Jorge y Susana, canillitas con pasión
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Hace 38 años que son propietarios del kiosco San Cayetano. Todas las madrugadas, este matrimonio sale en bicicletas a repartir el diario. "Al cliente le gusta que el diario llegue temprano y leerlo antes de salir a trabajar", aseguró Jorge.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Desde hace 38 años, en la casa de Susana Piccino (68) y Jorge Truccone (71) la alarma del despertador suena a las 5 de la mañana. Y ese apuro por empezar el día tiene una razón: este matrimonio son propietarios del Kiosco de Diarios y Revistas "San Cayetano", ubicado en 9 de Julio al 2285 al frente a la Terminal de Ómnibus de San Francisco. También, ambos se suben a sus bicis y se encargan del reparto domiciliario de LA VOZ DE SAN JUSTO a cada uno de sus clientes.
En la jornada de mañana, 7 de noviembre, ellos junto a sus colegas celebrarán el Día del Canillita y gozarán de uno de los pocos días de descanso que tienen durante el año.
"Para el canillita no importa si es feriado o si hay lluvia o mal tiempo... siempre tiene que salir para estar al servicio de nuestra clientela", afirma con orgullo Jorge. Y su esposa Susana agrega: "A pesar de los celulares o la computadora hay mucha gente que espera que nosotros les llevemos las noticias a su casa".
Este trabajo es uno de los más sacrificados y que muy pocos están dispuestos a cumplir por la carga horaria que maneja y las inclemencias del tiempo. "Cuando hay lluvias y se inundas las calles, solamente nosotros sabemos los malabares que hacemos para que el papel no llegue mojado", contó Susana, quien inmediatamente aclara que no se queja y que tampoco se arrepiente de haber dejado su anterior trabajo para encarar este proyecto familiar.
Los Truccone nos recibieron en su casa y nos cuentan que tuvieron la oportunidad de comprar este kiosco a una familia conocida y que dejaron sus anteriores empleos para dedicarle con todo su "corazón" a este emprendimiento.
Llena de emoción cuando se ponen a relatar sobre su inmensa vocación y ganas de servir a los demás que sigue intacta como en sus comienzos. Sus palabras motivan y podrían ser un claro ejemplo para muchos jóvenes que no saben qué hacer con su futuro.
"Le pusimos muchas horas de trabajo y los mejores años de nuestras vidas para salir adelante y criar a nuestros tres hijos. Muchas veces, los chicos nos reclamaban porque no le dedicábamos tiempo, pero para que funcionara teníamos que estar largas jornadas porque la gente leía mucho y nos venía a buscar las novedades", afirmó.
En aquellos tiempos donde no existía internet ni el celular, las personas se actualizaban con la información que se publicaba en los diarios y revistas. "La gente venía al kiosco a buscar lo que necesitaba y se quedaba a charlar con nosotros. Así fuimos ganando su confianza y con el tiempo se transformó en nuestra clientela que para nosotros son parte de nuestra familia", indicó Susana.
"Tenemos clientes que empezamos a atender a su padres, después a sus hijos y siguen los nietos... no sabemos qué pasará con los hijos de estos últimos... pero nosotros vamos a seguir como siempre", apuntó la mujer.
Todas las madrugadas, desde hace 38 años, Susana y Jorge salen con sus bicicletas a repartir y luego se van al kiosco. "Al cliente le gusta que el diario llegue temprano y leerlo antes de salir a trabajar", aseguró Jorge.
Susana contó que principalmente los fines de semana se suelen encontrar con los clientes que vuelven de una fiesta o salida. "La gente se sorprende que vayamos tan temprano y nos agradecen que siempre estemos a su disposición", agregó .
Pandemia y whatsApp
Los Truccone nos contaron que la pandemia fue un período duro de pasar porque la ciudad estaba prácticamente paralizada y sobretodo la terminal de ómnibus que es un motor importante de su negocio. "Nosotros íbamos temprano a llevar los diarios a los clientes, pero después nos volvíamos a nuestra casa porque no había gente por la calle", relató Susana, que espera no tener que pasar otra vez por esta situación.
"La gente te llamaba por whatsApp para hacerte algún pedido y ahora eso lo seguimos utilizando para seguir contactados y brindando más servicios", apuntó la mujer.
Los Truccone llevan este oficio en el alma y le ponen el corazón a pesar de las dificultades y lo sacrificios que conlleva. También, el matrimonio reconoce que algunas cuestiones debieron ceder como darle a otro colega que los ayude con el reparto de los lugares más alejado y que Jorge ya no puede usar la moto tras las dos accidente que tuvo que le dejaron secuelas en uno de sus brazos.
Ellos son conscientes que los años "les están pasando boleta" y que ya no tienen la energía de cuando comenzaron aunque no quieren hablar de retiro. "Vamos a seguir porque esto nos mantiene activos y en el kiosco nosotros pusimos todo", afirmaron.
Me voy de esa casa llena de energía que ellos me trasmitieron y pensando en muchas de las cosas que me dijeron. A pesar que su trabajo tiene muchos puntos en contra siempre hablaron desde lo positivo y cómo buscaron la vuelta para transformarlo en un sostén digno para su familia.
Ahora entiendo porqué los clientes pasan por el kiosco a charlar y seguramente algún día me pare para visitarlos por su calidez y visión de ver la vida.
Me fui sin saludarlos por su día ni tampoco les di las gracias de ser el último eslabón entre todo el equipo que formamos LA VOZ DE SAN JUSTO y nuestros lectores, por suerte esta nota me da la revancha y dejo mi salutación a ellos y a todos sus colegas. ¡Feliz Día Canillitas!
