Entrevista
Jimena Agüero: “No pensábamos que íbamos a tener que volver a explicar quiénes somos”
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Su historia está marcada por años de búsqueda de oportunidades y por una lucha que, asegura, aún no terminó. Hoy trabaja en el área de Diversidad de la municipalidad, pero recuerda que recién pudo acceder a un empleo formal a los 41 años.
Por Cecilia Castagno | LVSJ
A simple vista, la historia de Jimena Agüero podría resumirse en una sucesión de logros: un emprendimiento propio, un empleo formal, reconocimiento social y participación activa en políticas de inclusión. Sin embargo, detrás de ese presente hay un recorrido atravesado por obstáculos que durante décadas marcaron la vida de muchas personas trans en Argentina.
Hoy, a los 43 años, Jimena trabaja en la Dirección General de la Mujer, Género y Diversidad, área municipal que articula acciones junto al Polo de la Mujer. Además, sostiene su taller de costura, un oficio que descubrió casi por necesidad y que terminó transformándose en una herramienta de autonomía. Su relato mezcla recuerdos dolorosos, agradecimientos y una convicción firme: todavía queda mucho por hacer para garantizar igualdad de oportunidades.
“La gran faltante y la demanda histórica por parte del colectivo LGBT es la inclusión laboral”, afirmó durante una entrevista con Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO. Para ella, el trabajo representa mucho más que un ingreso económico: “Te da esa tranquilidad de poder pagar tus cuentas, el alquiler y vivir sin la incertidumbre permanente”.
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“La calle nunca te garantiza nada y además conlleva riesgos para la salud, para la seguridad y una enorme estigmatización", expresó.
"La realidad es que hace 20 años pensábamos que hoy todas íbamos a poder acceder a un trabajo, pero todavía hay muchas compañeras que siguen encontrando enormes barreras para ingresar al mercado laboral", sostuvo.
La falta de oportunidades, explicó, está estrechamente vinculada con trayectorias de exclusión que comienzan desde edades tempranas. "Muchas personas trans fueron expulsadas del sistema educativo. Después volver a insertarse es muy complejo. Si tu único sustento sigue siendo la prostitución, se hace difícil estudiar, capacitarse y pensar en otro proyecto de vida", señaló.
Una máquina de coser para creer en sí misma
La costura apareció primero como una búsqueda personal. Jimena quería confeccionar prendas que no encontraba fácilmente y comenzó a capacitarse. Dio sus primeros pasos en talleres donde aprendió técnicas básicas y luego amplió conocimientos en cursos vinculados al diseño de indumentaria.
En ese camino hubo un gesto que recuerda con emoción. “Mi mamá me regaló mi primera máquina y me dijo: ‘Tomá, con esto empezás’”, contó. Ese regalo se convirtió en mucho más que una herramienta de trabajo. Fue el punto de partida de una actividad que le permitió proyectar un futuro diferente.
Lo que comenzó como un hobby derivó en un emprendimiento que lleva adelante hasta la actualidad. Primero llegaron pequeños arreglos. Después aparecieron encargos más complejos y nuevas oportunidades. Con el tiempo, la recomendación de clientes y personas cercanas fue consolidando su trabajo.
“Estoy agradecida enormemente con toda la gente que desde el momento cero confió y apoyó”, aseguró.
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La costura también significó una transformación personal. “El primer desafío es confiar en vos. Cuando durante años te hicieron sentir que para lo único que servías era para estar en la calle, terminás creyéndolo. Nosotras no veíamos compañeras trabajando en otros lugares. Entonces una se preguntaba si la gente iba a confiar en una mujer trans para hacer un trabajo", reflexionó.
Aunque durante mucho tiempo sintió que la sociedad solo reservaba para las mujeres trans determinados lugares y que cualquier otro proyecto parecía imposible, poco a poco comenzó a comprobar que muchas personas valoraban sus capacidades por encima de cualquier prejuicio: "Yo creo que la gente vio más que eso. Vio que quería superarme, salir adelante y construir una vida diferente. Sabía que la calle era un lugar en el no que quería estar”.
