz, su madre, incansable luchadora que tiene además otros 6 hijos. Junto a su esposo Agustín, no querían que los gemelos jueguen al fútbol, pero hoy son quienes los acompañan incasablemente en esta afición.
"Si bien vivimos en un pueblo chico, donde todos nos conocemos, la sociedad es muy dura y era complicado que pudieran jugar al fútbol en nuestra zona, por eso apenas vi esta oportunidad (de integrarlos en el seleccionado de talla baja) no dudé en inscribirlos", indicó la mamá.
"Vimos en el deporte una forma de contención e inclusión con otros chicos de talla baja, e inclusive una experiencia maravillosa también para nosotros como padres, de compartir con otras familias que pasan por lo mismo", continuó.
En este sentido, Beatriz contó que "el esfuerzo que hacemos es muy grande en todos los sentidos, ya que económicamente no recibimos ningún apoyo y viajamos con ellos a todos lados".

Los gemelos Rivadero junto a su mamá Beatriz. Una familia que lucha por la inclusión
Salir del pueblo
Lionel y Franco viajan cada lunes y jueves a la ciudad de Córdoba, más precisamente al Estadio Mario Alberto Kempes, donde entrenan junto al resto del seleccionado.
Este esfuerzo se da también al ámbito escolar, ya que diariamente son trasladados por su familia hasta la localidad de La Paquita, donde luego los pasa a buscar una traffic que los lleva hasta la escuela en Colonia Valtelina.
"Cuando los chicos terminaron la escuela primaria en el pueblo, decidimos mandarlos a Valtelina, un colegio rural donde se adaptaron muy bien y están contenidos tanto por docentes como compañeros".
"De hecho, hasta les hicieron una despedida cuando se enteraron que se iban a Paraguay y era la primera vez que salían del país. Asimismo, cuando uno de los dos se quebró jugando al fútbol, vinieron a preguntarme cómo estaba, algo que en otras instituciones no ocurría", expresó con orgullo.
Dos, ya un desafío
Según contó Beatriz, un mes antes de que nacieran sus hijos se enteró que iban a ser dos, aunque recién a los nueve meses de edad, identificaron su estancamiento en el crecimiento y luego de varios estudios genéticos conformaron la acondroplasia.
"Desde que supe que eran dos, fue todo un desafío, pero realmente toda mi familia me apoyó y lo sigue haciendo. Queremos siempre lo mejor para ellos", destacó la mamá.

Toparse con la indignación en el circo
La mujer recordó situaciones difíciles que le tocó vivir con sus hijos como la discriminación en la escuela o cuando van caminando por la calle. Además, contó un episodio que vivió en un circo que desembarcó en Altos de Chipión. "En una oportunidad, que llevé a mis hijos al circo, el dueño me los pidió para trabajar, algo que me indignó mucho ya que el enanismo del circo quedó en la historia. A alguno le puede gustar, obviamente, pero son chicos que deben tener las mismas posibilidades que el resto y que merecen elegir hacer lo que les guste, con la mismas oportunidades que cualquier chico de este país".
"Todavía queda mucho por hacer en materia de inclusión, mientras tanto, como familia nos ocupamos de que nuestros hijos tengan una vida lo más normal posible".
