Índice de corrupción y crisis moral
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La posición de la Argentina en el índice anticorrupción anual realizado por la ONG Transparencia Internacional es un síntoma de un problema que viene de larga data y que no encuentra piso.
La Argentina retrocedió 18 casilleros en el índice anticorrupción anual realizado por la ONG Transparencia Internacional y quedó ubicada en el puesto 96 entre 180 países. En el 2020 ya había perdido 12 puestos en el ranking mundial, que significó una recaída luego de haber escalado durante los últimos años. El país obtuvo 38 de los 100 puntos posibles y no logró superar la puntuación media de la tabla mundial: 43 puntos. El año pasado había conseguido 42 puntos y se ubicaba en el puesto 78. El retroceso en este ranking viene consumándose desde hace años. En 2007 se encontraba en el puesto 69.
La posición de nuestro país en ese listado es un síntoma de un problema que viene de larga data y que no encuentra piso. La crisis moral de nuestra sociedad se ve reflejada en índices como el señalado en el párrafo anterior. Si no vaciados, menguados al extremo se encuentran valores que deberían regir la convivencia. Entre otros: honestidad, transparencia, verdad, mérito y esfuerzo y, aunque haya dirigentes que la proclaman a cada paso, tampoco existe una correcta interpretación de lo que es la solidaridad.
Esta ausencia de principios se complementa con una escasa capacidad de rechazo, rayana en la resignación, que puede ser entendida también como hartazgo ante la desfachatez, la falta de sinceridad y el privilegio del interés personal o sectorial sobre el bien común. Expresiones como "este país no tiene arreglo" se escuchan desde hace tiempo y frecuentemente, dando por sentado que no hay posibilidad de cambiar la realidad y que, por ello, hay que sentarse a esperar la debacle. No se toma en cuenta que la mejoría en la calidad de vida sólo será sustentable si las instituciones de la República funcionan como corresponde y la ley se cumpla en todas sus manifestaciones.
La parálisis es la peor actitud frente a esta crisis que subyace en cada una de las demás crisis que agobian a la ciudadanía. En los últimos años no solo no han existido avances de importancia en la lucha contra la corrupción, sino que se han establecido metodologías que oscurecen aún más el panorama, quizás aprovechando situaciones de emergencia que padecen vastas porciones de nuestra población, abrumadas por la inflación, la inseguridad, el narcotráfico, la pobreza y la marginalidad.
Se podrá señalar que pueden tener algunos puntos factibles de crítica los listados como el que refleja los índices de corrupción en los distintos países. No obstante, la percepción es que el permanente retroceso argentino en esta materia es una realidad incuestionable. Estamos llegando al momento en el que, como sociedad, nos encontramos a punto de perder la autoestima y de entender que luchar contra la corrupción que nos envuelve es el puntapié inicial para salir adelante, mejorar y alcanzar un mejor porvenir.