La inclusión laboral, la deuda pendiente
Si bien reconoce avances sociales importantes, Jimena sostiene que la realidad cotidiana de muchas personas trans continúa marcada por la exclusión. Insiste en que numerosas integrantes del colectivo fueron expulsadas del sistema educativo y encuentran enormes dificultades para reinsertarse años después.
Desde su función en el área de Diversidad, trabaja para acompañar procesos vinculados a capacitación, terminalidad educativa y acceso a distintos programas. También se articulan acciones con organismos e instituciones para brindar contención frente a problemáticas complejas. "Nosotras tratamos de generar herramientas para que puedan terminar los estudios, capacitarse en algún oficio o desarrollar emprendimientos propios. Siempre buscamos abrir puertas" en una realidad que todavía está lejos de ser igualitaria.
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“Yo recién conseguí mi trabajo formal a los 41 años”, contó. La frase resume décadas de barreras. Incluso recordó que, siendo joven, llegó a cortarse el cabello para intentar acceder a una oportunidad laboral: “Me tuve que cortar el cabello para poder acceder. Y ni siquiera así fue posible. Imaginate lo que significaba para una persona trans intentar conseguir empleo hace 20 años”.
“Hoy tengo horarios, compromisos y obligaciones. Parece algo normal para cualquier persona, pero para muchas de nosotras era algo que veíamos imposible”, agregó. Para ella, el acceso al empleo no debería depender de leyes especiales ni de cupos. “Si una persona tiene las capacidades para ocupar un puesto, su identidad no debería ser un obstáculo. ¿Por qué tengo que luchar por algo que debería ser universal?”, planteó.
También relató situaciones que hoy parecen difíciles de creer. "Había comerciantes que me daban determinados horarios para comprar ropa o me pedían que fuera cuando no hubiera otros clientes. Creo que la incomodidad la tenían ellos más que las personas", sostuvo.
Aun así, reconoce transformaciones positivas: "Veo una mirada más amigable para con nosotras. Siguen existiendo prejuicios, pero también hay más información, más visibilidad y más personas dispuestas a escuchar". En ese sentido, destacó la importancia que tuvo el Centro Trans de San Francisco para compartir experiencias y mostrar realidades que durante mucho tiempo permanecieron ocultas.
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Otro punto de inflexión fue la Ley de Identidad de Género. “Para mí fue un antes y un después. Poder ser reconocidas con nuestra identidad fue como volver a nacer", confesó.
No obstante, advierte que algunos discursos actuales reabrieron debates que creía superados. “Creíamos que ya había quedado en el pasado, porque pensamos que no teníamos que estar otra vez demostrando por qué somos así. Parecía que era una lucha ya ganada, pero parece que no”, manifestó.
A pesar de todo, Jimena mantiene una mirada esperanzadora. Rescata que las nuevas generaciones muestran naturalidad frente a la diversidad y que los espacios educativos se han convertido en ámbitos de diálogo más frecuentes. "Fuimos a dar muchas charlas de ESI (Educación Sexual Integral) a colegios que nos convocaron y eso es un logro impresionante, porque no vamos a hablar de sexo, vamos a hablar de diversidad, de diversidad corporal, sexual, étnica. Vamos a hablar de diversidad porque el mundo es diverso", indicó.
"Los chicos tienen otra mirada. No cargan con prejuicios. Escuchan, preguntan y entienden la diversidad como algo natural", destacó.
Al mirar hacia atrás, reconoce que nunca imaginó el presente que hoy construyó: "Nunca pensé que este iba a ser mi futuro. No me veía trabajando, teniendo compañeros, proyectos o una vida como la que tengo hoy".
Y aunque se considera afortunada, sabe que todavía queda mucho camino por recorrer. "Soy una privilegiada por tener trabajo y por haber conseguido muchas de las cosas que soñé. Pero también sé que hay un montón de compañeras muy capaces que todavía no tienen las mismas oportunidades. Ojalá algún día hablar de inclusión laboral deje de ser un reclamo", concluyó.
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La historia de Jimena está hecha de pequeñas conquistas, que durante mucho tiempo parecieron imposible. De puertas que tardaron demasiado en abrirse y de derechos que todavía necesitan consolidarse. Una historia que habla de resiliencia, pero también de una sociedad que todavía tiene desafíos pendientes para garantizar que nadie quede afuera por ser quien es.
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