Insultos y agresiones en el deporte infantil
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¿Es tan difícil entender que el deporte infantil se rige por códigos que en nada se vinculan con el negocio o con la necesidad de ganar?. Es fundamental que todos los mayores involucrados en el deporte infantil y las asociaciones que nuclean a estas actividades insistan en el valor pedagógico.
Una joven árbitro de fútbol infantil, Micaela Aris, debió suspender un partido tras soportar durante largos minutos los insultos de varios padres. El hecho tuvo repercusión nacional y devolvió a la escena pública la situación lamentable que deviene de la mala conducta de los adultos en juegos o deportes para niños.
La protagonista de esta triste historia dijo que "Siempre que entro a un campo de juego trato de hacer lo mejor para que los chicos se diviertan porque, además de imponer las reglas, hago que los chicos se diviertan y que se olviden que hay una persona que los está arbitrando". Sin embargo, con sensatez y lógica, agregó que "es muy difícil que los chicos la pasen bien si sus padres están insultando y agrediendo. Nos estamos equivocando como sociedad". Relató que cuando no soportó más los insultos decidió invitar a los exaltados a retirarse, pero ante la negativa airada de estos sujetos, optó por suspender el encuentro.
Desafortunadamente estas actitudes patoteras se replican en numerosos otros sitios del deporte infantil. En San Francisco se conocen episodios de este tipo y también el esfuerzo que hace la Liga de Baby Fútbol -por ejemplo- para concienciar a los adultos y evitar que este tipo de situaciones se produzca. Al mismo tiempo, impone sanciones severas para quienes no comprendan el cabal sentido que tiene el deporte infantil: educar y socializar como primera instancia a través de los valores que solo el deporte es capaz de exhibir.
La actitud de muchos adultos que insultan y agreden es propia de un fanático. Las quejas a las decisiones arbitrales, los gritos que evidencian desprecio por el adversario, las presiones para que sus hijos se destaquen y ganen son comunes en muchos ámbitos de competencias deportivas para la niñez. Y han llegado a extremos inconcebibles, lo que certifica que son cada vez más frecuentes y que están lejos de estancarse o eliminarse.
¿Es tan difícil entender que el deporte infantil se rige por códigos que en nada se vinculan con el negocio o con la necesidad de ganar?. Es fundamental que todos los mayores involucrados en el deporte infantil y las asociaciones que nuclean a estas actividades insistan en el valor pedagógico que debe prevalecer en cualquier circunstancia y en el objetivo formativo del deporte a esa edad.
Los valores de cualquier disciplina deportiva deben primar. Y es responsabilidad de quienes tienen poder de decisión al respecto encontrar soluciones imaginativas para que la tendencia de violencia se revierta. Porque los niños, a través del deporte, deben aprender a que el esfuerzo trae recompensa, que la superación personal es posible si se persevera, que el otro no es un enemigo sino un compañero al que se le debe respeto, que la frustración de una derrota es una ocasión inmejorable para retemplar el ánimo. El deporte en la niñez es un método fantástico para preparar a los chicos para los desafíos de la vida. Pero esto queda en palabras cuando los mismos padres son los que tiran todo por la borda y tienen como valores el éxito a cualquier precio, la ofensa permanente y el desprecio por el semejante.
