Inadmisible agresión e incoherencia
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Cuando espuma del escándalo baje, el presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos volverá a declamar su "férrea defensa" de los derechos humanos que él mismo viola y todo quedará en una nada que agravia, molesta y perturba.
Sancionada en 2009, la ley N° 24.685 pretende prevenir y erradicar la violencia hacia las mujeres en todos los ámbitos. Establece una serie de mecanismos que posibilitarían encarar con éxito la lucha contra este flagelo social aborrecible. En su artículo 4° define a la violencia contra la mujer como "toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal", sea en el ámbito que fuere.
La referencia a la citada norma viene a cuento para introducir una reflexión acerca de la agresión contra una empleada de una empresa de transporte por parte del presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, una organización que nació hace casi 9 décadas y que ha sido cooptada por el fanatismo ideologizado de quienes se sienten dueños de esta lucha y han establecido que la defensa de los derechos está destinada solo a los que piensan de igual modo. Esta actitud soberbia y violenta fue registrada por las cámaras de seguridad y ha sido objeto de repudio generalizado. Se encuadra perfectamente en la definición que brinda el texto legal.
Ante la demora en la llegada del micro que debía tomar, este personaje no tuvo mejor idea que arremeter contra la empleada que estaba en la ventanilla de venta de pasajes, no solo amenazándola -"sacó chapa" de tener vinculaciones que podrían decidir que el arresto de la mujer-, sino insultándola de la peor manera y atacándola físicamente. Una violación de los derechos de la mujer en vivo y en directo, perpetrada por quien se autoafirma como paladín de la defensa de esos mismos derechos. La contradicción es tan evidente como inadmisible. Y se entronca con la incoherencia de quienes en público dicen una cosa, pero viven lanzando dardos y horribles "bromas" misóginas en privado.
Peor aún, el pedido de disculpas, que no suena para nada sincero, busca justificar la agresión en que la espera del colectivo agravó los problemas derivados de una supuesta discapacidad. Si existiera, esta dificultad para nada explicaría una actitud patotera e intolerante como la demostrada en las imágenes. La enorme mayoría de los discapacitados no anda por la calle repartiendo insultos y trompadas a las mujeres, pese a que se enfrentan a diario con un sinnúmero de obstáculos que la sociedad no alcanza a eliminar. Además, parece buscar empatía a través de la utilización del lenguaje inclusivo en su escrito de disculpas, lo cual, por cierto, solo comprueba que la vigencia de los derechos de las mujeres lejos está de ser reparada por una estrategia discursiva o gramatical.
Como cierre de este escándalo, la Liga Argentina por los Derechos Humanos, en un comunicado, tomó conocimiento del pedido de disculpas y otorgó una licencia a su agresivo presidente. No le pidió su renuncia. Nada denunció sobre la violación a la ley de prevención de la violencia contra la mujer. Ni siquiera se tomó el tiempo para analizar al menos alguna acción reparadora contra la trabajadora agredida. Solo esperará que el tiempo pase y que el polvo levantado se asiente. Luego, volverá este personaje a declamar su "férrea defensa" de los derechos humanos que él mismo viola y todo quedará en una nada que agravia, molesta y perturba.
