Insensatez política
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Lamentable resultó comprobar que el cierre de listas fue otra una oportunidad perdida en este proceso decadente que aleja a la dirigencia de la sociedad. Configuró una nueva exhibición de insensatez política.
Al abogar por un acuerdo entre las distintas fuerzas políticas en torno a temas centrales para la vida de los argentinos, el gobernador de la provincia y precandidato a presidente de la Nación, Juan Schiaretti, sostuvo que el país necesita "dejar atrás estos años de decadencia. Hay que hacer un acuerdo como el que hicieron tras el estallido del 2001 Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde". En ese sentido afirmó, sin cortapisas, que "la gente tiene toda la razón en estar enojada porque los políticos viven peleándose como perros y gatos y la sociedad argentina la está pasando muy mal".
Por cierto, el mandatario provincial no descubrió nada nuevo. Solo puso en palabras lo que cualquier observador detecta cuando intenta desentrañar las claves de la realidad política actual. La relación entre la política y la sociedad está lejos de ser la ideal. El cierre de listas municipales y provinciales fue demostración palpable de esta realidad.
La dirigencia de las coaliciones principales, y también de algunas fuerzas de histórico menor peso electoral, pasó semanas enteras enfrascada en discusiones internas. Se pudo observar la "rosca" en toda su dimensión. Disputas alejadas de cualquier interés genuino de una sociedad agobiada por la crisis económica y con una calidad de vida en franco deterioro.
Situaciones bizarras, rozando con el ridículo, se vivieron al filo del plazo para la presentación de listas. Se cuentan entre ellas, candidatos que se eligieron por una moneda al aire, postulantes a un cargo que pretendieron también figurar en otro con la inconfesada intención de asegurarse un puesto, dirigentes que renunciaron a estar en la lista que ya integraban porque no les caían simpáticos algunos nombres de esa misma nómina, autoridades de partidos opositores que se transforman sin previo aviso en candidatos oficialistas, operaciones de todo tipo para evitar hacer públicas las evidentes diferencias e intentos por difuminar declaraciones y actitudes del pasado que harían tangible el trance de no resistir al archivo.
Episodios como los señalados y varios otros que no han tenido mayor difusión pública se han producido en todos los estamentos: desde pequeños municipios hasta la "gran política". Y seguirán ocurriendo puesto que todavía resta tiempo para que finalice el plazo para la presentación de listas de la elección nacional.
En esa selva de egos y desesperaciones, alejada de los intereses de la ciudadanía, discurre buena parte de la actividad de la dirigencia política. De este modo, será casi imposible llegar a acuerdos centrales que integren perspectivas y favorezcan el diálogo que conlleve a las soluciones que la crisis requiere.
Lamentable resultó comprobar que el cierre de listas fue otra una oportunidad perdida en este proceso decadente que aleja a la dirigencia de la sociedad. Configuró una nueva exhibición de insensatez política.
